Socorristas, en alerta aunque llueva

Un equipo de 57 profesionales velará por los bañistas en las playas de A Coruña este verano: “A veces podemos parecer pesados llamando la atención pero así no hay rescates”

Manuel Alfonso y Celia García, socorristas de la playa de Riazor, en su primera jornada de trabajo.

Manuel Alfonso y Celia García, socorristas de la playa de Riazor, en su primera jornada de trabajo. / GERMÁN BARREIROS/ROLLER AGENCIA

El sol tan solo hizo su aparición en A Coruña en las horas centrales del día, pero eso no fue obstáculo para que este sábado diese comienzo la temporada de playas con la presencia de 57 personas en Riazor, Orzán, Matadero, As Lapas, San Amaro, Oza y Santa Cristina, además de en O Parrote, aunque también pasarán de forma regular por las calas de Durmideiras. Los profesionales de este servicio permanecerán en sus puestos hasta el 15 de septiembre desde las 11.00 a las 21.00 horas.

La actividad se inició con pocos bañistas a causa de las nubes, el viento y el fuerte oleaje que marcaron la jornada en el litoral, pero a pesar de eso, ya en la mañana los socorristas de Riazor se vieron obligados a intervenir para auxiliar a un hombre que se adentró en el mar y no era capaz de salir a causa de la fuerza de las olas.

“Había tres nadadores y dos iban juntos y otro solo, aunque todo el mundo debería ir siempre con otra persona. Vimos que se pararon un poco y los compañeros de la zona de las Esclavas vieron que el que iba solo no llegaba porque estaba fatigado. Hizo un gesto con la mano y un socorrista entró al agua y lo sacó”, explica Manuel Alfonso, jefe del puesto de socorrismo de la playa de Riazor, sobre la intervención que tuvo que efectuar el equipo de este arenal sobre las 13.00 horas.

“Estoy preparando una oposición para bombero y pensé que qué mejor socorrista y después bombero, ya que parece que es el trabajo previo”, comenta sobre qué le impulsó a desarrollar esta actividad. Es el segundo año que trabaja como socorrista y recuerda que cuando el verano pasado empezó su labor los compañeros veteranos le instruyeron sobre lo que necesitaba saber de Riazor. “Me enseñaron muy bien las características de esta playa, las corrientes de determinadas zonas, los lugares que pueden ser más peligrosos, sobre todo la zona izquierda de la playa”, destaca de aquel momento.

A pesar de la formación que había recibido para poder trabajar, Manuel se vio sorprendido por la realidad del trabajo en la playa una vez que comenzó a realizarlo. “Esperaba que hubiera más rescates, pero aprendí que el buen socorrista no es el que más rescates hace, sino que el más previene y lo comprobé el año pasado porque solo tuvimos tres rescates”, señala, y añade: “A veces podemos parecer pesados porque siempre estamos llamando la atención, pero así no hay rescates”.

Celia García se estrena este verano como socorrista y también lo hace en Riazor, pero tiene una ventaja sobre otros novatos. “Llevo seis años haciendo salvamento deportivo y mucha gente que lo practica acaba trabajando de socorrista, por lo que al verlo tanto me animé, hice el curso y aquí estoy”, dice sobre los motivos que la impulsaron a iniciarse en esta profesión.

A pesar de su experiencia deportiva, reconoce que esta actividad “es muy diferente porque allí se trata de competir contra otra gente y ya está, pero aquí hay que trabajar en equipo y hay otros objetivos”. Al ser su primera jornada de trabajo, admite que tiene incertidumbre sobre la forma en que reaccionará cuando tenga que participar en una intervención: “Hasta que lo vives no sabes al cien por cien cómo va a ser”.

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Manuel comenta sobre esta cuestión que cuando los socorristas tienen que actuar por primera vez “hay muchos que se quedan paralizados y no hacen nada y otros que se crecen muchísimo, por eso entrenamos y nos preparamos para no achicarnos”. En el caso de su compañera, considera que está “más que preparada por su experiencia deportiva” y por el curso formativo con que la completó”.

Celia apunta además que “teniendo un buen grupo siempre vas a saber mejor cómo reaccionar porque te van a apoyar”, lo que para Manuel es “fundamental”. “Si no hay control y no somos equipo, no somos nada. Si hay un rescate y vamos todos allí, queda el resto de la playa sin cubrir. Hay que saber que tiene que entrar uno en el agua, que el compañero tiene que avisar y esperar el recibido, y que haya siempre haya alguien en la caseta, así como no hablar todos a la vez por el walkie”, indica sobre la necesaria coordinación.

Los días de afluencia masiva a las playas “pasan un montón tremendo de cosas, está la caseta llena continuamente y estás todo el día con tensión porque las rotaciones en la arena son largas e igual solo puedes estar media hora de descanso en el puesto”, destaca Manuel sobre esas jornadas, tras los que los socorristas vuelven agotados a casa. Al contrario de lo que se puede pensar, los días de mal tiempo no son de descanso para estos profesionales. “Siempre hay alguien que va al agua, en otras playas no ocurre, pero aquí es siempre, por lo que procuramos tener los puestos montados por si acaso aunque llueva”, detalla Manuel.

En su primer año de trabajo, el ahora jefe de puesto en Riazor no se vio obligado a actuar en un caso relevante, aunque sabe la frustración que supone no poder salvar a una persona. “El compañero que me formó atendió a un hombre que sufrió una parada cardíaca cuando estaba en el agua, lo sacaron y le hicieron la reanimación pero no se recuperó, por lo que fue un momento duro”, recuerda.

“Tenemos la suerte de tener equipo médico en esta playa, que es una maravilla. Mi trabajo es sacara a la persona del agua y después tengo a ese equipo que me va a asistir en todo lo que haga falta, lo que es una tranquilidad inmensa”, destaca de los medios de que dispone el puesto de Riazor.