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La conexión de los murales de Lugrís en A Coruña con la moda gallega

La propietaria del edificio donde se encuentran los frescos entró en liquidación por aportar fondos para evitar el cierre de la empresa Viriato, lo que no llegó a conseguir

Edificios 25 y 27 de la calle Olmos, en cuyos bajos se hallan los murales de Lugrís.

Edificios 25 y 27 de la calle Olmos, en cuyos bajos se hallan los murales de Lugrís. / Iago López

A Coruña

La crisis de una empresa que fue emblemática en el sector textil de Galicia está detrás del abandono en que se encuentran los inmuebles números 25 y 27 de la calle Olmos en cuyos bajos se hallan los frescos de Urbano Lugrís que ahora pretende adquirir la Xunta y para cuya compra hay otros dos candidatos. Y es que los propietarios de ambos edificios son los mismos que los de la fábrica Viriato, fundada en 1959 en Ordes y que fue una referencia para la economía de su comarca, ya que al centenar de trabajadores que tenía en el momento de su cierre en 2016 sumaba los que desarrollaban su actividad en exclusiva para la firma en compañías auxiliares.

Tanto los edificios de Olmos como la fábrica Viriato eran gestionados a través de la sociedad Alameda de Órdenes, dedicada a la explotación de inmuebles y la elaboración de productos textiles, entre otras. Esta compañía, que fue fundada en 1998, solicitó el año pasado su entrada en concurso de acreedores de forma voluntaria y en la memoria que presentó en el juzgado explicó que durante los tres últimos años no había tenido actividad porque sus únicos ingresos procedían “del alquiler del bajo y primera planta del único bien inmueble de la empresa, calle Olmos 25 y 27” cuyo arrendatario era una empresa de hostelería de la que dice que “sufrió durante el año 2019 y 2020 una caída de ventas considerable debido al COVID-19, lo cual llevó a abandonar la locación con fecha 31 de diciembre”.

Mural de Lugrís en la bóveda del antiguo restaurante Fornos.

Mural de Lugrís en la bóveda del antiguo restaurante Fornos. / Irene Molina

A esta situación de falta de ingresos hay que sumar la insolvencia en la que se vio sumida la empresa, que justificó por su “endeudamiento excesivo como consecuencia de las deudas avaladas a la sociedad Viriato”, así por la imposibilidad de vender los edificios.

La crisis que atravesó la fábrica Viriato, que no solo disponía de la fábrica de Ordes, sino también de diez establecimientos comerciales, se agudizó en 2015, cuando tuvo que realizar un ERE que afectó a 40 de sus empleados y solicitó créditos a la Xunta y al banco Pastor. La firma, cuyo prestigio había conseguido que casi la mitad de su producción fuese adquirida por El Corte Inglés, perdió la fama que había alcanzado y a sus principales clientes, por lo que acabó echando el cierre y despidiendo a toda su plantilla.

Para intentar hacer frente a las deudas con quienes habían sido trabajadores de Viriato, los responsables de Alameda de Órdenes aportaron fondos y buscaron un comprador para la textil, aunque tan solo consiguieron traspasar en 2018 la marca a Jealfer, la división de moda de la conservera Jealsa, radicada en Boiro. En 2022 se renovó un acuerdo de venta de la empresa a extrabajadores y los bancos Santander y Sabadell, pero no se llegó a efectuar y la compañía fue liquidada y disuelta.

Pero para entonces Alameda de Órdenes ya acumulaba muchos problemas por su intento de salvar la firma textil, por lo que se vio abocada a entrar en concurso al acumular una deuda de 5,1 millones y disponer de unos activos de tan solo 850.000 euros que corresponden al valor de los dos edificios de la calle Olmos, de los que se reconoce que están “en mal estado de conservación”. Esto hace que la sociedad se encuentre en fase de liquidación y que tenga entre sus acreedores a extrabajadores de Viriato, empresas del sector textil, bancos, el Concello de A Coruña y la comunidad propietarios del edificio de la calle Olmos 29.

El informe concursal pone de relieve además que los dos inmuebles de Olmos están catalogados por el plan general de A Coruña, así como los murales de Urbano Lugrís del bajo y la primera planta, y que los daños que sufren los inmuebles obligaron al Concello a abrir en 2021 un procedimiento de deficiencias.

Doce obras en riesgo de “deterioro irreversible”

Urbano Lugrís pintó los doce murales que adornaron las paredes del entonces restaurante Fornos en febrero de 1951 mediante la técnica denominada a secco y con pintura al aceite sobre una base de yeso, mientras que las bóvedas de madera fueron cubiertas con una capa de mortero de cal y arena. El informe encargado por el Concello sobre su estado reveló que “conservan su integridad”, aunque indica que la actividad hostelera del local hizo que resultaran afectados por el vapor y el humo de la cocina y el producido por tabaco de los comensales, además de por el aire externo, la humedad y la iluminación del establecimiento.

De los doce, once necesitan una rehabilitación “urgente” para evitar un “riesgo de deterioro inminente e irreversible”, ya que dos están en estado “crítico” y otro en “súper crítico”. El estado de otros dos es “pésimo o muy malo”, mientras que en el resto es “regular o malo”. Entre los daños apreciados figuran grietas, manchas y restos de oxidación y de restauraciones parciales, hongos y la deformación de los muros, problemas que acrecienta la entrada de agua en el edificio.

La obra en peor estado es una en la que aparece una sirena, en la que se detalla su “degradación general” por la humedad, además de grietas y desconchados, por lo que “corre riesgo de desprendimiento”. También es muy malo el que muestra una localidad marítima con molinos de viento y veleros, afectado por la misma humedad que el anterior y también con “grietas de gran recorrido”. El que contiene la Torre de Hércules tiene múltiples desconchados y fue dañado por el humo de un incendio y por hongos. Para la restauración de los murales se propone la actuación de al menos cuatro especialistas que deberían trabajar durante cuatro meses.

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