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Divulgadora de educación infantil y autora del cuento ‘Ilimitada’

María Soto: “A un niño le es más fácil acatar normas que él ayuda a crear: hay que darle responsabilidad”

“La infancia tiene que empezar a tomar decisiones cuanto antes” | “Hemos pasado del autoritarismo a la permisividad, y son dos extremos del paradigma de que el adulto decide”

María Soto, autora de ‘Ilimitada’. | // VÍCTOR ECHAVE

La logopeda y psicóloga coruñesa María Soto lleva años desarrollando el proyecto de divulgación Educa Bonito, en el que habla sobre cómo criar a los hijos con modelos positivos y sin establecer límites desde el autoritarismo. Tras publicar dos libros para adultos sobre el tema, ahora lo trata para público infantil a partir de los cuatro años en Ilimitada, un cuento ilustrado por Laia Berdoso, presentado el sábado en Moito Conto y protagonizado por una niña.

¿Por qué saltar a la ficción?

Hay una duda y necesidad común en todas las familias, y es cómo establecer límites a la infancia. Se nos ocurrió hacer un cuento ilustrado para hablar de esto con los peques y dar un apoyo a los padres. Los niños no necesitan límites, sino un código para entender la sociedad.

¿Cuál es la diferencia entre “no puedes hacerlo” y lo que propone?

Entender que los niños forman parte de una sociedad. Les es mucho más fácil acatar las normas si ayudan a establecerlas. En el cuento se habla de una situación en la que por fin los adultos pueden entender que si los niños forman parte de una situación, lo más fácil es que participen en ella. Así querrán que salga bien.

¿Qué inspira a la protagonista?

Es mi hija [ríe]. Yo tengo tres hijos, dos varones y una niña, y ella conserva la curiosidad intacta, es una niña muy conectada con su entorno, muy libre. Quería escribirle un libro a mi hija como homenaje, me recordó lo que es seguir siendo niña y mantener la infancia intacta.

¿Qué problemas se encuentra?

De todo [ríe]. La educación, los adultos la estábamos estableciendo desde la verticalidad: nosotros tenemos que enseñar, el adulto manda. Pero los niños necesitan pertenecer de forma significativa. La forma de resolver muchos conflictos con los niños es dejarles formar parte y darles responsabilidades. Estamos mirándolos de manera muy paternalista, sobreprotegiendo. Tienen que empezar a tomar decisiones y responsabilizarse de su vida cuanto antes.

¿Qué tipo de responsabilidades?

En cuanto caminan y pueden comunicarse pueden ocuparse de sus rutinas, de su ropa, de ordenar sus cosas, de tener cuidado, colaborar en las tareas de la casa… Si se sienten parte de la familia, van a querer que vaya todo bien. Si solo mandan papá y mamá, yo no me conecto con este lugar, no se me tiene en cuenta, así que me da igual que pase aquí.

¿Qué cambia en relación a anteriores generaciones?

Hemos pasado del autoritarismo a la permisividad, y son los mismos extremos del mismo paradigma: el adulto decide. El equilibro está en tener en cuenta los derechos de los niños, que son personas y hay que respetarlas, pero esto incluye que puedan desarrollar su potencial, habilidades y responsabilidad.

Se habla de que los adolescentes toleran ahora menos la frustración.

Es la consecuencia de una infancia mal acompañada. No encuentran su lugar en la sociedad y llegan a la adolescencia desmotivados, hastiados, sin autoestima.

Trata la cuestión de las expectativas sobre los niños.

Con ellas no permitimos ser. Es como si vamos conduciendo con una persona a lado y se nos cala el coche porque sentimos que va juzgando cómo conducimos. El libro habla de que si permitimos la curiosidad infantil, y miramos con curiosidad a la infancia, no se siente juzgada, y llega a la adolescencia con sus capacidades innatas.

Ahora las familias son más pequeñas. ¿Lleva a la sobreprotección?

Si una familia tiene pocos miembros, que es muy respetable, hace falta que el niño tenga más experiencias sociales. Mucho parque, aire libre y socializar con otra gente de cualquier edad, no solo otros niños.

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