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Restauración de las galerías de A Coruña: Artesanos subidos a un andamio

La rehabilitación de las fachadas tradicionales de la ciudad requiere del recurso a empresas especializadas que realizan un trabajo manual para tratar materiales muy delicados

César Prado, en la galería en fase de reforma en un edificio de la Marina. CARLOS PARDELLAS

“Los principales problemas de las galerías de la Marina son la humedad y el salitre, ya que el agua va penetrando en la madera si no está bien sellada y no tiene un emplastecido bueno, de forma que se va pudriendo hasta que no vale para nada. Por eso se usaban originalmente maderas resistentes al agua”, explica César Prado, propietario de Talleres de Pinturas Prado, sobre la labor a la que se enfrentan los profesionales de la restauración de las emblemáticas fachadas coruñesas.

Cuenta con una amplia experiencia en este campo, ya que comenzó a trabajar con galerías en 1980 y, además, para relevar a su padre. También sus trabajadores disponen de una larga trayectoria en esta actividad porque advierte de que se trata de una auténtica artesanía, puesto que no se pueden emplear máquinas en la limpieza y pintado de una galería debido a la fragilidad de los materiales con los que está construida.

“Una vez pinché un puntal de una galería y salió la savia de la madera, ya que antes los hechos de tea cuando aún estaban verdes se sumergían en aceite de linaza o petróleo durante un año y luego secaban durante cuatro. Ahora la que se usa en las restauraciones es de secadero y al cabo de pocos años está deteriorada”, explica Prado sobre la calidad de las materiales que se empleaban en el pasado en estas construcciones.

Pero el paso de más de un siglo en muchos de estos edificios y la falta de mantenimiento hace que, en opinión de este especialista, “entre el 10% y el 15% de las galerías de la ciudad estén en mal estado, no las de la Marina, pero sí las de la Ciudad Vieja”. Como ejemplos de este problema, señala que se ha visto obligado a parar obras “al ver que había que sustituir el 70% de las galerías o fachadas que estaban sujetas prácticamente solo por una tabla”.

Prado detalla que en las galerías “normalmente los punteros y largueros están en buen estado. Lo que sufren más son los bastidores, tanto fijos como móviles, ya que en una galería de cuatro pisos y diez maineles (las divisiones interiores de las ventanas) por piso que lleve veinte años sin restaurar siempre hay que reponer de ocho a doce bastidores o arreglarlos”.

Las restauraciones se convierten por esta razón en muy costosas para los propietarios, admite este empresario, para quien “tanto el Ayuntamiento como la Xunta, en vez de facilitar las cosas, las dificultan muchísimo más, porque la licencia tarda en concederse de ocho a catorce meses”. A esto añade que Patrimonio exige la presentación de un proyecto firmado por un arquitecto o arquitecto técnico que incluya un alzado y detalles de todos los elementos. “Piensan que todas las empresas somos multinacionales, cuando el 80% somos pequeñas”, se lamenta Prado, quien califica de “ilógico”, que se exija aplicar pintura satinada por razones estéticas, cuando solo dura de tres a cinco años, en lugar de otros acabados, que llegan de ocho a doce. “Todo esto hace que la gente vaya retrasando el mantenimiento de las galerías” y que haya casos, como la que restaura en este momento en la Marina, en la que algunas piezas estén deterioradas. “Eso obliga a reponer elementos, cuando los costes de carpintería son elevados y ya no hay madera de teca ni de tea, por lo que hay que usar otra madera tropical como el iroko, que tiene una resistencia muy alta a la humedad, aunque mucha gente no puede pagarlo y usa pino gallego u otras maderas de muy poca duración”, señala Prado.

Detalle de uno de los elementos de la galería en reparación. Carlos Pardellas

La forma habitual de recuperar una galería pasa primero por la eliminación de la pintura en mal estado, aunque sin retirar toda, así como los sellados y juntas en mal estado. Luego da una mano de imprimación con el mismo esmalte que se usará para el acabado, pero diluido al 30 o 40%. Luego se sella la madera con polímero, una masilla con poliuretano de alta resistencia exterior e interior para reparar los alféizares, que suelen estar agrietados por el sol. A continuación se emplastecen con cemento de coche, usado para las reparaciones de carrocerías, porque soporta dilataciones y tiene una alta resistencia. El paso siguiente es el lijado y la aplicación de dos capas de esmalte, “preferibles a los acrílicos al agua porque su duración es mucho menor al disolverse en agua”, indica Prado.

En su opinión, “lo ideal sería decapar primero toda la pintura existente con un soplete de aire caliente”, para luego aplicar a la estructura una imprimación de color naranja rica en aceite de linaza, “que es un rejuvenecedor natural de la madera” y que está utilizando ahora en esta galería de la Marina. También con esta fórmula se utiliza el sellado con polímero y el cemento de coche, tras lo que se cambian cristales en mal estado y se aplican tres manos de esmalte con poliuretano sintético.

Ayuda pública insuficiente para el mantenimiento

“Yo primo la duración a la estética, porque comprendo que un propietario no puede estar cada cinco años haciendo un mantenimiento”, comenta César Prado sobre la elección de los materiales y las técnicas para llevar a cabo la restauración de una galería. El alto coste que tienen estas obras desanima a muchas personas a contratarlas, a lo que también contribuye que las ayudas públicas para acometerlas no son suficientes y, según Prado, muy complejas de solicitar.

Este empresario explica además que los residentes en edificios de galerías tampoco pueden reclamar las subvenciones incluidas en los fondos europeos Next Generation para la mejora de la eficiencia energética de las viviendas “porque el ahorro que se consigue pintando no es suficiente”. Una de las vías que utilizaban los propietarios para financiar estas reparaciones era el cobro por la publicidad colocada en las lonas de las fachadas, que ahora también limita el Concello en la zona histórica, de forma que se reducen las cantidades que pueden recibir las comunidades.

Este empresario explica además que los residentes en edificios de galerías tampoco pueden reclamar las subvenciones incluidas en los fondos europeos Next Generation para la mejora de la eficiencia energética de las viviendas “porque el ahorro que se consigue pintando no es suficiente”. Una de las vías que utilizaban los propietarios para financiar estas reparaciones era el cobro por la publicidad colocada en las lonas de las fachadas, que ahora también limita el Concello en la zona histórica, de forma que se reducen las cantidades que pueden recibir las comunidades.

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