Entrevista | Beatriz Noguerol Madre de un joven con Asperger y profesora, participa en la II Jornada sobre acoso escolar en alumnado con diversidad funcional, organizada por la Fundación María José Jove y Cogami
“La diversidad de mi alumnado me ayudó a ver y aceptar las características de mi hijo”
“La escuela tiene varias asignaturas pendientes. Una de ellas es la clara necesidad de intervenir en los patios y en los momentos de ocio”

Beatriz Noguerol, madre de un joven con Asperger y profesora. / Carlos Pardellas
“La sociedad debe entender que la diversidad es un factor de riqueza. Todos somos diferentes y todos nos podemos encontrar, en cualquier momento, en una situación de discapacidad”, reivindica Beatriz Noguerol, madre de un joven de 30 años con síndrome de Asperger y profesora, que hoy participará como ponente en Aprendiendo a incluir. II Jornada Discapacidad: acoso escolar y conductas adictivas, organizada por la Fundación María José Jove y Cogami (Confederación Galega de Persoas con Discapacidade) en A Coruña. El encuentro, que reunirá a escolares y educadores en la sede de la primera entidad, pretende “sensibilizar, desde una perspectiva práctica”, acerca de “la realidad de la inclusión en el ámbito educativo”. Beatriz ofrecerá su doble visión, como madre de un joven diagnosticado de Asperger “ya muy mayor, cuando tenía 17-18 años”, y como docente con más de tres décadas de profesión a sus espaldas. “La escuela tiene varias asignaturas pendientes. Una de ellas es la clara necesidad de intervenir en los patios y en los momentos de ocio”, considera.
“Basándome en la legislación actual y en el protocolo en vigor, me centraré en la definición de acoso como aislamiento, vacío y exclusión social, para ya después entrar en mi experiencia y en cómo lo veo desde la etapa de la Educación Infantil hasta finales de Primaria y, de ahí, hasta Secundaria”, avanza esta profesora que, en la actualidad, da clases en Primaria, aunque ha estado “muchos años en Infantil” y en “pedagogía terapéutica”. “Intentaré explicar cómo se da ese aislamiento y vacío social de los alumnos con diversidad funcional en las distintas etapas educativas. Desde Infantil, hasta Primaria, donde empezamos a ver ese aislamiento, sobre todo, en los patios y en los tiempos de ocio, siempre con la diferencia de que en esa etapa no hay una intencionalidad clara por parte de los niños. Es decir, un chaval de Primaria no se plantea: ‘No voy a ser tu amigo porque eres diferente’. Lo que sucede es que las diferencias hacen que no compartan los mismos intereses y, al no compartirlos, no hay esa inclusión social que debería haber”, apunta.
“Luego, ya en Secundaria, e incluso a finales de Primaria —prosigue—, el tema es más serio, porque ya no es solamente la visibilidad, sino que también entramos en el mundo digital, donde todo se complica todavía más porque, muchas veces, los chavales con diversidad funcional pueden encontrar un buen aliado en los juegos y en las redes sociales, donde no tienen que mostrarse tal y como son, sino que están un poco protegidos por el anonimato. Ahí sí son iguales a todos los demás, lo que hace que se genere en ellos una mayor autoestima, más confianza y, en muchas ocasiones, nos encontramos con temas de adicción”, anticipa Beatriz, sobre el “planteamiento” de su “charla” de hoy. “Hablaré de lo que veo en las diferentes etapas educativas y de cómo abordarlas. Más que de posibles estrategias, sobre cómo estar atentos para prevenir las situaciones de aislamiento, vacío y exclusión social que se pueden dar en esas fases, y poder hacer una intervención en base a ir superando esos problemas”, reitera.
“Eso en cuanto a mi experiencia profesional. A nivel personal, como madre siempre digo que la diversidad del alumnado que he tenido me ha ayudado mucho, mucho, a acercarme y a entender la problemática de mi hijo. Él fue diagnosticado de síndrome de Asperger ya muy mayor, cuando tenía 17-18 años. Hasta entonces, sí veíamos que había diferencias, pero no había un diagnóstico claro. Trabajábamos con los ojos vendados”, reconoce Beatriz, quien hace hincapié en que “las diversidades que sí iba viendo en la escuela” le “ayudaron a ver las características” de su hijo y “a aceptarlas”. “Creo que eso es una base para prevenir un poco el acoso porque, si somos capaces de aceptar tal y como es nuestro hijo, no tenemos esa intencionalidad (por lo menos a mí me pasó) de intentar que sea igual que los demás: ‘Estas son tus características y, con ellas, vamos a ayudarte a que hagas la mejor inclusión en la vida y participes de ella, pero sin olvidar tus propias limitaciones”, refiere.
"Generar una sociedad más sensible"
Considera Beatriz que es necesario “generar una sociedad más sensible” y que “visibilice mucho más la problemática actual”. “La educación es la base para poder cambiar la situación actual. Igual que antes comenté que en las primeras etapas educativas no hay intencionalidad, sí encuentras en el camino prejuicios y muchos problemas para aceptar la diversidad. Y, por desgracia, a veces esos prejuicios vienen del mundo de los adultos, no tanto del de los niños, lo que sucede es que luego se sensibiliza dentro de las aulas, que no dejan de ser un reflejo de lo que hay en la sociedad. Hay que seguir trabajando y dando pasos para que esto cambie, y eso se hace desde la educación”, reitera esta madre y profesora, antes de admitir que “la escuela tiene asignaturas pendientes”. “Una de ellas es la clara necesidad de intervenir en los patios y en los momentos de ocio. Los niños con diversidad funcional tienden a asociarse con otros pequeños como ellos, o tienden a estar solos, mientras los otros están a sus juegos. Intervenir en los patios es una forma de buscar soluciones, y también es importante estar muy atentos a los primeros signos. Luego ya hay otras asignaturas pendientes, como la bajada de ratios, mayor dotación, mayor formación para el profesorado… Es básico que exista una figura de orientación educativa, tanto por la parte del profesorado, como por la parte de las familias”, subraya Beatriz, quien reconoce que, “muchas veces”, las familias se sienten “muy solas”, de ahí que sea “fundamental esa figura de orientación educativa”, así como la presencia de asistentes personales en el aula. “Me parece básico para conseguir cambios”, recalca.
"En base, somos todos diferentes"
Incide Beatriz, en este punto, en que “la sociedad debe entender que, en base, somos todos diferentes”. “Otra cosa es añadirle el término ‘con discapacidad’, con lo cual el proceso a ciertas personas les cuesta más, y lo sacan más de su piel. Debemos comprender que todos somos diferentes y que la tolerancia es la base. Entender y tolerar la diversidad enriquece a la sociedad”, hace hincapié, antes de entrar a detallar cómo actúan los centros educativos ante el acoso escolar. “En estos casos, nos basamos en el protocolo que está en vigor desde el 22 de enero, que ya nos habla de los equipos de atención contra el acoso escolar, formados por distintos profesores del centro, miembros de la dirección, el departamento de orientación... y un docente que se encarga del proceso. Después están los planes de convivencia de los propios centros, que articulan y proponen las consecuencias de esas conductas. Nos basamos en eso a la hora de actuar”, apunta.
Cuenta que ella misma tuvo que “llevar un proceso de ese tipo”. “Muchas veces ves que la familia del acosador le resta bastante importancia a lo que está sucediendo, con frases del tipo ‘es que son niños’, ‘no pasa nada’, ‘es que se llevan mal entre ellos y por eso pasan estas cosas’… Es un poco complicado. La familia del acosado vive realmente situaciones muy duras. El proceso se articula a través de una serie de entrevistas con unos y otros, en las que el menor está siempre acompañado de un adulto. A partir de ahí, se toma una decisión y se lleva a cabo. Las consecuencias son variadas: desde un cambio de aula por parte del acosador, a una sanción de irse a su casa una serie de días, e incluso se puede llegar al cambio de centro escolar”, expone esta profesora, antes de incidir en que, “en cualquier caso”, es preciso “trasladar a las familias que nunca hay que minimizar este tipo de situaciones”: “Hay que encuadrarlas. Los niños se convierten en adultos, y esto trae consecuencias”.
“Hay otras dos cuestiones que me parecen muy importantes”, prosigue Beatriz. “Por un lado, la prevención y la alerta. Hay que estar atentos a las diferentes conductas de los niños, tanto en casa, como en los centros. Y también es fundamental generar en los chicos con diversidad funcional un clima de confianza y de autoestima. A veces, por pertenecer a un grupo, son capaces de dejar que se burlen de ellos y demás. La confianza y la autoestima, que se han de trabajar también desde casa y desde los colegios, tienen que ser la base para que estos chicos se acepten a sí mismos y sean aceptados por los demás”, concluye.
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