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La Opinión de A Coruña

Cuarenta años del 'Xurelo': El primer éxito ecologista gallego

Tres pesqueros llevaron al Atlántico hace cuatro décadas la protesta contra los vertidos radioactivos

La expedición del ‘Xurelo’ de 1981. Roxelio Pérez, tercero por la derecha de pie. La Opinión

“Nos tomaban por el basurero de Europa”, recuerda Roxelio Pérez Moreira sobre la actitud de los países que durante años vertieron residuos radioactivos a 750 kilómetros de la costa gallega, lo que motivó en 1981 la expedición del pesquero Xurelo para protestar ante los buques que lanzaban al mar los bidones con esos desechos. Al año siguiente volvió a dirigirse a la llamada fosa atlántica, pero ya otros tres barcos protestaron también en alta mar y su lucha se vio recompensada con lo que Pérez Moreira define como “una de las luchas más exitosas del ecologismo gallego” y la “primera protesta multitudinaria” de este movimiento.

Un acto en el Campo da Rata en el que participarán algunos de los protagonistas de esta iniciativa conmemorará los 40 años transcurridos desde entonces. Los vertidos radioactivos se realizaban desde 1966 en las llanuras abisales atlánticas, de entre 3.000 y 4.500 metros de profundidad, por parte de Países Bajos, Bélgica, Suiza y Gran Bretaña, que acumularon allí 75.000 toneladas de esos desechos.

En 1981, el recién creado grupo ecologista coruñés Natureza, del que Pérez Moreira era uno de los fundadores, propuso a todos los ayuntamientos costeros gallegos que se pronunciaran contra esta práctica, lo que llevó al grupo municipal de Esquerda Galega a proponer al Concello de A Coruña que fletase un barco para llevar la protesta al lugar del vertido. El rechazo municipal hizo que el propio partido asumiese la iniciativa y el 14 de septiembre el Xurelo zarpó de Ribeira con políticos, ecologistas y periodistas a bordo.

Se trataba de un palangrero que faenaba en aguas costeras, por lo que no estaba preparado para alta mar, lo que lleva a Pérez Moreira a afirmar que el viaje fue “una gesta romántica con muchos tintes de aventura”. A 200 millas de la costa el patrón recibió de la Comandancia de Marina la orden de regresar a puerto, pero media hora más tarde fue anulada. Al tercer día de navegación se localizó a los buques que efectuaban los vertidos, que al ser avistados se colocaron a ambos costados del pesquero y lanzaron los bidones, en lo que Pérez Moreira define como “casi una exhibición”, por lo los tripulantes decidieron arrojar flores al mar, leer un manifiesto y cantar el himno gallego.

Al tratarse de personas no habituadas a la navegación, durante la travesía sufrieron vómitos y mareos, aunque fueron confortados por los marineros del pesquero. “Enseguida se sintieron partícipes de nuestra lucha y nos transmitieron ánimo en los momentos de decaimiento”, recuerda Pérez Moreira, quien señala que el Xurelo era conocido en los medios de comunicación como “el buque ecologista”.

Orgullo herido

La repercusión política y mediática de la protesta fue enorme y quien fue uno de sus protagonistas la atribuye a “una especie de orgullo patriótico herido” por parte de los gallegos. Aunque el Gobierno español al principio fue ambiguo porque los vertidos se realizaban legalmente, cuando se llevó a cabo la protesta se comprometió con ella, según Pérez Moreira.

Al año siguiente, el Concello coruñés fletó en agosto el pesquero Arosa I, mientras que el de Vigo hizo lo propio con el Pleamar y Greenpeace llevó hasta la fosa atlántica al Sirius. El Xurelo también zarpó ese año, pero varias semanas después, para reiterar las protestas, aunque con un resultado diferente, ya que el motor se averió y el buque quedó a la deriva hasta que pudo ser remolcado y llegó al puerto coruñés para ser recibido por miles de personas. En ese viaje subieron al barco muchas más personas de las permitidas, por lo que no había comida y agua para todos, de forma que al quedar a la deriva hubo que racionar los víveres.

El Gobierno español manifestó ese año su oposición a los vertidos en la Convención de Londres y en 1983 casi todos los países dejaron de efectuarlos. En 1984 Gran Bretaña se unió a ellos y al año siguiente se aprobó una “moratoria indefinida” que supuso una interrupción que aún se mantiene, lo que confirma el éxito de la reivindicación que se inició hace cuarenta años a bordo de un pequeño pesquero gallego.

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