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Aroa Moreno Escritora. Presenta su novela ‘La bajamar’

“Si no entiendes de dónde vienes, no puedes entender dónde estás y a dónde quieres ir”

“Me interesa cómo la historia o la política afectan a la intimidad más profunda de uno”

La escritora Aroa Moreno. | // L. O.

Aquel libro que se iba a llamar Todos los zapatos es ahora La bajamar, la novela en la que Aroa Moreno reflexiona sobre la memoria y las relaciones entre madres e hijas de diferentes épocas y generaciones. La presenta hoy (19.30 horas) en la Fundación Luis Seoane.

Su protagonista bucea en su pasado. ¿Es algo que, llegado un momento, todos hacemos?

Desgraciadamente, no lo hacemos todos. Muchas veces, la gente que nos precedió se marcha sin habernos contado no ya las cosas que tienen que ver con la historia sino con su propia vida y su intimidad. Si fueron felices, si estuvieron tristes... Hay un momento en la vida en el que uno mira hacia atrás y, para componer su propia identidad, necesita comprender a los padres y comprender a los padres de los padres y, sobre todo, cómo se traza una cronología desde el pasado hacia el presente. Muchas veces, si no entiendes de dónde vienes, difícilmente puedes entender dónde estás y, sobre todo, a dónde quieres ir.

Todo ello siempre marcado por un contexto.

Sí. Literariamente me interesa explorar cómo la historia o la política afectan a la intimidad más profunda de una persona. No somos capaces de escaparnos del momento histórico o del contexto político.

En este caso, recurre a la Guerra Civil. ¿Por qué?

La Guerra Civil es la herida más abrupta que tiene este país. Muchas veces volvemos a ella para comprender el presente, incluso el presente político. Pero ahora mismo, nuestra vida más cotidiana está golpeada por las consecuencias de una guerra que ni siquiera tiene lugar aquí. Es curioso porque muchas veces nos cuesta ver las similitudes que comparten las guerras, el dolor y la barbarie. Me pasó una cosa curiosa cuando publiqué la novela el 10 de febrero. La guerra de Ucrania empezó el 24 de febrero. Un amigo me escribió y me dijo: “acabo de ver en televisión una escena que es igual que una de tu novela”. Se refería al bombardeo a la maternidad de Mariúpol. Fue escalofriante pensar que desde la ficción, desde mi imaginación, pude entender algo que sucedió después.

¿De ahí la importancia de no olvidar para no cometer los mismos errores?

Sí, pero no sé si aprendemos ni si la historia tiene las suficientes claves para evitar que caímos en los mismos errores. Uno cae en los mismos errores también en su vida personal y sabiendo que no le conviene. Pienso que todas esas historias que van quedando en la oscuridad pueden contarnos cosas. Sobre todo, pueden recordar que esa gente existió y le pasaron esas cosas.

En su novela, todo ello se ve desde la perspectiva de la maternidad. ¿Qué le atrajo de ello para plasmarlo en el papel?

Empecé a escribir la novela y sabía que quería mirar hacia atrás desde la perspectiva de la maternidad porque yo había sido madre. Quería comprenderlo. Me preguntaba si mi madre y mi abuela habían tenido los mismos miedos que tenía yo en ese momento. Quería reflexionar sobre cómo las madres han tenido que renunciar a cosas a lo largo de la historia reciente en Euskadi.

¿Esa perspectiva le ha permitido entender más cosas?

Sí, creo que se entienden muchas cosas. A mí lo que me pasó al ser madre y escribir la novela es que empecé a mirar a mi madre como una mujer. Una persona que puede tener miedo, deseos, frustración y alegría y, además, una persona a la que probablemente no he acabado de conocer. Una mujer que pasó por lo mismo que yo. Para mí, la maternidad es una revolución que arrasa un poco la identidad anterior. Muchas veces fracturamos la comunicación entre madres e hijas y no permitimos que fluya esa herencia de lo bueno. Dejamos solo que quede lo malo. Es lo que pasa en la novela. Algo sucede en un pasado remoto y va condicionando la forma de mirarse entre ellas y la forma de cuidarse.

Habla también de memoria. En el libro escribe: “Cuanto más haces por iluminar un recuerdo a conciencia, otro se va apagando”.

Sí, muchas veces, al fijar un recuerdo de la infancia o sobre una persona, parece que todo lo demás se ensombrece un poco. Cuando miras atrás, son mas potentes algunos recuerdos que casi deslumbran lo demás. Ir dejando atrás cosas forma parte de la vida.

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