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La Opinión de A Coruña

Moncho Borrajo Humorista, actúa este sábado en A Coruña

“Si yo me río de la palabra ‘maricón’, le quito el insulto al que me lo llama ”

“Si hay una ciudad en la que me siento querido es A Coruña. Voy por los Cantones y la gente me dice: “¿Monchiño, a dónde vas?”

El humorista Moncho Borrajo L.O.

El popular cómico Moncho Borrajo ofrece este sábado, en la sede Afundación de A Coruña una doble sesión (18.00 y 20.00 horas) de su espectáculo Moncho Borrajo 50 años, en el que repasa los grandes momentos de su dilatada trayectoria.

Acláremelo. ¿Usted no se había retirado?

No. Hice La gran mentira de mi vida porque me retiré para cuidar a mi padre. Él no quería que yo me retirase. Me retiré los años que vivió papá: estuve siete u ocho años con él y luego seguí trabajando. Me iré retirando poco a poco, trabajando menos. A mí me llama el escenario, cuando actúo cargo las pilas.

¿Qué es lo que le da el escenario, que hace que le cueste tanto?

Una satisfacción tremenda de hacer un trabajo que te gusta, cosa que es un privilegio en la sociedad en la que vivimos, en la que hay mucha gente que tiene que trabajar en lo que no le apetece. Yo me siento muy querido allá por donde voy. En Tenerife, donde vivo, la gente me para, pero no como famoso, sino como si fuera un familiar. Yo me paro y me saco fotos con todos. Si peleé por ser conocido y famoso, tendré que aguantarme, digo yo. Parto de la base de que un artista lo mejor que puede tener es ser querido y reconocido por su público, y si hay una ciudad en la que me siento querido y reconocido, es A Coruña. Voy por los Cantones y la gente me dice: ¡adiós Monchiño, adiós! ¿A dónde vas?

Comenzó su carrera en Santa Cristina.

Sí. Recuerdo que empecé con 15 personas, y terminamos abarrotando aquello. Recuerdo la lucha, cómo me sentí querido en aquella discoteca, luego fui al teatro Rosalía, al Colón, y ahora voy a uno pequeño. Recuerdo mis comienzos con ilusión. Recuerdo cuando me vino a ver Paco Vázquez a Madrid y dijo: este tiene que venir a A Coruña. Luego fui pregonero de las fiestas, estoy en la Plaza del Humor... ¡no puedo pedir más! Tengo el ego normal del artista; tienes que creerte el mejor, pero luego, cuando bajo del escenario, voy al baño y tengo problemas. Muy pocos podemos decir que sigamos en activo después de 50 años. Quedamos Raphael, Serrat y cuatro más.

Se muestra muy crítico últimamente con los límites del humor.

Sí. Cuando ocurrió lo de la bofetada famosa al presentador en Hollywood, yo dije que había un trasfondo: efectivamente, el presentador había tenido relaciones con la mujer de este señor. Lo que le dijo no era ofensivo; la comparó con una heroína. La gente que se ofende en el humor es porque tiene problemas personales. Si tu cerebro no te regala el sentido del humor, neniña, vas apañada. Y hay gente que está amargada por naturaleza. Hace poco, en un teatro, apareció un rapaz en silla de ruedas, que se puso en la primera fila. Yo lo reconocí y le dije: “¡Qué tal, motorizado! Que sea la última vez que te quitan puntos por ir a 120”. Él riendo, y va una señora y me salta “¡Está usted ofendiendo al paralítico!” El rapaz le dijo: “señora, usted está enferma, a mí no me está ofendiendo nadie”.

¿No cree que no a todo el mundo le hace gracia que se metan con sus problemas personales?

Evidentemente, pero no puedes ver en los demás una maldad que no hay. En Andalucía, el hijoputa y el maricón te lo sueltan cada dos minutos, y no es una ofensa. Después, hay quien te dice “Buenos días” y te ofende solo con la cara que te pone.

¿Cree que se puede hacer humor con todo?

Sí. Una cosa es la mala leche, la maldad, el odio. Eso es terrible. Todo depende de cómo digas las cosas. Hemos llegado a un punto en el que todo es machista, todo es homófobo, un señor ya no es negro...

Pues hace poco le llamaron facha y no le hizo ninguna gracia.

Es que me llamaron facha porque opino distinto a él. Si yo tengo un labio partido por un porrazo de un gris, si estuve detenido por ser homosexual, si he peleado contra el franquismo, ¿cómo se te ocurre llamarme facha porque no me guste Pedro Sánchez? Es que no me gusta ni físicamente. Es un inepto, un ególatra. Yo me metía con Fraga y con Carrillo y se partían de risa. Ahora no puedes decir nada porque eres políticamente incorrecto.

¿Es obligatorio saber reírse también de uno mismo?

Claro. Yo siempre he gastado bromas de maricones y me he reído de mí mismo miles de veces. Hace poco me llamaron homófobo. ¿No puedo reírme ni de mí mismo? Salen cabreados de casa. No hay nada peor que la insatisfacción sexual, y en este país hay mucha gente insatisfecha que quiere que estemos todos amargados. Llegamos a un punto en el que de cualquier cosa que digas, hay quien se ofende. Analice por qué. Si yo digo que todas las rubias son tontas, y tú eres rubia e inteligente, te partes de risa. En un programa, un día, me dijeron que era gay, y dije: “No, yo soy homosexual, y, en todo caso, maricón. La palabra gay significa chico divertido y alegre, y yo no veo al señor Marlaska ni divertido ni alegre”. Si admito la palabra maricón, y me río de ella, le estoy quitando al insulto al que me lo llama. Una vez le dije a un periodista: “Yo soy aparejador, he estudiado Bellas Artes y tengo 25 libros escritos. ¿Me vas a juzgar por un cuarto de hora que follo al mes?”.

La tiene tomada con los ministros de este Gobierno.

Con todos. Yo me metí con Franco y con Fraga. Cuando haces las cosas mal, y cuando dices tonterías, te tienes que aguantar. Los políticos quieren borrar las tonterías que dicen, y mire, no. Si mete la pata, asúmalo. ¿O no nos reímos de Ana Botella cuando nos dio aquella clase de inglés? Si Ayuso dice una burrada, también. Los políticos españoles se creen intocables. Llegaron a proponer una ley para que los cómicos no nos metiésemos con ellos. Estamos llegando a un punto en el que tenemos más censura que con Franco.

¿Volvería atrás en el tiempo?

No. He vivido mi vida, he cometido errores, algunos los he pagado a nivel económico, me he enamorado, me he separado. Hay que mirar hacia delante. Ese es uno de los grandes errores de la política de este país, que sigue hablando del pasado. Esa frase de que los tiempos pasados fueron mejores no es verdad. Porque tu cerebro te hace recordar lo bueno y olvidar lo malo.

Pero acaba de decir que con Franco había menos censura.

No es que hubiera menos censura, es que te la sabías saltar, la podías torear. Lo peor que le puede pasar a un artista es autocensurarse a sí mismo. Cuando tú ya no escribes por temor a que te censures, estás vendido. Te pongo como ejemplo los cómicos de hoy con la televisión. ¿Quién se mete en la televisión con la política? Nadie. Porque sino, no trabajas. Ahí están, vendidos.

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