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La Opinión de A Coruña

CINES EN A CORUÑA

Mucho antes de Netflix y YouTube, cuando aquí había un cine...

Negocios de moda, hostelería, servicios sanitarios, un supermercado y el Registro Civil de A Coruña ocuparon el lugar de las salas que cerraron en las últimas cuatro décadas. El París y el Avenida esperan uso próximo

Fachada del Registro Civil, antiguo bajo del cine y multicines Equitativa. VICTOR ECHAVE

El viejo cine París espera uso, actividad real en su interior. El Avenida, también. A la sala del número 8 de la calle Real se la vincula desde el verano pasado con un grupo hostelero que proyecta la apertura de un local para el que aún no cuenta con licencia municipal para reformar el edificio en su fachada y por dentro. El inmueble del antiguo cine del Cantón Grande, propiedad de Abanca, aguarda desde hace años por una rehabilitación, para la que tiene autorización desde febrero, que permitirá instalar parte de las oficinas centrales de la entidad financiera. Lo poco o mucho que queda de estos cines constituye el último vestigio de los viejos cinematógrafos que durante décadas tuvo la ciudad, salas de proyección de películas y sueños, arte e ilusión, que han sido reemplazadas por negocios y lugares que nada tienen que ver con el cine.

Quedan en pie las multisalas, refugios de espectadores y cinéfilos sin el romanticismo del viejo cine de barrio, grandes y pequeños patios de butacas que desde finales del siglo pasado (en el centro comercial Los Rosales) o desde la primera década del XXI (Los Cantones Village, Espacio Coruña, Marineda City) resisten frente a otras formas de consumir y disfrutar del cine. Son la descendencia moderna de las antiguas salas que desde los años ochenta dejaron de mostrar carteleras y pósteres, vender refrescos y palomitas, acomodar al público y proyectar obras de arte.

Ya no queda en la ciudad rastro del cine Goya, del Coruña, el Valle Inclán, el Riazor o los multicines Tom y Jerry, Equitativa y Chaplin, que cerraron para siempre en los veinte años que van de 1986 a 2006. Como antes se perdieron los recuerdos —que quizá aún conserven los más viejos del lugar— del Rex, el Alfonso Molina, Finisterre, Hércules, Monelos, Ciudad, Ideal, Doré, España, Savoy

Moda, hostelería, música, servicios médicos, dependencias administrativas, alimentación y cultura dieron relevo al cine en aquellas salas desde los años ochenta. El único cine donde no ha habido ninguna actividad en este tiempo es el Avenida, de casi 900 butacas. Puso fin a sus proyecciones en 1997 y al año siguiente un incendio destruyó el interior del inmueble. Amancio Ortega, dueño de Inditex, compró el edificio como una más de sus inversiones inmobiliarias y después lo vendió a Caixa Galicia. Tras la desaparición de la caja, Abanca asumió la propiedad y puso en marcha el plan de rehabilitación que fue aprobado hace tres meses.

El cine París, inaugurado en 1908 como Salón Villa de París o Salón París y cerrado en octubre de 1999, recuperó una proyección cinematográfica el año pasado (El ataque de los muertos sin ojos, de Amando de Ossorio) en una actividad cultural programada en su interior mientras no se concretaban los trabajos que el grupo hostelero debía realizar para abrir su negocio. Hasta el verano estuvo ocupado por una tienda de Inditex, Pull and Bear.

En la primera década del siglo XXI, castigados por una importante caída de espectadores derivada de la implantación de nuevas formas de consumo (descargas de internet, plataformas audiovisuales), cerraron los multicines Equitativa en la plaza de Vigo (2006) y Chaplin (2005) en el 273 de la Ronda de Outeiro, que dieron paso a las dependencias del Registro Civil y a un establecimiento de la cadena Día, ya cerrado, respectivamente. También apagó el proyector el Valle Inclán, donde el cine de arte y ensayo tuvo desde 1978 una oportunidad para captar público, que posteriormente se transformaría en dos locales hosteleros y en la veterana sala Garufa —hoy Garufa Club—, en la que se reubicó el mítico local nacido en la Ciudad Vieja.

La última década del siglo XX, con el vídeo consolidado como aparato de emisión de cine en casa, echaron el cierre, además del París y el Avenida, el Riazor (en 1998), que hoy bajo un edificio de viviendas tiene servicios médicos de Adeslas en la avenida Rubine; el Goya en la calle Cordelería (1996), que dio paso a la sede de la fundación cultural Rodríguez Iglesias; y las multisalas Tom & Jerry (1987-1997) en el 115 de San Andrés, en cuyo bajo hubo después una tienda de moda, una oficina de Endesa y hoy se está haciendo una reforma.

Más lejano es el cierre del cine Coruña, que ocupaba del 32 al 38 de la calle Galera, haciendo esquina en lo que ahora es la plaza del mismo nombre donde le sucedieron distintos negocios de hostelería. Su desaparición en los años ochenta se produjo casi al mismo tiempo que la de otras salas como el Rex en Santa Margarita y el Alfonso Molina en Os Mallos, que a su vez sucedieron a las de muchos otros cines que desde años anteriores proyectaron séptimo arte en los barrios de la ciudad.

Cine París.

Cine París: Moda y ¿hostelería? después del viejo salón

El más representativo de los salones cinematográficos gallegos de comienzos del siglo XX fue el Villa de París (o Salón París) de 1908. Cine pequeño, proyectó hasta 1999. Una tienda de Inditex se instaló en el edificio hasta el verano pasado; desde se marcha abrió para contadas actividades culturales, antesala prevista de lo que será un negocio hostelero.

Cine Avenida.

Cine Avenida: Un emblema de Los Cantones como sede bancaria

El Avenida, al que se accedía por un vestíbulo de doble pasillo en la planta baja, proyectó cine durante más de 50 años (1941-1997) en el Cantón Grande, en un edificio de 30 metros de altura. Desde su cierre no ha tenido uso, sufrió un incendio en el interior y lo compró primero Amancio Ortega y después Abanca, que proyecta reformarlo para construir oficinas.

Multicines Equitativa.

Multicines Equitativa: De patio de butacas único a seis salas hasta la conversión en Registro Civil

Las seis salas que proyectaron cine desde 1992 —primero fueron cuatro y antes del cierre, cinco (la eliminada solo tenía 38 butacas)— sucedieron a la única con la que contaba desde 1949 el modesto cine Equitativa, en la planta baja de un imponente edificio de la plaza de Vigo. Las emociones del cine dieron paso desde 2006 al trabajo del Registro Civil.

Cine Riazor.

Cine Riazor: Un centro médico relevó a un cine de 1.500 butacas

Santiago Rey Pedreira y Juan González-Cebrián fueron los arquitectos del Riazor, de austera fachada en mitad de Rubine, con 1.500 butacas, platea y anfiteatro grandes. Estuvo en pie 33 años, hasta 1998, con una interrupción en 1986. Adeslas mantiene consultas médicas desde hace más de una década bajo un inmueble residencial de siete alturas.

Multicines Chaplin.

Multicines Chaplin: Tres salas y cine X, un supermercado, un local vacío

La fiebre de los multicines en Galicia alumbró varios recintos en la década de los ochenta. De 1985 es la inauguración de los Chaplin, con más concepto de barrio, entre O Ventorrillo y el Agra. Durante parte de sus veinte años de actividad proyectó cine pornográfico en una de sus cuatro salas. Un supermercado heredó durante varios años el bajo, ahora sin uso.

Cine Coruña.

Cine Coruña: La hostelería probó suerte donde antes la ciudad daba nombre a un cine

Rey Pedreira, también autor del cine Goya, fue el arquitecto que diseñó el cine Coruña, que rozó el medio siglo de proyecciones hasta 1986. Un gran cartel rectangular anunciaba las películas en una esquina del edificio. La hostelería se instaló en ese enclave, en pleno centro peatonal de la ciudad, con locales como la cervecería Matthews o Urban Sushi Bar.

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