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La “perfecta locura” de Benedeti, hijo de Shackleton

El cineasta coruñés regresa de la Antártida, donde grabó imágenes de su trilogía documental “imbuido por el espíritu polar”

Ignacio Benedeti, en el Valle Seco de Taylor.

Ignacio Benedeti, en el Valle Seco de Taylor. / Gary Roberts

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A Coruña

“Creo que mi documental no se titulará Alén da fin do mundo, sino Perfecta locura antártica”. Una locura “alucinante”, “compleja”, “inolvidable”. Son calificativos para un viaje hasta los confines del planeta que acaba de terminar el cineasta coruñés Ignacio Benedeti. El pasado 13 de febrero voló a Nueva Zelanda para iniciar allí un recorrido por mares y tierras de la Antártida para grabar imágenes con las que profundizar en el fenómeno del calentamiento de la Tierra. De nuevo con el cine como vehículo científico y divulgador, como el empresario y coleccionista había hecho años atrás con A Spitzbergen: O gardián do Ártico y Odisea en Groenlandia, también partes de la trilogía documental Stop Calentamiento Global.

Ignacio Benedeti en la cabaña de Scott junto a la base McMurdo en la Antártida.   | // GARY ROBERTS

Ignacio Benedeti en la cabaña de Scott junto a la base McMurdo en la Antártida. | // GARY ROBERTS / R. D. Rodríguez

“Ahora voy a revelar el metraje yo solo. Me siento imbuido por el espíritu polar, como Shackleton en solitario en sus viajes por la Antártida”, confiesa Benedeti. Aterrizó ayer por la mañana en A Coruña con una hora y media de película grabada en las 6.209 millas náuticas y en los desplazamientos en helicóptero que le llevaron de Invercargill (Nueva Zelanda) a las islas glaciares de Balleny, el cabo Adere, el cabo Hallet, la isla Inexpressible en el mar de Ross, los volcanes del monte Terror y el monte Erebus, la cabaña del explorador Robert Scott, la base norteamericana de McMurdo, los valles secos de Taylor, el mar de Amundsen y el mar de Hoces (paso de Drake) hasta Ushuaia, el fin del mundo en el sur de Argentina, desde donde regresó a España.

La ruta planificada la completó casi según lo previsto, le faltó pisar la isla volcánica de Pedro I en el mar de Bellingshausen, donde apenas un centenar de humanos han podido estar a lo largo de la historia, inaccesible por “la niebla y el viento atroces” que imposibilitaron acercarse al helicóptero a los acantilados. Pero el “frío terrible”, con -30 grados centígrados el día con mejor clima, no impidió el asombro de vivir la experiencia de caminar por los valles de Taylor, pasar por encima del polo sur magnético o entrar en la cabaña de Scott, donde también estuvo Ernest Shackleton antes de llegar hasta el punto más meridional jamás hollado por el hombre en la Antártida.

Este ha sido el tercer viaje polar de Benedeti a los polos del planeta. En el primero rodó íntegramente con película de Super-8 en el archipiélago desolado de Spitsbergen, en el Ártico. En el segundo, que aún está en fase de postproducción, grabó en Scoresby Sund, el fiordo más largo del mundo, en Groenlandia, donde filmó con emulsiones negativas Kodak Vision de Super-8 el deshielo masivo de la inmensa isla danesa. De la Antártida prevé extraer entre 70 y 80 minutos de exploración extrema. Completamente cubierto por su ropa de abrigo y evitando que sus lágrimas se congalasen, allí Benedeti cambiaba sus cartuchos de película con capacidad para dos minutos de grabación. “Una penuria, a 40 bajo cero”, recuerda. Documentalismo científico con el espíritu de Shackleton.

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