La pensión de las coruñesas sube un 48% en una década, pero sigue a 400 euros de los varones

Los colectivos de jubilados de los sindicatos denuncian que las mujeres siguen teniendo menores cotizaciones y ven lejana la equiparación

La mitad de las pensionistas de la ciudad reciben menos de 942 euros al mes

Protesta para lograr la igualdad de sexos en las pensiones, en un acto de Modepen en 2021.

Protesta para lograr la igualdad de sexos en las pensiones, en un acto de Modepen en 2021. / Víctor Echave

La pensión media de las coruñesas ha subido un 48% entre 2013 y 2023, pero continúan a la misma distancia absoluta de los varones, algo menos de 400 euros. Los colectivos de jubilados y pensionistas de los sindicatos son claros: las mujeres siguen cobrando sueldos más bajos, y hasta que se garantice una igualdad laboral real y mejoren las políticas de conciliación, la brecha no desaparecerá. En términos relativos, la diferencia entre hombres y mujeres cae, pero lentamente. En 2013 la pensión promedio de las coruñesas era algo menos del 69% de la de los hombres, mientras que el año pasado se acercaba al 76%.

El coordinador de comisión gestora de pensionistas y jubilados de Comisiones Obreras en A Coruña, Ramiro Otero, señala que “la brecha se va reduciendo” pero “desde luego no es al ritmo ni en las condiciones que nos gustaría”, y admite que “va a ser difícil de cerrar por completo”. En las empresas, afirma, “sigue habiendo una discriminación respecto a la mujer, en salario y en condiciones de trabajo”, lo que se refleja en las cotizaciones y, por tanto, en las futuras pensiones. La equiparación, así, “no va a ser a corto plazo”. Hace una década las mujeres de la ciudad recibían unos 832 euros de media, esto es, unos 375 menos que un hombre. El año pasado, el último para el que el Instituto Galego de Estatística (IGE) ofrece datos, se ha subido a los 1.232 euros, 396 menos que los varones.

Victorino Ares es el portavoz del colectivo de jubilados y pensionistas de CIG en A Coruña, y califica la brecha de género que todavía se mantiene de “una animalada”. El aumento de las pensiones femeninas durante la última década, considera, tiene que ver conque se están incorporando, “por cuestiones de edad” mujeres que tuvieron “salarios más o menos consolidados”, en especial extrabajadoras públicas de sectores como la sanidad o la educación. Pero las mujeres, indica, trabajan más en sectores con “salarios más bajos” y continúa el problema “histórico” de que realizan “igual trabajo pero distinto salario” que los varones.

Para Ares, la solución pasa por elaborar “planes de igualdad real”, y que la mujer “no tenga que ser quien se coja la [baja] retribuida por cuidado de niños o mayores”, que lleva a “cotizaciones bajas”. “Un montón de factores implican que ellas tienen que rechazar ofertas laborales por cuestiones familiares”, explica, y añade que “el Estado tendría que estar aportando en ayuda social para que la mujer no tenga que dejar su puesto, o reducir la jornada”.

Aunque el portavoz del colectivo de CIG no se muestra en contra del complemento de maternidad para pensionistas, que en principio compensa las pérdidas en la vida laboral que les puso suponer criar hijos, considera que lo mejor sería asegurar que “no haya necesidad de renunciar al puesto de trabajo” en primer lugar. A esto añade la necesidad de que haya “equiparación salarial”, pues “sigue habiendo compañías con tres categorías profesionales con distinto salario, y las mujeres están todas en la más baja”.

Lo mismo opina el secretario general de la unión de jubilados y pensionistas de UGT en la comarca de A Coruña, Manuel Santiso, que considera que “las empresas quieren mantener esa brecha” de salarios entre hombres y mujeres, pues “para ellas es mucho mejor: si un hombre gana 1.500 y una mujer 900, ¿a quién contratan?”. Esto “no lo puedes hacer” estableciendo una diferencia de sueldo por sexo en el propio convenio, pues sería ilegal, por lo que Santiso considera que lo que se hace es crear categorías laborales con menos remuneración en las que acaban relegadas las mujeres. Desde UGT, afirma el secretario general de su unión de jubilados, en las negociaciones colectivas se intenta que “las categorías vayan equiparándose” para eliminar diferencias, pero “los empresarios son muy reacios”.

Sueldos en B y años de paro

Las cifras de medias de pensiones suben por las personas que perciben los ingresos más altos, pero, según los datos del IGE, la mitad de las pensionistas coruñesas cobran menos de 942 euros. Además de las cotizaciones más bajas por los menores sueldos y la necesidad de asumir cuidados, Santiso afirma que entre las pensionistas actuales había muchos casos en las que trabajaron en negro o sus empresas tardaron “uno o dos años” en darlas de alta. En tiempos del Sindicato Vertical del franquismo, señala, “empezabas a trabajar y no sabías” si la empresa estaba cotizando, y el trabajo en B se dio “más en mujeres que en hombres”. “En el sector del mar había muchas mujeres en puestos como limpiar el pescado, y cobraban todo en negro”, pone como ejemplo, y añade que muchas veces es difícil demostrar que uno ha trabajado en empresas ya desaparecidas y “llega tu jubilación y la pensión queda bajo mínimos”.

Desde la CIG, Victorino Ares indica que en la crisis de 2008 “cerraron muchas empresas” y trabajadores de más de 50 quedaron sin empleo y cobrando la ayuda para mayores, algo que se dio “mucho más en mujeres” por el impacto de sectores como la hostelería o el textil. A estas personas, con dificultades para reincorporarse en el mercado de trabajo, “les obligan a jubilarse cuando llegan a la edad de jubilación voluntaria”, lo que implica reducción del importe que perciben, y son “uno de los factores” que explica la existencia de pensiones bajas. Desde CIG, afirma Ares, apuestan por reducir los años de base de cotización para garantizar mayores prestaciones a personas que han tenido vidas laborales más cortas. “En mujeres incide muchísimo más”, señala.

Para Ramiro Otero, de Comisiones Obreras, la media “no da la realidad de lo que está pasando en las pensiones” y entre la generación del baby boom las mujeres tuvieron unas vidas laborales “bastante menores” que la de los hombres. “Siempre había periodos de desempleo, parada de trabajar por la atención familiar o por otras causas”, concluye.

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