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La Opinión de A Coruña

Tina Sainz Actriz, amiga y compañera de María Casares

“María Casares quiso ser una más en los escenarios dentro de su grandeza”

“La profesión la recibió de forma recelosa, pensó que su acento gallego era una pose, artificio, aunque no lo era, porque siempre lo mantuvo y actuando lo tenía tremendo”

La actriz Tina Sainz, en una imagen de archivo. Jero Morales

La programación del centenario del nacimiento de la actriz coruñesa María Casares incluye el ciclo de conferencias Do exilio ao escenario, que se desarrolla desde el pasado febrero y que se reinicia hoy tras el paréntesis veraniego con las disertaciones de la actriz Tina Sainz y del exconcejal de Cultura coruñés José Luis Méndez Romeu, quienes intervendrán a partir de las 19.30 horas en el Museo de Belas Artes. Sainz titula su conferencia Alma de meiga, corazón libre para referirse a María Casares, con quien compartió escenario en 1976 y amistad a partir de entonces.

¿Su primer contacto con María Casares fue a raíz de la representación en Madrid de la obra El adefesio?

Efectivamente, ella llega a España en 1976, la primera vez después de su exilio, y tuve la suerte y el privilegio de primero poder compartir escenario con ella y después amistad.

Ella era una estrella del teatro francés y usted una actriz joven. ¿Cómo fue aquella colaboración?

En principio, cuando la fuimos a recibir fue con reverencia, respeto y un cierto distanciamiento por mi parte. Pero María cortó eso de raíz de forma inmediata porque era muy humilde en el trabajo. Aunque en la obra intervenían numerosos actores, algunos de ellos como mendigos que ni siquiera hablaban, a todos ellos les dio su sitio, su dignidad y su acercamiento. A partir de ahí empieza a mostrar cosas porque conectamos bastante bien y le divertía mucho mi forma de ser. Nos enseñó tantas cosas… la humildad y el rigor en el trabajo, el respeto al escenario para que el público te respete. Quiso ser una más dentro de su grandeza, porque yo creo que los más grandes son los más humildes. Cuando se organizaba el espectáculo, se pensó que ella fuera en primer lugar en la cartelera y ella se negó porque dijo que tenían que ir los nombres de todos los actores con el mismo tamaño y que en todo caso que los pusieran por orden alfabético.

En aquel momento llevaba muchos años fuera de España y era desconocida para el público. ¿Cómo fue recibida?

Era desconocida entonces y ahora porque vivimos en un desierto cultural. Por eso es tan importante lo que se está haciendo ahora en torno a su figura. El público la recibió bien, con curiosidad, ya que el teatro se llenaba, pero la profesión lo hizo de forma recelosa. ¿Qué viene esta a enseñarnos? ¿Por qué ese acento gallego? Pensaron incluso que el acento era una pose, un artificio, aunque no lo era, porque siempre lo mantuvo y en el escenario lo tenía tremendo. No la trataron bien, solamente lo hicieron en Barcelona, donde se volcaron con María, pero Madrid no. La corta gira que hicimos resultó bien y recuerdo una noche inolvidable en el teatro Romea de Murcia, pero en Madrid siempre hubo la sospecha del éxito.

Su primera actuación en España fue además con una obra de Alberti y en 1976.

Alberti en ese momento estaba todavía en el exilio. La representación tuvo una relevancia sociopolítica muy grande. Recuerdo que el estreno fue un acontecimiento, ya que allí estaban todos los dirigentes del PCE, aún en la clandestinidad, y de otros partidos. Y todo el mundo sabía que iba a salir al escenario la hija de Casares Quiroga.

¿Cómo era María fuera de los escenarios?

Exactamente igual. Una persona normal pero muy preocupada por el momento, por todo, viva y con un gran valor cultural y humano. Con esa gran retranca gallega, tenía un humor muy gallego. A mí me sorprendía como mantenía esa raíz tan profunda a pesar de que tuvo que salir tan joven de su tierra,

¿Se sentía dolida por el desprestigio al que sometió a su padre el régimen franquista tras la guerra?

Y por muchos de la izquierda, porque a Casares Quiroga lo machacaron. Era un pacifista y un humanista, ya que entonces había políticos de mucha altura intelectual, que utilizaba el pensamiento, como Azaña. Ante la barbaridad de lo que estaba ocurriendo, que los españoles se estaban matando unos a otros y que los partidos tiraban uno para un lado y otro para el otro como en un aguafuerte de Goya, se horrorizó y dimitió porque no estaba de acuerdo con eso. La postura moderada y de diálogo había sido sobrepasada, habíamos llegado a una situación cainita, de odio permanente, en la que el que no esté conmigo está contra mí. Y un hombre como Casares Quiroga, de esa altura humana e intelectual, sufrió mucho y se fue muy triste de España, según dijo María.

¿Cómo vivió ella el regreso a España después de tantos años?

Entusiasmada, lo vivió con una gran emoción. No quiso venir en avión y lo hizo en tren para poder transitar por el tiempo y hacer el camino a la inversa e ir empapándose del aire de España.

Pero finalmente no se quedó en España.

Es que se puso enferma y se tuvo que marchar, por lo que tuvimos que suspender las representaciones. Humanamente, ella tenía además su vida en Francia, aparte de que profesionalmente allí era una personalidad y aquí habría sido una más, ya que la trataron como una simple actriz.

¿Cree que España le debía un homenaje como el que se le está haciendo por el centenario de su nacimiento?

Por supuestísimo. Me parece muy importante, no solo en el caso de María Casares, ya que se podría tratar de Camilo José Cela o de Valle Inclán, de tanto talento cultural que ha habido en Galicia. Me parece importante que un gobierno se preocupe de estas cosas, porque creo que los ciudadanos pagan sus impuestos para que la cultura revierta en ellos, que tienen hambre de cultura. Y está muy bien que le den entretenimiento. Pero cuidado con convertir la cultura en cultureta, en solo entretenimiento. Los poderes públicos tienen esa obligación y por eso me parece fantástica esta iniciativa.

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