Este lunes nos dejaba un grande, en todas sus acepciones, de nuestra ciudad. Su voz grave de barítono no dejaba indiferente a nadie y esa característica fue la que, intuyo, ya talludito, determinó que se fuera a Madrid a estudiar en la Escuela Superior de canto con Mariní del Pozo, sobrina de Ofelia Nieto y Ángeles Otein, dos cantantes de talla internacional que calaron hondo en el maestro. Volvió a Galicia después de su periplo madrileño para trabajar en la Radio Galega, medio de comunicación que le apasionaba, para comenzar más tarde como profesor de canto en el Conservatorio Superior de Música de A Coruña, trabajo que ya ocupó su vida y del que se jubiló hace siete años dejando un buen legado de alumnos, como Pablo Carballido, María José Ladra, Victoria Álvarez, Alba López…

Melómano empedernido, amante de la radio, ¡cuánto echaremos de menos su programa Allegro de domingo!, pionero en nuestra ciudad en abordar este tipo de género. Ocupado también como crítico musical en La Voz de Galicia después de la muerte de nuestro añorado Ramiro Cartelle.

Hombre cercano y con gran sentido del humor, Antón cogió el testigo de su abuelo Antonio Santiago Nito como impulsor y alma máter de los Apropósitos en el Carnaval coruñés, en el que con gracia sacó los colores a más de un político. Personalmente, donde le voy a echar de menos, es en los chascarrillos previos a los conciertos, donde ya le añorábamos y, sobre todo, en un clásico para mí, en leer su crítica al día siguiente del concierto para saber si habíamos coincidido.

*Marcos Seoane Vilariño es director del Conservatorio Profesional de Música de Culleredo