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La Opinión de A Coruña

Alfredo Conde Escritor, presenta ‘A propósito de lo literario’

“La lengua se ha utilizado como un arma política, pero es un instrumento de comunicación”

“En última instancia, un agente literario es un intermediario y este país peca de tener demasiados intermediarios”

Alfredo Conde, ayer en el Casino con su libro. | // CARLOS PARDELLAS

A propósito de lo literario es el nuevo libro de Alfredo Conde, que presentó ayer en el Sporting Club Casino. En casi 300 páginas, el escritor relata su paso por los sistemas literarios gallego y español, critica a agentes literarios e incluso hace referencias a personas e instituciones. Es su forma de soltar lastre porque quiere seguir “navegando” con la conciencia tranquila.

¿Su paso por el sistema literario ha sido accidentado?

Yo diría que no fue muy pacífico ni muy sereno. Este libro no busca más que dar respuesta a preguntas que nunca se me hicieron y que me hubiera gustado mucho poder responder. No deja de ser curioso que la persona que más páginas lleva escritas en gallego, por lo menos de los vivos, haya sido excretado a empujones del sistema literario al que pertenece. Y al que critico. Indudablemente, la situación no es la que esperaba. Hay dos preguntas que se me antojan fundamentales: ¿se habla más o menos gallego hoy que hace 40 años? Se habla menos. ¿Se habla mejor o peor gallego que hace 40 años? Peor. Algo estamos haciendo mal. Pero parece que no, que vivimos en el mejor de los mundos. Cuando Albor dejó la presidencia de Galicia dejó en los almacenes de la Xunta 600.000 libros que hubo que repartir en camiones durante meses. Cuando se fue Fraga, dejó dos millones y medio de libros en esos almacenes. Algo debe estar fallando cuando se producen tantos libros y se almacenan de esa manera. He intentado responder y advertir de lo que estaba sucediendo. Eso me ha convertido en una persona que, honestamente, no tiene nada que ver conmigo. Este libro es eso, una especie de descargo de conciencia. Yo, que tengo muchos años, sigo navegando y lo hago con una tranquilidad que antes no tenía.

¿Eso hace que siga escribiendo?

Sí. Ya estoy corrigiendo el siguiente libro. Es sobre lo político, a propósito de lo político. Tuve alguna incursión y también necesitaba respuestas ahí.

Lo cuenta desde una perspectiva irónica y mordaz, pero, ¿lo pasó mal en algún momento?

Bien no lo pasé, eso es indudable. A estas alturas ya no me duele. No digo que no me importa, pero ya no duele. Lo acepto. Hago mi vida de escritor como hice siempre, sigo escribiendo y publicando. Voy a un libro por año. Y escrito en gallego, curiosamente. Pero yo me niego a renunciar a cualquiera de las dos lenguas que tengo.

Siempre nos han enseñado a elegir. ¿Abrazar dos cosas le ha cerrado puertas?

Claro. Nos han forzado a elegir porque la lengua se ha utilizado como un arma arrojadiza, un arma política. Y la lengua no debe ser nunca un arma, es un instrumento de comunicación, no de incomunicación. Igual que cualquier lengua. ¿Y cómo escoges? Yo siempre respondo lo mismo: con mi padre hablo en gallego, con mi hija mayor en castellano, la pequeña me habla en gallego, con mi hermano si hablo en castellano nos da la risa, pero con mis hermanas no sé hablar en gallego. ¿A quién renuncio de toda mi familia? Yo no quiero renunciar a nadie y, por lo tanto, no renuncio a ninguna de las dos lenguas. El trabajo es el doble. Si yo he escrito 40 libros, no solo he escrito esos 40, sino que también los he traducido al castellano. Mi pecado mayor es trabajar como un desgraciado en la literatura.

En ese mundo de los libros se encuentran los agentes literarios. ¿Qué se ha encontrado? ¿Cómo los definiría?

La verdad es que yo no he tenido gran suerte con los agentes literarios. La mayoría de los escritores no tienen suerte. Lo que cuento en el libro es tan real como que me permito incluir textos anteriores a la redacción del libro. En última instancia, un agente es un intermediario. Este país peca de tener demasiados intermediarios. No todos, pero muchos agentes literarios gozan de esta labor de intermediación en la que solo funcionan con aquellos que les generan ingresos. Es, por lo tanto, una de las causas del deterioro de la literatura española en los últimos años.

¿La calidad o el contenido no son una prioridad?

No lo es. Una vez, la que era mi agente, me dijo que iba a sacar una novelita del hijo de un arquitecto catalán muy conocido y famoso. Yo le dije “eso no me parece propio de esta agencia”. Y me respondió: “Me va a dar mucho dinero”. Pues muy bien, estaba en su derecho. No seré yo quien discuta la capacidad o necesidad de ganar mucho dinero, pero es lo que diferencia una agencia de otra. Lo que diferencia a una casa editora de otra. Van a sobrevivir las editoriales en las que tienes la certeza de que, si compras un libro, te va a gustar o no, pero va a tener una calidad que te justifique el gasto. Eso no está sucediendo hoy en la literatura, ni en la gallega ni en la española.

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