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La Opinión de A Coruña

Ingeniería contable para hacer el menú del día

Restaurantes de la ciudad, abocados a subir los precios y a cambiar sus ofertas por el incremento el alza de los alimentos y suministros

José Vallejo y Ana Fernández, ayer, con la pizarra del menú del día. | // CARLOS PARDELLAS

Poner un plato de comida caliente en una casa a un precio razonable se está convirtiendo en una obra de ingeniería contable, con el aumento del recibo de la luz y de la inflación. Así que mucho más complicado, casi una misión imposible, se les está haciendo a los bares y restaurantes de la ciudad que todavía ofrecen menú del día y que quieren seguir haciéndolo sin disparar los precios para mantener a los clientes de siempre, los que acuden cada día a comer a sus locales para tener una dieta equilibrada.

Algunos de estos negocios han tenido que subir precios o modificar su oferta diaria para poder seguir dando este servicio que tiene que conciliar rentabilidad con precios bajos, para que los clientes no busquen alternativas al menú. Otros han renegado de este servicio y, desde que lo quitaron cuando retomaron la actividad tras la pandemia por la limitación de aforos, no lo han retomado, porque han visto que pueden funcionar igual solo con la carta.

El responsable de cocina del restaurante Morriña, en la calle Olmos, Gonzalo Cotelo, explica que en medio año han tenido que incrementar el precio del menú en tres ocasiones; la última, antes de verano, para dejarlo en 12,50 euros, porque por menos no son capaces de ofrecer un servicio como a ellos les gusta. “En 2014, cuando empezamos, el menú estaba a 8,90 euros”, recuerda Cotelo, que cree que los menús a doce euros “van a dejar de existir”, si la inflación sigue subiendo.

Luisa Vázquez, que es la responsable de Elite, en Zalaeta, comenta que, desde el cambio de dueños del negocio en marzo de este año, han mantenido el precio del menú en diez euros y que le suman un euro más si incluye postre, pero que han incrementado las tarifas de otros platos de la carta, para paliar la inflación. Asegura que sus clientes entienden que tenga que subir los precios, ya que ellos también saben que tanto la luz como la cesta de la compra se han encarecido este año.

Para Alberto del Amo Guerra, del Café Hispano, de la calle Educación, el precio que tenía el menú en julio, de 9,50 euros, es ahora “inasumible”, por lo que en septiembre, cuando regrese la cocinera de sus vacaciones y retomen el servicio del menú del día, lo pondrán a diez euros para poder mantener en la pizarra varias opciones para el primer plato, también para el segundo, el postre y el café. Hasta ahora no se habían planteado incrementar los precios, pero ya no pueden asumir que apenas haya diferencia entre lo que ellos pagan y lo que abonan los clientes.

En As Lanchiñas, en el número 8 de la calle Pastor Díaz, los precios se actualizaron a principios de año, así que, los respetarán hasta el próximo enero, aunque el coste de dar de comer cada día a decenas de personas no esté siendo tarea fácil. Muchos de los clientes —algunos de ellos de empresas— que optan por esta opción acuden al restaurante todos los días, incluso algunos a la hora de comer y también a la de cenar, así que, tienen que ofrecerles una oferta variada. Ayer, por ejemplo, había cinco primeros y seis segundos en la pizarra para elegir. “Siempre tenemos una carne y un pescado de segundo y un plato de cuchara y una ensalada o ensaladilla en el primero. El menú cuesta once euros con postre o café y 12 o 12,5 euros si se quieren las dos cosas”, explica Manuel Santos, propietario del negocio familiar.

En O Sibarita, en el número 27 de Linares Rivas, intentaron no incrementar los precios este año, pero, finalmente, tuvieron que repercutir un poco el incremento de sus facturas en los clientes. En abril, el medio menú pasó de 8 euros a 8,5 euros y el menú completo, de 10,50 euros a 10,90 euros. “Subieron todos los productos y nosotros no subimos los precios en el mismo porcentaje, entonces, asumimos nosotros una parte”, explica Ana Elisa Boga Mira, y pone como ejemplos el pollo y el pavo, que antes eran carnes muy socorridas para este tipo de menús y que ahora se han convertido casi en un artículo de lujo. “Tenemos tres primeros para elegir y siempre ponemos una crema o unas lentejas o garbanzos, una ensalada y otra cosa, y tres segundos, y siempre tenemos un pescado fresco y dos carnes”, comenta Boga. En este local, el número de menús baja en verano, ya que los clientes habituales trabajan en las oficinas cercanas y en estos meses tienen vacaciones, así que también tienen menos clientes a la hora del café.

Paula Lavilla, del Wanderlust, en Marqués de Pontejos, abrió hace ocho meses y ha tenido que incrementar los precios de la carta en tres ocasiones. Sirve menú del día desde hace solo tres semanas, empezó poniéndolo a once euros, pero ahora lo cobra ya a doce. “No me da”, zanja.

Para Ana Fernández, de la hamburguesería Zun, en Comandante Fontanes, ofrecer un menú por 9,50 euros cada día se hizo imposible a partir de enero, así que, desde principios de año sus dos platos, agua y postre cuestan diez euros. Cifra en un “40%” la subida de los productos básicos que usa en su negocio, como la leche, los huevos y el pollo y calcula que se le ha triplicado la factura de la luz, así que, a pesar de que los clientes del menú son habituales, han tenido que repercutirles un poco en la tarifa el alza de los precios. “Subimos cincuenta céntimos en enero y no da. Tenemos muchos gastos y eso que no tenemos empleados”, concluye Fernández.

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