Casa Cuenca, de A Coruña, se reforma para volver a los orígenes

Recuperará su cartelería original y mantendrá los mármoles del mostrador cuando reabra en agosto

Fachada del ultramarinos Casa Cuenca en Marqués de Pontejos, cerrado por reformas, esta semana.   | // CARLOS PARDELLAS

Fachada del ultramarinos Casa Cuenca en Marqués de Pontejos, cerrado por reformas, esta semana. | // CARLOS PARDELLAS

Casa Cuenca, el clásico ultramarinos de la calle Marqués de Pontejos, cerró a finales del mes pasado para reformar su interior, pero su propietario, Faustino Fernández, promete que cuando reabran, en la primera quincena de agosto, habrá recuperado el “estilo” de “la época en la que empezó”, en 1947. “No va a tener que ver con un supermercado de ahora”, indica, ni en las apariencias ni en el modelo de negocio, ya que “vamos a seguir aconsejando al cliente y dando atención personalizada”.

El local, explica, necesitaba un cambio, ya que “llevaba 50 años sin tocarse” y había que realizar mejoras “por cuestiones de seguridad”. Por ejemplo, era necesario cambiar las partes de madera, y “hay cosas que no podemos tener, como el altillo que había, que tenía 1,30 metros de altura y en el que la gente corría peligro de darse un cabezazo”. Pero, explica Fernández, los propietarios van a “aprovechar” todo el material que se pueda, como el mármol del mostrador. En cuanto al escaparate, “vamos a hacer otro”, pero va a tener un diseño parecido, y sobre todo, se va a conservar “la esencia del producto y del momento”. “Va a quedar bonito, y creo que va a gustar”, resume.

Un elemento del ultramarinos que algunos clientes piensan que es original, aunque no es cierto, es el cartel del negocio, en el que se sigue promocionando como “provisionista de buques”. Pero aunque el cartel ya tiene años, explica Fernández, “no es el original”, pues lo arrancó un camión y “pusieron este de metacrilato”. “Estuvimos tratando de averiguar cómo fue el primero, e hicimos una cosa parecida, pero no hay ni foto”, indica Fernández, por lo que el rediseño ha tenido que incluir “un poco de intuición”.

El establecimiento debe su nombre al apellido de su primer propietario que lo fundó en 1947, y en 1953 pasó a una pareja sin hijos que a su vez se lo legó a Javier Mosquera y su primo Kiko. Estos lo pusieron en venta en 2021 y se lo traspasaron a Fernández, pero siguen formando parte de la tradición: Javier aconsejó a Fernández en el rediseño de cartel. Por encima de los cambios de manos, sigue el espíritu de vender productos de calidad.