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Director y actor de ‘La jaula de las locas’, que llega el jueves al teatro Colón

Àngel Llàcer: “Yo he venido aquí a hacer feliz a la gente”

“El problema no es que uno se sienta libre o no, sino los que se meten en tu vida”

Àngel Llàcer, en ‘La jaula de las locas’. | // DAVID RUANO

La gran comedia musical de Broadway, La jaula de las locas, llega la próxima semana, del 3 al 6 de noviembre, al teatro Colón de la mano de Àngel Llàcer y Manu Guix. Un espectáculo que tiene un mensaje claro: carpe diem.

¿Cómo se afronta la gira tras los éxitos conseguidos en Madrid y Barcelona?

Con mucha ilusión. Como gustaba tanto, dijimos “tenemos que hacer una gira de esto, hay que ir por toda España”. De hecho, vamos con el mismo montaje de Madrid y Barcelona. La voluntad de ir de gira es mía, para hacer feliz a cuanta más gente, mejor. Yo he venido aquí a hacer feliz a la gente. Me decían “¿pero vas a ir tú de gira?”. Pues claro, con todo.

La crítica dice que es un canto a la libertad, un chute de optimismo y una autentica fiesta. ¿Con cuál de todas esas definiciones se queda?

Yo diría que es un acto de amor colectivo, de quererse a uno mismo, de quererse a los demás y de querer al mundo. Por eso gusta tanto, porque son dos horas y media de un bálsamo de bienestar, de felicidad y de risas. Es una experiencia de dejarte llevar. Una cosa es el cerebro y otra es el alma, yo voy al alma.

¿Hace que el teatro sea un lugar diferente?

Sí, sin duda. Es un oasis de felicidad.

¿Es más exigente que una obra teatral?

Claro, es un musical clásico. Tienes que estar súper bien, comer bien, dormir bien, hacer deporte. Es un trabajo muy exigente. Soy como un deportista de elite, pero con michelines. Pero el cuidado es el mismo. Si haces musicales, tienes que ser súper estricto con tus horarios, tus comidas, tu descanso...

¿El resultado merece la pena?

La verdad es que sí. Es una obra que, además de hacer feliz a la gente, nos hace felices a nosotros. Todo es tan positivo que se te va contagiando. Es una maravilla.

¿No se ha convertido en algo mecánico a pesar de tantas funciones?

Qué va, al contrario. Además, cada público es distinto y es muy estimulante. Piensas en qué tienes que hacer para enamorar al público. Es como jugar al tenis.

¿Cómo es su personaje, qué tiene de usted?

De mí tiene la espontaneidad y el dejarse sorprender por la vida. Yo siempre me dejo sorprender por todo. Mi personaje es divertido, imaginativo, valiente. Y está muy bien reconciliarnos con los sentimientos de uno mismo en cada función. Es algo bueno y eso me encanta.

¿Vio la película La jaula de las locas? ¿Cuál prefiere, la francesa o la americana?

La francesa. Era la que veía cuando era pequeño. Cuando llegó a mí la posibilidad de hacer el musical, la volví a poner y dije “pero esto es música de teatro clásico musical de Broadway”. Todo sumaba, así que también quise actuar y me di el papel protagonista.

¿Cómo combina ese trabajo de director e intérprete?

Las funciones nos las dividimos porque no puedo hacerlas todas. El cerebro de director es muy diferente al cerebro de actor, te tienes que poner en sitios muy distintos. Por un lado, tienes que tener la visión global de la obra, el escenario, los espacios y la historia. Y, como actor, te preocupas solo de lo tuyo.

¿La pareja artística que forma con Manu Guix, también director, es parte del éxito?

Claro. Manu y yo trabajamos juntos desde el 1997. Empezamos con un musical en el Teatro Nacional de Cataluña y, desde entonces, no hemos parado. Nos entendemos muy bien y nos mejoramos el uno al otro. Yo creo que eso es el éxito. Somos como hermanos ya.

Las canciones son parte fundamental del show. ¿Con cuál se queda?

Soy lo que soy. La canto solo y es la que más emociona a todo el mundo. También La vida empieza hoy, que es un canto al optimismo, a vivir la vida.

Parece mentira que a estas alturas haya que seguir reivindicando ese carpe diem.

Pues sí. Yo estoy en una edad en la que vivo el día a día y al máximo, antes de que llegue la enfermedad.

Habla con pasión de la obra. ¿Prefiere el teatro a la televisión?

Lo que me gusta del teatro es que el público está ahí, la reacción es inmediata. Es como seducir. El teatro me gusta más porque es el aquí y el ahora.

En este caso, recuperan una pieza de los años 70 para hablar de amor libre. El tema sigue de actualidad. ¿Es bueno o malo?

Es normal. Los sentimientos del ser humano siempre son los mismos: el amor, la pasión, el orgullo, el odio y la envidia. El ser humano, además, no evoluciona mucho. Pero, al final, todo el mundo acaba queriendo a quien quiere querer, aunque haya gente en contra. El problema no es que uno se sienta libre o no sino los que se meten en tu vida.

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