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Alianza vecinal por un Monte Alto accesible

La asociación de vecinos del barrio elabora, junto a Grumico, un informe que recoge las barreras arquitectónicas que dificultan la vida de las personas con movilidad reducida

El presidente de la asociación de vecinos, Xosé Vázquez, junto a Marta Núñez, técnica de accesibilidad de Grumico. | // VÍCTOR ECHAVE

Escaleras, aceras estrechas, accesos imposibles. Ningún barrio de la ciudad se salva de suponer paras las personas con movilidad reducida, una auténtica gymkana de obstáculos. El distrito de Monte Alto, tampoco. Ante un panorama en el que los cambios cuestan esfuerzo y voluntad, siempre hay iniciativas ciudadanas que toman la iniciativa para hacer una urbe más habitable.

Es el caso de la asociación de vecinos de Monte Alto, que se ha puesto manos a la obra y ha redactado un informe en el que recogen todas las fallas de accesibilidad del barrio. Imperceptibles, en la mayoría de los casos, para personas sin discapacidad, pero un auténtico problema para quien debe moverse por la calle en silla de ruedas o productos de apoyo. “Recorriendo el barrio, se puede observar que hay varios problemas”, asegura el presidente de la asociación de vecinos, Xosé Vázquez Romero. El informe detalla “puntos negros” como los problemas de accesibilidad de la plaza de Juan Naya, en la que las personas en silla de ruedas encuentran dificultades para acceder a ciertas viviendas, lo que las “condena” a dar la vuelta por la calle hospital. El escrito detalla obstáculos, también, en la calle Disciplina, “imposible de transitar” debido al estrechamiento y desnivel de la vía, una coyuntura que afecta, también, a la calle Washington.

El informe propone, además, soluciones estudiadas en el propio barrio que sí cumplen estos criterios de accesibilidad, como el entorno del hotel Hilton, en la zona de Zalaeta. “Si todas estuviesen así, nuestro barrio sería el paraíso. Nos conformamos con un purgatorio, pero un poco trabajado en favor de las personas con problemas de movilidad”, propone Vázquez Romero.

La asociación vecinal ha puesto su informe a disposición de Grumico, una entidad conformada por personas con discapacidad de A Coruña que preparan, a su vez, un escrito con las propuestas de los cambios con la intención de remitirlo al Concello. Los vecinos acompañaron, estos días, a profesionales e integrantes de la entidad para comprobar hasta qué punto el urbanismo del barrio suponía un problema para su día a día. “Algunos de los problemas que hemos visto son graves. Hay zonas en las que el acceso tiene directamente escaleras, y para poder llegar al mismo sitio, las personas que usamos silla de ruedas tenemos que dar una vuelta de unos 100 o 200 metros, o meternos por otras calles en las que no hay solución constructiva”, observa Marta Núñez, abogada y coordinadora del área de accesibilidad de Grumico.

Para Núñez, las cuestiones que más dolores de cabeza ocasionan a las personas con problemas de movilidad son los accesos a los edificios, dotados, en muchos casos, de escalones. “Ya no solo estamos hablando de personas con discapacidad que vayan en silla de ruedas, sino que perjudica también a personas mayores. A eso llegaremos todos”, asevera Núñez. La propia profesional de la entidad, como usuaria de silla de ruedas, se enfrenta diariamente a desniveles, escalones, y aceras estrechas; obstáculos que salva, en ocasiones, con la silla eléctrica de la que dispone, que facilita las cosas, aunque no en todos los casos.

“La silla eléctrica hace cosas que otras no pueden hacer, como remontar cuestas empinadas o bajadas, pero a veces es peligroso por los coches”, explica. Hay elementos del urbanismo y la orografía de la ciudad que, reconoce, son inevitables, pero existen otras muchas que podrían solventarse con esfuerzo y voluntad. “A veces, la forma de llegar a determinados sitios es dar una vuelta enorme. Eso resta autonomía”, advierte. Con todo, Marta Núñez matiza: aunque en el barrio de Monte Alto hay muchas cosas por pulir, el distrito no es, ni mucho menos, la zona que se lleva la peor nota en la ciudad en materia de accesibilidad.

“Hay otros muchos barrios inaccesibles. Monte Alto tiene un componente más complicado, teniendo en cuenta la diferencia de alturas que hay dentro del propio barrio, que a veces se salvan con escaleras. En todas las zonas, no obstante, falta mucho por hacer”, admite, aunque agradece la “sensibilidad” mostrada por los vecinos de la asociación para con las personas con movilidad reducida. Una consideración que, dice, le gustaría ver replicada por parte de las administraciones a la hora de acometer nueva obra o adaptar y reformar lo preexistente, para conseguir que la ciudad esté un poco más cerca de esa accesibilidad universal tan necesaria para todos.

“La gente no tiene noción muy clara de lo que es una barrera arquitectónica: en el caso de una escalera es evidente, pero hay otras cosas, como que el acceso esté muy alejado, o que haya una farola en medio de una acera muy estrecha, que no están tan claras. Abogamos por la accesibilidad universal, porque sirve para todos: una rampa, en vez de una escalera, da servicio tanto a quien camina como a quien no”, ejemplifica.

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