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El Ayuntamiento buscará en Sagrada Familia y Labañou a jóvenes con dificultades sociales

Seis educadores abordarán a adolescentes para prevenir conductas de riesgo y consumo de alcohol y drogas

Centro cívico de Labañou. Carlos Pardellas

Media docena de educadores sociales contratados por el Concello de A Coruña recorrerán las zonas de Labañou, As Conchiñas y Sagrada Familia durante al menos un año, para encontrar a jóvenes que se encuentren en “riesgo de exclusión” o tengan “dificultades en su desarrollo”. Buscarán ayudarles a dejar conductas negativas como el abandono de los estudioso el consumo de “alcohol y drogas”, así como fomentar alternativas de ocio “saludable” y guiarlos ante los problemas de la adolescencia.

El Ayuntamiento ha sacado a concurso este servicio por algo más de 127.000 euros, y tendrá una duración de un año, si bien se puede prorrogar otros dos. Según explica la edil de Bienestar Social, Yoya Neira, los educadores sociales recorrerán las calles de los barrios elegidos de martes a domingo, “sobre todo en horario de tarde”, y, si bien el foco de las intervenciones serán adolescentes entre catorce y 20 años, el proyecto abarca edades de doce a 30.

Los trabajadores irán a los lugares en los que los jóvenes que pueden estar en riesgo “se mueven más en grupo”, como los parques y las plazas. “Esto nos vale para conocerlos, sin esperar a que toquen en la puerta del Ayuntamiento o de entidades” explica Neira, y ver “si pueden existir problemas de consumo, hábitos no adecuados o riesgo importante de que no se acabe el periodo formativo” en un periodo en el que resulta “más fácil” intervenir.

También realizarán actividades formativas en materia como sexualidad e higiene, realizarán “control y prevención del absentismo” y organizarán iniciativas deportivas, de ocio y culturales. A los jóvenes que lo requieran les darán apoyo y asesoramiento en materia laboral.

Esta filosofía, defiende la edil, permite la “detección precoz” de los problemas para evitar que “puedan ir a más” en una edad en la que, indica, la gente no se acerca a los servicios sociales o es consciente de que necesita ayuda para cambiar hábitos, pero en la que “según las decisiones que se tomen uno puede ir orientado hacia vida una normalizada o hacia otra al margen de la sociedad”.

El proyecto tendrá como bases los centros cívicos de Sagrada Familia y de Labañou (este también servirá para cubrir la zona de As Conchiñas), elegidos porque en su ámbito de actuación existe una “importante población de usuarios de servicios sociales”.

Neira no aclara si se extenderá a otras zonas, aunque indica que desde los servicios sociales municipales “nos vamos a ir adaptando” y que el trabajo con adolescentes es “prioritario”. La iniciativa, señala la concejala, ha derivado precisamente de un proyecto piloto menos ambicioso en la época de Marea que “dio una experiencia positiva”.

Sin “adoctrinamiento”

¿Y cómo ganarse la confianza de jóvenes a los que se aborda en un parque? Neira asegura que los trabajadores tendrán perfiles profesionales que se adapten a las necesidades del puesto, entre ellas la “mano izquierda” y el estar “acostumbrado a tratar con gente joven”. Se establecerán “relaciones de confianza, una intervención puntual no vale”, explica la concejal.

También aclara que no habrá “adoctrinamiento ni obligación” hacia los jóvenes como parte del programa, y que los trabajadores no serán tutores sino personas de apoyo a los que los usuarios podrán dirigirse “cuando lo necesiten o quieran”; una filosofía necesaria porque se intenta abordar a personas ante los que han “fallado las estructuras tradicionales” y no confían en ellas.

Así, los educadores se ofrecerán a ayudar “de forma no invasiva y que no les haga sentirse tutelados”, explica la edil, que compara la “filosofía” de este programa con el centro juvenil Remanso, abierto este año: “los chavales entran y hacen lo que quieren, con monitor o no. Esto es para gente que no va a los espacios tradicionales, que están en la plaza de Labañou y vamos nosotros a por ellos”.

Trabajo en “red” y con familias

Neira también indica que los educadores sociales (que tendrán un coordinador, el séptimo trabajador del contrato) actuarán en “red” con los servicios sociales del Ayuntamiento y programas como los de ayuda a personas en riesgo de vulnerabilidad de la empresa municipal Emalcsa. Muchos de los jóvenes, indica, provendrán de familias que ya hacen uso de los servicios sociales, y si necesitan ayuda de estos “se pondrán en marcha todos los mecanismos” para atenderlos.

El contrato indica que los educadores sociales deberán conocer la “realidad” de los barrios en los que se muevan y, además de abordar a los usuarios en la calle, tendrán que contactar con profesores, médicos, asociaciones y parroquias para buscar situaciones de vulnerabilidad, además de “trabajar con las familias”. Entre sus deberes estará establecer una “red de colaboración” con los clubes deportivos de la zona para organizar actividades colectivas. Deben ser profesionales del “campo de la educación social, el trabajo social, la psicología, la pedagogía, la sociología y la participación ciudadana”.

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