SI NO LO LEO NO LO CREO

Un candado de enamorados en el puente de Alfonso Molina

Antón Peruleiro

Hace tiempo que lo de los candados de enamorados se nos fue de las manos. Roma o París son ejemplos de lugares en los que sus puentes se llenaron de esos pequeños cierres en los que los novios escriben sus nombres o la fecha en la que empezaron como pareja. La tradición —si es que existe— manda que en cuanto se cierra el candado, se tira la llave para simbolizar el amor inquebrantable. En algunos sitios hubo tantos tortolitos que los cierres que tuvieron que quitar porque suponían un riesgo. Dicen que esta historia nació de un melancólico cuento serbio de la Primera Guerra Mundial en el que se mencionaba el puente Ljubavi, en un pueblo de Serbia. Eso está bastante lejos de A Coruña, pero también se empiezan a ver por aquí. Si uno cruza el puente de Alfonso Molina, puede ver, de momento, un candado con forma de corazón rojo. ¿Habrá más?