Creo, y mucha gente del campo del cine lo comparte conmigo, que el cine es algo que pone en encuentro a quien hace cine y a quien lo ve. Unos y otros forman parte de una cultura de un espacio y un tiempo, en el que habitan. Para que esto sea posible hace falta un espacio de representación. Así que cerrar una sala de cine es cerrar una línea de comunicación, por lo que perdemos todos.

Cerrar un cine es cerrar un punto de encuentro. Esto tiene que ver con una canción de Vinícius de Moraes que dice que lo que la música hace es propiciar el arte del encuentro: el de la gente que hace cine con la gente que lo ve, así como el encuentro de la gente que va al cine. Nos encontramos con una pantalla en la que se proyecta una representación de la realidad y nos encontramos también con alguien como nosotros, que piensa como nosotros, que ve como nosotros y reflexiona desde su particular punto de vista sobre lo que acaba de ver. Esto es construir sociedad. Si el cine cierra perdemos este ámbito de encuentro y la capacidad de interpretar la realidad.

Si sumamos estas ideas nos llevan a entrar en una deriva que tiene algo de optimismo. ¿Por qué? Si cierra un cine, abre otro. Si el teatro acabó con el teatro y el cine con el cine y la televisión con la televisión, internet acabará con internet. Puede que de este tiempo a una parte aparezca una nueva forma, un espacio en el que la gente se pueda encontrar para seguir reflexionando sobre la realidad. No sabemos si se llamará cine, o audiovisual, o novela, o metadata o lo que sea. Esto continúa, no va a pasar nada porque desaparezca un cine: cuando alguien muere nace alguien, cuando algo se acaba algo nace. Por eso no veo este cierre como un problema sino como una transformación.

¿Qué supone el cierre de los Yelmo de Los Rosales? Aunque dé pena que desaparezca el encanto singular de un punto de encuentro de un barrio y de un cine que nació en un centro comercial, ni más ni menos que lo que ahora pasa es que se da un paso adelante en una relación que siempre tuvimos los seres humanos los unos con los otros. No es un trauma, es una transición.

Carlos Oro es director de documentales y uno de los fundadores de la Escola de Imaxe e Son da Coruña, donde es profesor de Realización.