Entrevista | Miguel Alcantud Escritor, cineasta y guionista, autor de ‘Una vez fuimos famosos’

“Se puede decir que la novela es un estudio sobre el mal”

“Soy un absoluto creyente de la reinserción más que del castigo”

Miguel Alcantud (Cartagena, 1971) ha dirigido cuatro películas y más de 60 capítulos de series como El Ministerio del Tiempo, Águila Roja o El Internado. La pandemia le llevó a sentarse en su escritorio y de ahí nació su primer libro, Incertidumbre. Ayer presentó el segundo, Una vez fuimos famosos, en la librería Bululú.

Usted parte de un caso real, el de dos niños de Liverpool que con 10 años mataron a un bebé de dos años. ¿Cómo le llegó esta historia y de qué manera le impactó para escribir ese libro?

Oí la noticia en el telediario cuando ocurrió. Hace ya 30 años. Se me quedó dentro. No tanto el horror, porque es espantoso, sino qué hay detrás de esto, qué le pasa a dos niños de 10 años para retroalimentarse de esta manera y hacer una cosa así. Te planteas un montón de cosas sobre el mal. Se puede decir que la novela es un estudio sobre el mal en muchas y distintas facetas que, al final, todos tenemos dentro. Pero lo tenemos dentro en otros niveles, domesticado...

¿Se nace siendo malo o se hace? ¿Cuál es la naturaleza de ese mal?

Esa es la gran discusión en la que nadie se ha puesto de acuerdo. ¿El mal existe, el mal viene dado por cosas de educación, del pasado, por traumas...? O realmente lo tienes de fábrica y lo que aprendes es lo contrario. ¿Por qué están tan de moda los true crime? ¿Nos gusta ver cómo matan a la gente y nos gusta deleitarnos con el horror? Ese morbo existe. Es casi naturaleza humano, pero la mayoría lo vivimos como espectador.

En su libro son tres niños pequeños los que cometen el crimen. Parece todavía más turbio y siniestro que que sea un adulto.

Claro. Ahí se supone que todavía no has tenido tiempo de desarrollar tu maldad, por decirlo de alguna manera. La mayor parte de los crímenes suceden a partir de unas edades. Te planteas el qué le pasa en la cabeza a esta gente para hacer eso. Y no solo eso. Después de hacer eso, ¿qué les pasa? ¿cómo son? ¿qué efecto puede tener en ellos un centro de reforma que llega hasta los 18 años? ¿qué pasa cuándo les sueltan, siguen con eso dentro? ¿La maldad se cura? Hay un montón de reflexiones que la novela no pretende solucionarlas sino que puedas planteártelas. Va abriendo preguntas más que dando respuestas.

¿Es posible la reinserción? ¿Es un trabajo del delincuente o también de la propia sociedad?

Ese es el objetivo de la reinserción. Yo personalmente soy un absoluto creyente de la reinserción más que del castigo. Si una persona está en la cárcel, aparte de para castigarle, es para que no lo vuelva a hacer. Se supone que es parar intentar recuperar los daños que tengan que les han hecho hacer lo que hicieron y darles las herramientas para que no lo hagan. Pero hay muchos casos y cada uno es individual. Generalizar es muy osado.

En su libro consigue que el lector empatice, por momentos, con los protagonistas a pesar de que hagan cosas malas.

Claro, porque ves que hay un esfuerzo. Uno de los protagonistas, Vito, sabe que tiene el monstruo, que le han dado las herramientas para tenerlo dormido, pero lo tiene. Ese es el gran reto. ¿Cómo puedes llegar a querer a tres personas que han hecho una cosa tan monstruosa? En ciertos momentos de la novela, llegas a querer a los tres. Al final, son personas. Nadie es malo 24 horas al día. Igual que no existe el bien absoluto tampoco existe el mal absoluto.

¿Esa maldad también depende del entorno familiar?

Claro. En Estados Unidos, la mayor parte de los asesinos en serie vienen de familias rotas y desestructuradas, con violencia. Entiendes que estos traumas les causan un daño que les empuja a hacer daño. Pero tampoco son todos los casos. Ahí viene la reflexión.

Choca que, en el caso de sus protagonistas, no haya arrepentimiento.

No hay una empatía. Saben que han hecho una cosa que no está bien, pero no hay un arrepentimiento real. Mi idea era que fueran tres personajes muy distintos que cada uno viviera el mal desde un ángulo muy diferente.

Un día fuimos famosos. ¿Por qué ese título?

Ellos viven desde esa fascinación. El éxito no es haber matado a un niño, es que son conocidos por ello, son alguien.

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