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Lluvia y lágrimas por el fin del Entroido en A Coruña

Un Entierro de la Sardina oscuro y pasado por agua pone fin a un Carnaval con las restricciones del COVID ya olvidadas y que llenó las calles coruñesas de color y choqueiros

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A Coruña

Obispos, oficiales con gorra de plato, mariscales, trajeados portadores de féretro y múltiples paraguas. Una comitiva de vecinos remató este miércoles los días de fiesta del Entroido coruñés con el viaje fúnebre y Entierro de la Sardina, bajo una lluvia fría que parecía a propósito para lo triste de la ocasión. Los viudos y viudas vestidos de negro, entre llantos y lamentaciones, acompañaron a la figura en su último viaje, algunos cayendo de rodillas en postrer homenaje.

Asistentes al entierro.   | // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA

Asistentes al entierro. | // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA / Enrique Carballo

La Sardina, que simboliza el fin de una fiesta que se vivió este año en la ciudad ya sin restricciones por el COVID, fue velada en el Circo de Artesáns de San Andrés hasta que salió en torno a las 20.30 horas. La comitiva de plañideros, a cuyo paso la Policía Local fue cortando el tráfico, transcurrió por la Estrecha del mismo nombre, Marqués de Pontejos y San Agustín hasta María Pita. Los músicos iban abriendo la marcha con sus instrumentos.

La Sardina con acompañamiento musical y escolta.   | // C. /ROLLER AGENCIA

La Sardina con acompañamiento musical y escolta. | // C. /ROLLER AGENCIA / Enrique Carballo

Allí, en la plaza de la heroína coruñesa por antonomasia y ante el Ayuntamiento, la multitud de negro por el Miércoles de Ceniza le rindió homenaje a la figura con un responso. Pero, siguiendo la tradición y la naturaleza de la Sardina, su despedida final tiene que producirse junto al mar.

Los deudos, sin desalentarse por el agua, volvieron a ponerse en marcha recorriendo la cuesta de San Agustín, As Atochas, el Campo da Leña, Orillamar y San Amaro, para acabar en la playa del mismo nombre y darle reposo final (al menos por este año) a la Sardina en las aguas del Atlántico. También ayer tocó la desentronización del Dios Momo, que abrió el Carnaval, al que se despide no con agua, sino con fuego. La figura, aún vestida con el multicolor de los días más felices del Entroido, se convirtió con su trono y su corona en cenizas, de las que renacerá puntual en doce meses.

Las fiestas de este año dejarán recuerdos para aguantar hasta retomar los disfraces en 2024, como las de la alcaldesa, Inés Rey, caracterizada de Shakira y repartiendo los premios a los mejores choqueiros en el Martes de Carnaval, o los versos de la comparsa Pantaleón, que ganó el concurso de este año con una denuncia de la inflación cantada con disfraces de mariposa.

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