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Escritor y director de cine que presenta ‘Verbolario’

Rodrigo Cortés: “Eludo siempre la actualidad para regalarme libertad como creador”

“Si me piden definir los tiempos que corren, rompo algo y defino yogur, que es leche caducada a punto de caducar”

Rodrigo Cortés, ayer, con ‘Verbolario’ en la cabeza. | // VÍCTOR ECHAVE VICTOR ECHAVE

Rodrigo Cortés bromea con que ha traído el sol y, como A Coruña es su última parada para presentar Verbolario, ofrece sus servicios a otras ciudades. Armado con su ex libris, realizado por Tomás Hijo, y con su boli negro de afilada punta, durante la tarde de ayer estuvo en la librería Moito Conto para comentar y firmar las definiciones que componen Verbolario, un libro que nació a partir de un encuentro con la viuda de Antonio Mingote, Isabel Vigiola, que le regaló un ejemplar del libro El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, que él llevaba años buscando y que le inspiró para ir jugando con las palabras hasta que acabaron de lunes a domingo en el diario ABC.

Lleva ya un rato de entrevistas, podría ser en Verbolario “contestar setenta veces a lo mismo” la definición de promoción ?

(Risas) Nunca haría eso, nunca daría tantas pistas al enemigo.

Son 2.500 palabras que ha ido creando a lo largo de más de siete años y que le han acompañado durante otros proyectos, como su última película, El amor en su lugar, que es triste y asfixiante, ¿le ayudaba escribir estas definiciones o tiraba de las que ya tenía creadas?

Los escapes son constantes. Mis películas tienden a la intensidad y a la angustia, y son experiencias físicas en cierto aspecto pero no es así el ambiente de los rodajes, que siempre está descargado de solemnidad y de gravedad. Hay bromas constantes porque, de otro modo, sería insoportable. Sucede que los rodajes son muy absorbentes, entonces, lo que hago es anticipar palabras y las voy enviando de siete en siete porque no es el mejor momento para pensar.

Me imagino las palabras como en un gimnasio entrenando muchísimo para que, un domingo, las escoja.

Se parece un poco a eso. La voz puede ser cualquiera. Me vale tanto eternidad como vaso y lo primero que haces es ver dónde rebotan dentro de ti de una forma muy instintiva, que se parece al instinto cómico, no lo intelectualizas y surge inmediatamente un juego, que puede ser sonoro o semántico o una paradoja. En ocasiones ya está acabado porque es un destello pseudobrillante que probablemente acabe así, en otras, hay que hacer un trabajo posterior de pulido, de bruñido casi poético, para condensar la mayor cantidad de información posible en el menor espacio con una prosa cerrada sobre sí misma.

¿Y cuándo están listas para ser publicadas, cuando le hacen gracia o cuando las necesita?

Están listas cuando me hacen gracia y me vuelven a hacer gracia la siguiente semana y a la siguiente, cuando no es una gracia en caliente. Cuando las has visto un número suficiente de veces y tu cerebro no trata de corregirlas ni de mejorarlas es cuando pueden salir.

¿Qué hay de cierto en que hay que ver las que salen los lunes porque son las que más gracia le hacen?

No son tanto las que más coña me hacen sino que son las que sospecho que me van a hacer gracia solo a mí y a cuatro como yo, pero creo que la palabra es buena, así que, la escondo un lunes. Me pasa con cierta frecuencia, no siempre, que nadie busque solo las de los lunes porque no encontrará ese patrón tan reconocible. Suelo escoger siete buenas palabras y esa es la razón por la que mantengo ese vivero de unas setenta, para no tener que enviar las siete que ha gestado esa semana la inspiración porque eso estaría sometido a inevitables altibajos.

Hay palabras que aparecen definidas y que son fácilmente reconocibles en su carrera, pero otras, como cine, no están...

Y no pasa nada porque no las elijo así, no defino las palabras que me definen a mí para que sea una especie de autoconformación de la personalidad. A veces me pongo la radio y de cualquier discurso arbitrario voy extrayendo las voces que me parece que pueden tener potencial. Inevitablemente, si defines cine se va a relacionar contigo o te va a resultar más afín. Cine no está, aunque la definí para el periódico hace unas semanas, así que, estará en una edición futura. No está cine, pero están peliculón o crítico... No soy María Moliner, faltan muchas palabras porque no es un libro de consulta.

Pero hay algunas que define varias veces para ponerle acepciones.

Sí, eso es frecuente. A veces he definido varias veces a lo largo del tiempo la misma palabra desde diferentes ángulos. Defines democracia en 2015 pero la vuelves a definir en 2017 y 2020 supongo que porque no ha parado de haber elecciones en este tiempo. Las palabras son dúctiles, son flexibles, se estiran, se encogen, a veces significan muchas cosas distintas y, en ocasiones, incluso antitéticas, también en el diccionario ortodoxo. Enervar es tanto poner nervioso como aflojar. Escatológico atiende tanto a lo más sagrado y trascendental como a lo más bajo, cualquiera que no sea teólogo suele usar la segunda acepción, pero la primera también existe y no en vano en eso consiste la ironía, en decir algo enunciando exactamente lo contrario a lo que uno quiere decir.

Las siete elegidas, ¿pasan algún otro filtro que no sea el suyo?

No molesto a nadie con esto. La prueba la hago conmigo mismo. Nunca me ha dicho nadie qué puedo escribir y qué no y no he tenido nunca que pasar un filtro. Las mando los domingos y las lanzo en una botella al mar y doy por hecho que se publicarán como han sido escritas.

¿Hay palabras para las que no encuentra definición o definiciones que no encuentran palabra?

Las dos cosas han pasado, la primera, sin dramatismos. No tienes una palabra que dices: “algún día tal vez si me esfuerzo lo suficiente...” Para empezar, siempre las defines, de alguna manera, si no es a la primera, las acabas entrenando lo suficiente como para que por fin estén bien. Siempre he pensado que, si no sabes qué escribir, escribe, porque si tienes algo roto ya tienes algo que arreglar y, una vez arreglado, ya está bien. Sí que tengo definiciones para las que todavía no he encontrado palabras, no es frecuente, pero sucede. Encuentro enunciaciones que creo que son poéticas o poderosas o resonantes y les falta el verbo o el sustantivo que las sustente.

Por ahora, ¿sigue con ganas de seguir definiendo palabras?

Sí, las setenta palabras del vivero son mi canario en la mina, cuando me cueste mantener la nevera llena será el momento de abandonarlo antes de que baje la calidad del proyecto. Para mi sorpresa, aún no ha sucedido, pensé que sería al tercer o cuarto año, así que, no voy a reflexionar demasiado sobre ello. Tomarán la decisión las palabras por mí. Nosotros jugamos con las palabras, pero ellas también juegan con nosotros.

Durante estos años ha tenido más presencia en el ámbito literario, ¿es algo buscado o surgió así?

Lo he buscado porque, en mi caso, no hay cámara sin pluma ni pluma sin cámara, es una forma de expresión que amo y siempre las he cultivado en paralelo. Si todo va bien, lo siguiente será una película.

¿Y puede contar algo de ella?

Como bien sabes, nada, porque los proyectos solo son interesantes cuando dejan de serlo y solo merece la pena hablar de ellos cuando son obras.

¿Qué palabra elegiría para definir un día como hoy?

Haría todo lo posible por evitarlo, del mismo modo que eludo siempre la actualidad, precisamente, para regalarme libertad, que es lo único que me doy como creador, toda la libertad posible, así que, cada vez que algo tiende a la solemnidad rompo un vaso. Si me piden que defina con una palabra los tiempos que corren rompo lo antes posible un vaso y defino, porque sí, yogur, que es leche caducada a punto de caducar.

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