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Las víctimas del cambio climático: las algas del Aquarium y los percebes de A Coruña

La temperatura de las aguas, que ha alcanzado un récord mundial este año, explica las altas capturas de pota, mientras que desaparecen bosques de plantas acuáticas

Rocas de la costa de A Coruña.

Rocas de la costa de A Coruña. / Casteleiro/Roller Agencia

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El cambio climático es una realidad palpable, no solo en la tierra sino en el mar. Este mes, de acuerdo con el servicio de cambio climático de la Unión Europea, Copernicus, se batió el récord registrado de temperatura media de la superficie marina: casi 21 grados. Los científicos advierten de que este fenómeno tendrá consecuencias globales (por ejemplo, el agua cálida absorbe menos dióxido de carbono), y las aguas más cálidas afectan a algunos de los ecosistemas marinos más conocidos, como los corales. Pero el cambio se ve también en las playas y rocas de la costa coruñesa, en sus muelles, en la lonja y en las pescaderías. Según investigadores, y el mercado de pescado, están desapareciendo algunas algas, apareciendo especies exóticas, y transformándose el comportamiento de las pesquerías.

Los cambios son paulatinos. El biólogo Alfredo Veiga, trabajador del Aquarium Finisterrae, advierte de que el calentamiento “es un fenómeno global” y de que, pese a su importancia, no debemos esperar de él modificaciones bruscas o exageradas. “No es que se aprecie de repente que esto se volvió el Trópico y que llegue fauna exótica y organismos marinos de mares tropicales”, explica, sino que “se nota en procesos que van cambiando de forma sutil, y poco a poco”. Y, aunque el biólogo señala que “se ve que aparecen cada vez con más frecuencia visitas de especies propias de aguas más calientes, y también se empiezan a ver más cerca de la costa otras más propias de aguas más profundas”, no han aparecido especies invasoras que supongan un gran cambio para el sistema.

Pero algunos cambios son ya visibles para el presidente de la lonja de A Coruña, Juan Carlos Corrás, que señala que en el sector “notamos un distinto comportamiento de las capturas de las especies de aquí”, incluidas las que son más relevantes para los buques con base en los muelles de la ciudad. Por ejemplo, “llevamos un par de años donde la caballa va a aguas más de fondo, menos de costa, escapando un poco del litoral”, un comportamiento que Corrás atribuye a que “el agua está más caliente”.

Otra especie en la que “se ha notado el patrón” es la pota. Esta especie de molusco, semejante al calamar se convirtió el año pasado, en la criatura más descargada de la lonja coruñesa. Cayeron en las redes de los barcos que abastecen al mercado de la ciudad más de 6.000 toneladas, superando la quinta parte de todas las descargas. La cifra se triplicó, prácticamente, en relación al año anterior, y fue la que permitió salvar los números del mercado de pescado, perjudicados por las huelgas y el aumento del precio de los combustibles. En cuanto al bonito, “hace poco tuvimos unas descargas que nunca habían venido tan pronto aquí” porque se adelantó la subida a Irlanda.

En cuanto a otras especies, como la cigala, se ha visto “un aumento” pero Corrás duda a la hora de atribuirlo a los cambios en temperatura. “No sé hasta qué punto es en base a que estas favorecen más o menos: habrá un poco de todo, parte de temperatura, parte de la situación de los distintos recursos”, y las especies también tienen ciclos de productividad. A los que sí “perjudicaría” el calentamiento global, considera, es a especies como el percebe, que “no pueden escaparse”, aunque indica que como estas variedades suponen “cantidades pequeñas” para la lonja, “no se nota tanto la diferencia” desde el mercado coruñés.

Pero para el patrón mayor de la Cofradía de A Coruña, Javier Mariñas, el cambio climático sí que parece estar afectando a las existencias de molucos y, por ende, a los mariscadores. “Los compañeros de percebe me comentaban que las larvas se caen” de las rocas a las que deberían aferrarse, pues, según explica el cofrade mayor, “con el agua caliente se despluma la piedra”, algo que también ocurre con las crías de mejillón. “No son capaces de fijarse”, resume el patrón.

Mariñas relaciona estos problemas, que ya se llevan apreciando varios años, tienen que ver con el calentamiento global, aunque también considera que los moluscos pueden verse afectados por los vertidos sin depurar que contaminan al océano. En todo caso, explica el cofrade, las consecuencias son negativas para los trabajadores del mar, y el aumento de la temperatura de las aguas desorienta a los crustáceos, porque descoyunta la forma que tienen para regular su ciclo vital.

Estas especies, explica Mariñas, saben qué estación del año es en base a la temperatura de las aguas. Los picos de agua caliente fuera de temporada, en opinión del patrón mayor, “hacen que las especies pongan cuando están inmaduras, van alterando los ciclos de crecimiento”, lo que perjudica a las poblaciones.

Y, finalmente, los cambios perjudican a las especies comerciales indirectamente. “Los compañeros que capturan erizo”, una especie que se recolecta sumergiéndose, “me comentan que el fondo está pelado de algas”, explica Mariñas. La decadencia de las plantas acuáticas es un problema para este equinodermo de consumo humano, pues le sirve de alimento y conforma su hábitat.

Los bosques de algas se van

El biólogo Alfredo Veiga es prudente a la hora de atribuir los cambios en las especies de la zona de A Coruña al cambio climático y descarta un “cambio radical” que modifique completamente el bioma, pero sí indica que se están produciendo transformaciones entre las plantas acuáticas de ribera.

Hace unos años, en las rocas del exterior del Aquarium había un bosque de “laminaria prácticamente pura”: un alga “perenne, parda, grande”, que tradicionalmente colonizaba el litoral gallego y que muchas veces se aprecia en la bajamar. Pero “ahora no hay ninguna” ante el museo marino, y lo mismo ha pasado en zonas que Veiga conoce bien, como Malpica y Ares. El alga está en “recesión” en la costa gallega. “Si cuando hacía la tesis me dicen que iba a ver esto, no me lo creo”, resume.

Al menos por el momento, no hay ninguna especie que sustituya a la laminaria, y en su lugar “quedan fondos claros, limpios y con luz”. En cambio, una aglomeración de laminaria “era como un bosque tropical, bajo ella crecen un montón de cosas más”, como las algas rojas, y sirve como refugio a especies animales.

Otra especie que “formaba mantos bestiales en el litoral medio y está en recesión” es la correa o Himanthalia elongata, otra alga parda de color aceituna que, en primavera, genera unas cintas de un par centímetros de anchura que pueden alcanzar una longitud de dos o tres metros y son comestibles. “No hay tanta abundancia como había, lo saben mariscadores y cualquiera que visite el intermareal; a lo mejor vuelve a aparecer unos ciclos en unos años, pero ahora mismo, lo que está claro es que las poblaciones han ido a menos”.

La desaparición de las algas pardas, reitera Veiga, está “cambiando el aspecto de la costa” y perjudica a especies que viven en conjunción con ellas, desde el marisco a las maragotas o los sargos.

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