Unión en las calles de A Coruña contra la reacción

El feminismo se moviliza contra la violencia y las amenazas a los derechos conseguidos

25N | Manifestación en A Coruña por la eliminación de la violencia machista

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“En pleno momento reaccionario hay que reivindicar todas las cosas que nos unen y no todas las cosas que, como es normal en un movimiento crítico, causan discusión”, observa Miriam Couceiro, de la Plataforma Feminista Galega, antes de comenzar la marcha que ayer partió de la plaza del Obelisco de A Coruña para cruzar las plazas de Lugo y Galicia y terminar rodeando la Delegación del Gobierno.

Con la paradoja de mezclarse en las calles con el trajín del Black Friday, los cientos de personas que secundaron la convocatoria de la Plataforma Feminista Galega y la Marcha Mundial das Mulleres emprendieron el recorrido con el recuerdo de la última mujer asesinada, esta misma semana, todavía reciente en la memoria. “Tenemos que seguir saliendo para reivindicar que no pasen estas barbaridades, el derecho a usar nuestros cuerpos como nos de la gana, y que no haya una involución. Hay que evitar un retroceso, porque en momentos de cambios, nunca está nada definido, y parece que somos menores de edad permanentes”, urgió la portavoz de la plataforma.

Un llamado a la unidad con el que el feminismo quiere estrechar vínculos tras unos años marcados por las disputas internas del movimiento en debates concernientes al género, la prostitución o las realidades trans, y que este año busca destacar sus vínculos por encima de sus diferencias ante lo que consideran un enemigo común: la reacción antifeminista y el auge de la extrema derecha.

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“Cuanto mayor es la visibilidad, de un movimiento, mayor es la reacción en contra. Estamos en un proceso en le que ha habido un auge del movimiento feminista, la reacción antifeminista es mayor porque pretenden silenciarlo. Es importante seguir luchando”, observa Emma Álvarez, educadora social, que ayer acudió a la marcha igual que, explica, viene haciendo cada año desde hace ya unos cuantos. Y, advierte, no tiene pensado dejar de hacerlo. “Es muy importante seguir saliendo a la calle año tras año.. Las mujeres hemos sido invisibilizadas a lo largo de la historia. La violencia contra las mujeres va más allá de lo físico, también es el hecho de invisibilizarnos. La gente tiene que ver que no estamos solas, que somos muchas, que luchamos por nuestros derechos”, observa.

En medio de las proclamas tradicionales que claman que “Si tocan a una nos tocan a todas” o “Patriarcado y capital, alianza criminal”, se mezclaron este año algunos clamores de apoyo al pueblo palestino, que sufre estos días a merced de los bombardeos israelíes y con quien el feminismo mostró su solidaridad a través de lemas, pancartas y de algunos pañuelos palestinos —o kuffiyas— teñidas de rosa y violeta. Otras pancartas visibilizaban las distintas formas de violencia que las mujeres sufren diariamente y que van más allá de la agresión física: vejaciones, piropos, violencia obstétrica o la utilización de los hijos e hijas como medio para hacer daño a las mujeres, lo que se conoce popularmente como violencia vicaria. En medio de las pancartas, una acción simbólica llamaba la atención sobre la cotidianidad de estas agresiones: sobre la figura de una mujer vestida de blanco, que portaba un cartel de “Si sufres violencia, haz una señal”, quien se sintiese identificada por los reclamos anteriores podía dejar una marca roja. Al tiempo, la tela blanca acabó teñida en rojo. Entre las asistentes se intercalaban circunstancias, motivos, razones y distintas formas de ver el movimiento, pero también la transversalidad de las vivencias comunes.

“Estoy aquí hoy porque creo que es donde tengo que estar, donde tenemos que estar todas y todos hoy. Esto es una de las cosas que más nos debería preocupar hoy en día. Todos los días despertamos con titulares, con cifras terribles. No podemos normalizarlo. Hay que salir a la calle, que cada vez salga más gente”, invita otra de las asistentes a la marcha, Sara Fernández, funcionaria; que, no obstante, lamenta la desunión que ha protagonizado el movimiento en los últimos años. “Es una pena que, en vez de estar cada vez más unidas, haya cada vez más discrepancias, y a veces no nos demos cuenta de que todas luchamos por lo mismo”, aprecia.

Al término de la concentración, frente a la sede de la Delegación del Gobierno y formando un círculo, las portavoces de los colectivos convocantes dieron lectura a un manifiesto en el que recordaron a las hermanas Mirabal, “víctimas de un feminicidio y de la dictadura”. Patria, Minerva y María Teresa fueron encarceladas, violadas y asesinadas por mandato del dictador Trujillo, en República Dominicana. “En nombre de ellas, de la memoria feminista colectiva, y de todas las mujeres y niñas, ese día marca las luchas por el fin de las violencias”, recordaron las organizadoras, que hicieron suya la fecha para reclamar “resistencia contra un sistema que tiene todas las herramientas y el capital de su lado para someternos”. “No esperamos a la justicia de las leyes machistas, que dudan de nosotras en las agresiones. No vamos a esperar más, no podemos perder la vida. Estamos hartas de que nos maten ante la indiferencia del sistema, por eso llamamos a la organización y la lucha feminista”, manifestaron.