La papelería Porvén cierra después de 67 años de actividad

El establecimiento, que tuvo tiendas en las calles Barrera, Real, Barcelona y Panaderas, echa el cierre y su solo distribuirá al pequeño comercio

Marcelo Olazábal, a las puertas de la papelería Porvén.   | // VÍCTOR ECHAVE

Marcelo Olazábal, a las puertas de la papelería Porvén. | // VÍCTOR ECHAVE / R. D. Rodríguez

Porvén cierra para siempre: el 31 de mayo baja la verja. Después de 67 años, desaparecerá la conocida papelería que ha suministrado material escolar a generaciones de coruñeses, desde su origen en la calle Barrera, después en la calle Real y en Panaderas y desde hace tres años en Marqués de Figueroa.

Esta escena se ha repetido varias veces en las últimas semanas en la papelería Porvén, en Os Mallos: vendedores ambulantes piden precio a su propietario, Marcelo Olazábal, por toda la mercancía de su establecimiento, que está en liquidación (bolígrafos, lápices, carpetas, mochilas, juguetes, puzles, decoración, adornos, libros, paraguas, pilas, dulces...); la cantidad ofertada nunca satisface al demandante, que trata de obtener una rebaja —primero grande, después más pequeña— hasta que, disconforme, desiste y se marcha. Porque Porvén ya es historia.

El cierre es del negocio de cara al público, porque Olazábal mantendrá, con el nombre de Distribuciones Porvén, una pequeña nave en el polígono de Pocomaco desde donde seguirá atendiendo a proveedores para comprar y vender material de papelería y suministros de embalaje al pequeño comercio de la ciudad. El traspaso de la tienda sí pondrá fin a Porvén como establecimiento.

Lo que ha cambiado, lamenta el propietario, es el concepto de papelería, a la que los clientes ya no acuden para comprar bolis y libretas, sino todo tipo de artículos que ha tenido que adquirir la empresa en los últimos años, en ocasiones por demanda pasajera o por “moda efímera”, y cuyas ventas no compensan. “Antes empezaba el curso o llegaba la Navidad y lo que vendías te salvaba el trimestre, ahora solo tienes uno o dos días buenos en esas fechas. Barrera y Panaderas eran papelería pura y dura, y de ese tipo de negocios ya no quedan muchos”, explica.

Porvenlandia seguirá abierta

Olazábal inició su relación con la familia Porvén cuando aún estaba abierta la tienda de la calle Barrera —original de 1955— donde trabajó casi diez años. La empresa también tuvo establecimientos en las calles Real, Barcelona y Teresa Herrera, además de la juguetería Porvenlandia en la calle de la Estrella, que sigue (y seguirá) abierta. Cuando la familia se desprendió de sus negocios le vendió la papelería, y con él al frente la empresa inició una nueva etapa a la que no le ha ayudado el cambio de hábitos, la implantación de negocios parecidos en grandes superficies o las compras a través de internet.

La nostalgia y el hartazgo conviven en Olazábal cuando echa la vista atrás y recuerda sus primeros años en la tienda y al contemplar ahora el presente con resignación: “He defendido la marca Porvén siempre, como si fuera mía desde el principio, por eso no quiero que cuando alguien adquiera este último local mantenga el nombre. Porvén solo será la distribuidora con la que seguiré suministrando, lo que fue la esencia de la primera tienda”.

La escena se repite. La misma pareja de ambulantes que pedía precio a toda la mercancía regresa a la tienda. Otro toma y daca. Al final hay acuerdo: por una cantidad de cuatro números y tres ceros los vendedores se hacen con una buena parte de los productos de la papelería Porvén, a unos días de su cierre definitivo.

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