Bodas de plata entre A Coruña y el mar: el Aquarium nació trayendo peces en furgoneta y ahora se llena de cruceristas

Empleados del acuario que vieron sus inicios hace 25 años recuerdan con “morriña” cómo A Coruña se volcó en el museo: “Estábamos abiertos hasta las once de la noche”

Carlos García, Francisco Armesto y Lorena Hernández, en la sala Nautilus del Aquarium.   | // IAGO LÓPEZ

Carlos García, Francisco Armesto y Lorena Hernández, en la sala Nautilus del Aquarium. | // IAGO LÓPEZ

El Aquarium Finisterrae, el más joven de los museos científicos coruñeses, cumplió este mes los 25 años, y el tiempo no ha borrado el recuerdo de sus primeros días en los empleados del centro que ayudaron a inaugurarlo. “Morriña” es la palabra que emplea el actual director, Francisco Armesto, cuando rememora cómo diseñó sus exposiciones. Lorena Hernández, ahora jefa de salas y monitora didáctica el primer año, recuerda que “la acogida fue tan buena que abríamos dos horas más, estábamos abiertos hasta las once de la noche”. Y Carlos García, biólogo y responsable de dos de las salas, cuenta que “éramos muy pocos, pero era todo ilusión”.

García, de hecho, lleva en el Aquarium desde antes de que abriera, pues lo contrató la constructora para ayudar a conseguir los peces. En general vinieron de “barcos pesqueros comerciales” que trabajaban con los artes que los biólogos sabían que capturaban determinadas especies. “Localizábamos a un patrón, le poníamos los tanques y soporte vital, les explicábamos cómo tenían que hacer y nos llamaban: estábamos abiertos a cualquier hora del día y de la noche”, indica el biólogo, que agradece el espíritu “altruista” de los pescadores gallegos. Los biólogos recogían los animales con una furgoneta y al principio los volcaban en la piscina exterior, “lo único que había con agua” en el acuario. Tras su apertura, siguió trabajando en el centro, y recuerda que en los inicios “la gente estaba muy ilusionada, nos quedábamos a dormir si hacía falta, y a nivel de público era una pasada”.

También estaba desde antes de la apertura Francisco Armesto, que era personal municipal de Museos Científicos. “Fueron momentos muy bonitos, intensos de dedicación”, pese a que había “mucho trabajo” y agradece haberlos “compartido con Paco Franco, el anterior director”, ya fallecido.

Una de las ideas de Armesto hace un cuarto de siglo se convirtió en una de las señas de identidad del acuario: la de utilizar las preguntas de los niños para presentar los contenidos del museo “en vez de que los especialistas decidiéramos hablar de esto o lo otro”. Los escolares de toda Galicia les mandaron “cientos” de preguntas a través de un concurso abierto y los encargados de diseñar las exposiciones las usaron para “titular los módulos”. En estos se pueden ver interrogaciones como “¿Dónde se mete el agua cuando baja la marea?”, y para el director a un adulto nunca se le hubiera ocurrido “una perspectiva tan inocente y tan bonita” como esa.

Armesto ya había participado en el diseño de la Domus, pero en comparación con los otros museos científicos el Aquarium “era un proyecto de mayor envergadura”, tanto por la extensión como por la necesidad de mantener con vida a los peces y otros seres vivos que alberga. “En otros museos lo que ves es lo que hay: aquí solo ves una pequeña parte de lo que hay. Necesitamos cuarentenas, salas de filtro, de bombeo, laboratorio, talleres”, explica.

Armesto es director del acuario desde hace unos tres años, si bien entre la inauguración y su designación estuvo colaborando en la elaboración de exposiciones, y señala que aunque el centro “parece el mismo” que hace 25 años, ha habido cambios importantes, como la nueva captación de aguas tras el Prestige, pues la anterior “no era todo lo segura que debía”. Antes el líquido entraba prácticamente desde la superficie del mar, y ahora lo hace “a 200 metros en la bahía del Orzán, y a 20 de profundidad”. Otro de los retos fue la introducción de las focas, hoy uno de los emblemas del Aquarium pero que estaban ausentes en sus inicios. García añade que va habiendo novedades con los animales más populares: tras la película Buscando a Nemo “todo el mundo preguntaba” por los peces payaso, y ahora los niños preguntan por los ajolotes porque “parece que hace furor un videojuego” en el que salen.

Cambio climático y cruceristas

Armesto señala que también ha cambiado el énfasis “en la crisis ambiental que estamos viviendo: cuando se creó el acuario ya se hablaba de ella, pero no con la alarma y preocupación de hoy día”. De esto da fe Lorena Hernández, que explica que “intentamos concienciar con respecto al respeto y cuidado del medio ambiente”. Aproximadamente la mitad de los visitantes del Aquarium son escolares, tanto de Galicia como del norte de Portugal, Asturias o Castilla y León, y algunos vienen de escuelas infantiles, por lo que el centro, que ahora alberga una exposición sobre la contaminación e imparte visitas específicas sobre cambio climático, es importante a la hora de concienciarlos. “Acabas respetando y cuidando aquello que conoces”, resume Hernández.

El acuario también ha notado, en cuanto a público, el aumento de visitas de cruceristas. Y ha crecido la oferta de actividades, que “nos fueron demandando los profesores” de las escuelas visitantes. Según explica la jefa de salas, “los primeros años los grupos entraban y hacían visita libre con los docentes”, pero los trabajadores empezaron a ofrecerles talleres y visitas guiadas, que tuvieron “muchísimo éxito”. “Ahora todos los grupos piden un taller, una actividad en la charla de las Caricias, una charla de focas… Y aparte de la oferta escolar hacemos actividades para público general y para familias”, enumera Hernández. Además, detrás de esta divulgación de cara al público, Armesto recuerda que el acuario es un centro de investigación que colabora con universidades o con el CSIC para cuestiones como el estudio del impacto del cambio climático en los corales gallegos.

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