Aprender a improvisar para reír y compartir

Víctor Grande y Oswaldo Digón imparten en su escuela un taller de improvisación que “sirve de terapia” y aprendizaje

Víctor Grande y Oswaldo Digón, en su local.   | // VÍCTOR ECHAVE

Víctor Grande y Oswaldo Digón, en su local. | // VÍCTOR ECHAVE / Ana Carro

La vida es reír, jugar, aprender, compartir, equivocarse y volver a disfrutar. O así lo entienden Víctor Grande y Oswaldo Digón y así se lo trasladan a los alumnos de su escuela de improvisación. Son maestros de este arte teatral y comparten sus secretos con niños y mayores. Algunos quieren dedicarse a ello y otros solo buscan un rato de disfrute entre la rutina. Hay sitio para todos. “Vemos perfiles de todo tipo, desde el que viene solo a divertirse al que ya tiene formación como actor o quiere empezar en el mundo de la comedia”, explica Grande, que anuncia un nuevo taller de iniciación en su local en la calle Manuel Deschamps para los días 18 y 19 de julio.

A ambos les hace feliz la improvisación y eso se nota en la escuela, que arrancó el año pasado. “Llevábamos mucho tiempo impartiendo talleres de improvisación teatral y actuando juntos hasta que decidimos que era el momento de tener un espacio propio”, recuerda Víctor Grande, quien desvela que él también se quedó prendado de este arte al ver a Oswaldo Digón sobre su escenario. “La primera vez que vi impro fue viendo a Oswaldo hace muchos años. Ahí dije ‘yo quiero hacer esto, quiero aprender”. Dicho y hecho. Y desde eso ha pasado ya casi una década.

Es por eso que Grande, en muchas ocasiones, se siente identificado con sus alumnos, que también entran en este nuevo mundo con curiosidad y luego, de tanto que les gusta, no pueden salir. “Las clases son muy divertidas. Es como una terapia. En uno de nuestros grupos hasta se hizo una pandilla de amigos que quedan fuera de las clases y hacen muchas cosas juntos”, comenta. Con el objetivo de “descubrir el mundo de la impro” a todo el que quiera conocerlo, la escuela de Digón y Grande ha ido creciendo con hasta tres niveles: iniciación, medio y avanzando. De hecho, algunos alumnos se subieron al escenario con los dos maestros en el Encontro Mundial de Humorismo que se celebró hace unos meses en A Coruña. “Y nos gusta ver que algunos alumnos ya están preparando espectáculos propios”, añade Grande.

La propuesta de los días 18 y 19 julio pretende servir de “diversión” pero también cabe la posibilidad de que “le pique el gusanillo a alguien y se anime a apuntarse al curso regular a partir de octubre”, aventura Víctor, que desvela que uno de los retos de la escuela es “llegar a escuelas, a empresas y a otros sitios” para seguir difundiendo el arte de la improvisación que, alerta, “engancha”.

Aunque la impro “tiene un componente de lo que lleva uno dentro”, también se puede aprender. Y eso es lo que quieren transmitir desde su local en la calle Manuel Deschamps. “Hay una serie de reglas no escritas y un orden de como salir a hacer las cosas”, cuenta, y explica como ejemplos que “no se puede decir que no, que no hay errores, que las preguntas al aire son como disparadores creativos y que hay que ayudar siempre al compañero”. “Hacer que brille”, insiste sobre algo que saben muy bien tanto Grande como Digón.

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