Kiosco La Opinión de A Coruña

La Opinión de A Coruña

Daniel Catalán Matamoros nnficha personal | Experto en comunicación en el ámbito sanitario

“La comunicación de los negacionistas de las vacunas utiliza mejor las emociones”

“Contra los bulos, hay que mejorar el alfabetismo de la población en salud y en digitalización”

El profesor Daniel Catalán, ayer en Fisioterapia. | // CARLOS PARDELLAS

El profesor Daniel Catalán Matamoros es el vicedecano de Periodismo en la Universidad Carlos III. Ayer estuvo en la facultad de Fisioterapia de A Coruña dando una charla acerca de la desinformación en las redes sociales en el ámbito de la salud.

Ha publicado un artículo científico sobre desinformación y COVID.

La desinformación viene de mucho antes de la pandemia y hay que ver que esta problemática existe tras ella, pero en el estudio intentamos entender por qué en España se generó tanta desconfianza hacia las autoridades públicas y sanitarias en el COVID. Fue el país a nivel mundial en el que más se empleó WhatsApp, que entendemos como una red social más, durante el confinamiento, y empezó a haber un doble discurso aparte del oficial. Recibíamos vídeos de sanitarios que decían que estaban desbordados, describiendo lo que no describían las fuentes oficiales: plantas llenas, profesionales utilizando hasta bolsas de basura para protegerse del virus... Esto generó confianza e incertidumbre: muchos de los vídeos eran reales.

¿Y en qué derivó esto?

Los mensajes nos llegaban por WhatsApp por personas que conocíamos, cosa que da un plus de seguridad y confianza, y aumenta la credibilidad de una información que a veces no era tan real como parecía. WhatsApp, en abril de 2020, prohibió el reenvío masivo de mensajes porque se estaba difundiendo una gran cantidad de bulos en nuestro país.

¿Miden si hubo más desconfianza o bulos que en otros países?

No, pero hemos analizado otras redes sociales como Twitter para ver el discurso público. Uno de los mayoritarios desde el comienzo de la pandemia iba en contra de fuentes institucionales y del Gobierno.

¿Cómo son los discursos alternativos, como los antivacunas?

Desde el inicio de la era internet, las personas lo usan como altavoz de su ideología. Y ahora con la pandemia se ha multiplicado. Los movimientos negacionistas como los antivacunas o los terraplanistas, que tienen características muy similares, usan redes sociales, Youtube, páginas web, blogs, para poder difundir su ideología. En cuanto al COVID, en la investigación hemos visto que hay mucho mayor discurso positivo sobre la vacunación en España, pero el discurso antivacunas recibe mucho más engagement [compromiso, es decir, interacciones en las redes sociales], o sea, más likes y más retuits. Las personas con esta ideología son más activas en redes sociales. No lo hemos descubierto, coincide con investigaciones en muchos otro países.

¿Por qué es así?

En las cuentas institucionales, del Gobierno, de hospitales, el discurso consiste fundamentalmente en proporcionar datos para combatir la desinformación. Estudios, prevalencia, porcentajes, número de contagios... Los negacionistas utilizan mucho más las emociones, las narrativas. ¿Por qué? Porque las personas no somos solo seres racionales, tenemos una parte cualitativa y las emociones son una parte muy importante para que llegue mejor el mensaje. Y eso falta en la comunicación oficial. Los negacionistas de las vacunas definen la historia de una niña que tras vacunarse se quedó encamada durante años en su casa, sin poder salir, sufrieron ella y su familia... Si las vacunas están previniendo millones de muertes, podremos sacar casos de éxito, como personas mayores que gracias a la vacuna habrán tenido contagios leves o moderados, y que pueden explicar su experiencia.

¿El público sabe analizar la fiabilidad de las fuentes?

No hay un gran alfabetismo en salud ni en digitalización en la población. Tenemos que saber que no podemos hacer caso a todo lo que recibimos y diferenciar entre fuentes fiables y pseudo-científicas, y saber conceptos básicos de salud, efectividad, vacunación... Hay que entender que ningún medicamento o vacuna va a tener un 100% de efectividad, y nunca va a ser un 100% seguro. La salud pública apuesta por el máximo beneficio y el mínimo riesgo, pero este siempre va a existir. Los movimientos negacionistas se aferran a este riesgo para ir en contra de la ciencia.

¿Qué ocurre con los mayores?

Es un colectivo totalmente vulnerable a la desinformación. La era digital no está instaurada plenamente en ellos. Por una parte, se informan de medios serios, pero internet también aporta mucha información válida, como en el COVID. Muchas personas que no estaban digitalizadas quedaron fuera. Proponemos estrategias específicas para la población mayor y hemos hecho algún estudio de cómo tienen que aprender las nuevas tecnologías y estas se deben adaptar a ellos. Una persona de 80 años con artrosis tiene complicado manejarse con un smartphone.

Compartir el artículo

stats