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La Opinión de A Coruña

Mirar al abismo y que los peces devuelvan la mirada

El Aquarium vuelve a abrir al público su tanque de aguas profundas, al que espera traer cangrejos araña gigantes y cerdos marinos

Francisco Armesto, ante el tanque con especies de aguas profundas del Aquarium. Víctor Echave

El Aquarium Finisterrae acaba de inaugurar su tanque de especies de aguas profundas, aunque, según explica su director de proyectos, Francisco Armesto, es más bien una reinauguración, pues “ya lo teníamos, pero durante la pandemia se fracturó y deterioró, y tuvimos que cambiarlo completamente”. Tras un año de reparaciones, cambiando la decoración, renace ahora con especies que estaban en otros acuarios, pero con profundidades típicas “inferiores a los cien metros”.

Por el estanque pulula el pez trompetero, nativo de aguas tropicales y subtropicales, con dorsos anaranjados, estómago plateado, grandes ojos y un morro alargado que hace pensar en el instrumento musical que le da nombre. También el rojizo tres colas, propio del Atlántico Oriental y el Mediterráneo y con largas aletas parecidas a melenas, y el ochavo, cuyo nombre científico se traduce como “jabalí jabalí” y que habita desde Noruega a Senegal. La coloración es también encarnada, con líneas naranjas, rojas y negras que se hacen presentes en la temporada de apareamiento.

Las tres especies tienen tonos rojizos, contrastando con la luz azulada y oscura del acuario, y esto, explica Armesto, no es casualidad, sino que responde al medio en el que viven. “El tanque no tiene una iluminación de día, como otros acuarios, y la luz es azul porque es la típica de los entornos más profundos”, señala. Debido a que los diferentes colores tienen diferentes longitudes de onda, la luz azul es la que más penetra en el agua y la que más tiempo se puede percibir a medida que nos sumergimos. La roja, en cambio, apenas penetra unos pocos metros en el océano, y por ello los animales que viven lejos de la superficie han adoptado este color como una forma de camuflaje. “A esta profundidad, es como si fuera negro”, indica Armesto.

A los tres peces los acompaña un invertebrado, el cangrejo sastre, también rojizo pero con características líneas azules en el lomo. Esta especie, indica Armesto, puede llegar a vivir a una profundidad de “mil metros”, aunque el experto también explica que el hábitat de los animales marinos no está grabado en piedra. “Los peces pueden encontrarse a 800 metros de profundidad o a 20”, indica el trabajador del Aquarium.

De cara al futuro, Armesto querría ampliar el catálogo de especies abisales con otras más grandes. “Creo que podremos conseguir en un futuro próximo cangrejos araña, que también viven en profundidad y miden un metro, con patas larguísimas. Y, sin fecha, me gustaría tener un cerdo marino, una especie de tiburón de pequeño tamaño que se está moviendo constantemente”.

Hasta hace poco era inviable tenerlo en un acuario puesto que no se conocía su dieta, “extremadamente específica”: solo se alimenta de huevos de otros tiburones. “Igual podemos llegar a conseguirlo gracias a este nuevo conocimiento”, indica Armesto, que prevé sin embargo que habrá retos para adaptarlo. “Vamos haciendo camino al andar”, explica.

Centro de investigación

Y es que el Aquarium, además de poner ante los visitantes escenas de la vida submarina, sirve como centro de investigación de especies poco frecuentes. “Creo que somos los únicos en España en tener en cautividad un pez ángel, un tiburón de fondo aplanado y con forma de raya. Nuestro ejemplar se debe acercar a los dos metros, y está dado de alta en un grupo de investigación internacional” que observa cómo se comportan ejemplares de esta especie en diferentes condiciones.

Entre los proyectos del Aquarium ha habido algunos “realmente importantes”, indica Armesto, incluidos algunos interesantes para la acuicultura: el centro coruñés fue pionero a la hora de criar santiaguiños en cautividad, y el año pasado expuso los primeros “pulpos de laboratorio”, aunque venían de otras instalaciones. Entre las investigaciones actuales se encuentra una para reproducir caballitos de mar autóctonos y otra para ver cómo el coral gallego responde a la acidificación de los océanos.

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