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Nuevo titular del Juzgado de Violencia contra la Mujer de A Coruña

Roberto Barba: “El Juzgado de Violencia contra la Mujer de A Coruña se halla en una situación penosa”

“La violencia de género aumentó mucho en diez años, pero los medios son los mismos”

Roberto Barba, en el juzgado del que es titular. Carlos Pardellas

Roberto Barba Alvedro es desde hace quince días el nuevo titular del Juzgado de Violencia contra la Mujer de A Coruña, al que llega procedente de un Juzgado de lo Penal de Lugo. Previamente, había sido responsable del Juzgado de Violencia contra la Mujer de Betanzos.

En los últimos años no cesa de aumentar el número de denuncias por violencia de género. ¿Es una consecuencia de la pérdida del miedo a hacerlo por parte de las víctimas?

La primera ley orgánica sobre violencia de género tuvo al principio una acogida tibia y poco a poco ha ido in crescendo, sobre todo por la presión mediática y porque es una lacra social que es necesario erradicar por todos los medios. La cantidad de denuncias que se presentan todos los años denota que hay un problema en la sociedad y lo que vemos últimamente en los juzgados es que todos los hay más denuncias y que el problema es que la edad de la denunciante y el denunciado ha bajado mucho. Al principio, eran personas de mediana edad, pero ahora llegan muchas de entre 20 y 25 años.

¿El aumento de denuncias se debe a que antes los casos se ocultaban?

Las mujeres se están dando cuenta poco a poco de que tienen ayudas institucionales para poner en conocimiento de las autoridades las lesiones físicas y psíquicas que se producen en los domicilios. Antes lo que pasaba era que se aguantaban, pero ahora la mujer está tomando conciencia de que no tiene que aguantar ni insultos ni vejaciones ni maltrato físico por el mero hecho de que la otra persona sea un hombre y ella una mujer. Esa toma de conciencia cada vez está calando más en la sociedad, y la prueba de ello es un dato muy significativo. Cuando entró en vigor la ley de violencia de género, casi no había testigos y los que había no querían declarar porque decían que era un tema de pareja en el que no querían entrar. Ahora estamos viendo que hay muchísima gente que lo hace, incluso en los juicios rápidos, y son personas anónimas que han oído un grito o presenciado unos insultos. Eso significa que hay una conciencia social que anima a las víctimas a denunciar cada vez más.

¿A qué se debe que las víctimas y los agresores sean cada vez más jóvenes?

Yo me pregunto cómo es posible que una persona de veinte años tenga comportamientos de violencia de género. La interpretación que hago es que algo está fallando, ya que parece que hay un retroceso y que hay un problema en la política educativa que hace que vayamos para atrás.

Y se produce además a pesar de toda la concienciación social sobre esta cuestión.

Voy a colegios a dar charlas de vez en cuando a alumnos de Bachillerato y aprecio que hay muchos roles de género de los que ni ellas ni ellos se dan cuenta y que si siguen aumentando los chicos van a acabar en un juzgado de violencia de género. Es muy habitual que fiscalicen el teléfono móvil de sus novias, cuando es un delito que se castiga con penas de prisión bastante graves, aunque lo ven como algo trivial, así como que les digan que no vayan con determinada falda o no salgan con algún amigo.

Un dato positivo en los últimos años es que se reduce continuamente el número de víctimas que renuncia a declarar en el juzgado.

En los quince días que llevo en el juzgado he tenido cuatro o cinco juicios rápidos cada día. De las mujeres que participaron en ellos, solamente dos se acogieron a su derecho a no declarar. La razón es que las jóvenes suelen declarar siempre y cuanto más joven es la víctima, más se aviene a hacerlo. Quien se lo piensa más es la mujer de mediana edad que tiene hijos y no tiene un sustento económico asegurado. El legislador, además, cada vez ha puesto más difícil acogerse a la dispensa, porque ya no se puede hacer si el denunciado es la expareja y si declara en instrucción, ya no puede retirar la declaración en el juicio.

Una buena parte de las víctimas es de origen extranjero ¿Es un error pensar que se trata de un problema de personas inmigrantes con escasos recursos?

Es cierto que algunos lugares donde hay un alto número de personas extranjeras el índice es un poco más alto, pero depende de los países de los que proceden, aunque la violencia de género afecta a todas las clases sociales y todas las nacionalidades. De los más de 40 juicios que he tenido esta semana, creo que eran siete o diez los extranjeros, por lo que no se trata de estereotipar.

¿En qué condiciones se encuentran los juzgados de violencia de género?

Fatal, tenemos muy pocos medios. La violencia de género ha aumentado muy significativamente en los últimos diez años, pero los medios son los mismos que hace diez años, cuando para mantener el juzgado al día ya había que conseguir agilidad en el procedimiento. Si aumentan los delitos y no se aumentan las dotaciones presupuestarias a los juzgados, el problema son los enquistamientos, que es lo que pasa prácticamente en toda España.

¿También en A Coruña?

El juzgado de A Coruña se encuentra en este momento en una situación penosa, de gran enquistamiento. Eso se traduce en que haya una tendencia muy grave que conoce todo el mundo, sindicatos, funcionarios, colegios de abogados y procuradores...

¿Qué sería necesario hacer para corregir esta situación?

Para llevar el juzgado al día hay que desatascarlo. Aquí hay casos de hace dos, tres y cuatro años que todavía están coleando, cuando un asunto de violencia de género no puede estar ese tiempo en un juzgado. Si lo hace, es que el procedimiento falla, porque a la víctima es necesario darle una respuesta lo más rápida posible. Incluso al agresor es necesario darle también una respuesta rápida, porque las respuestas lentas difuminan la importancia del asunto. Si la respuesta es rápida y eficaz, se está participando a la sociedad que la violencia de género es algo serio y que quien lo hace el martes puede salir condenado el viernes. Estos juzgados tienen además competencia en materia civil respecto a estos asuntos, por lo que al final de un caso de violencia de género se va a acordar también el divorcio de la pareja por parte del mismo juez. Y muchas veces los procesos de familia tardan demasiado y tanto la víctima como su agresor no quieren eso, ya que es la manera de que muchas víctimas empiecen a olvidar e inicien una vida nueva.

“Si no tenemos pruebas, es muy difícil adoptar una orden de protección porque existe la presunción de inocencia”

Cuando se produce una agresión mortal a una mujer es frecuente la crítica a los jueces si no habían adoptado medidas preventivas. ¿Por qué no se hace?

Es muy fácil emitir un juicio a posteriori, pero si la mujer denuncia un acto de violencia y no hay ningún elemento de convicción ni tipo de prueba, ni siquiera indiciaria... La gente piensa que una orden de protección que es cualquier cosa, pero es una medida restrictiva de un derecho fundamental, ya que al hombre se le prohíbe acudir a determinados sitios y comunicarse con la persona con la que tiene la relación sentimental. Y con la nueva legislación, incluso se suspende el régimen de visitas a los hijos. No podemos exigir grandes pruebas porque en la violencia de género no existen, ya que estos delitos se cometen en la intimidad. Si no tenemos nada de nada, es muy difícil adoptar una orden de protección porque hay algo que se llama presunción de inocencia. Ahora se solicitan muchas veces pulseras de control, pero la Ley exige que haya una situación objetiva de riesgo vital para la víctima. La violencia de género muchas veces se enmarca en disputas conyugales en el momento de la disolución del vínculo, pero cuando la discusión sube de tono y hay improperios y amenazas se produce la violencia de género, aunque muchas veces esos hechos quedan desdibujados en medio de la discusión y no sabemos muy bien lo que ha pasado, por lo que en esos casos no se suelen adoptar órdenes de protección.

¿Existe el riesgo de infravalorar la violencia psicológica?

Al contrario, para mí un maltrato psíquico continuado es mucho más dañino para la víctima que el físico. El trato vejatorio, los desprecios, la humillación constante acaban con cualquier persona y lógicamente eso se tiene muy en cuenta. Cuando no hay pruebas concretas de la humillación se solicita una valoración integral, cuyas estadísticas se han disparado. Se suele hacer cuando los hijos no son tan pequeños y nos aportan información.

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