Ricky Martin ríe, baila y llora en A Coruña

El cantante puertorriqueño declara su amor a la ciudad desde el Coliseum y ofrece un enérgico concierto en el que no faltaron sus grandes clásicos ni sus éxitos más recientes

Pasaban veinte minutos de la hora de inicio programada y ni la cámara interactiva que se iba captando las risas y los bailes del público en los preámbulos del esperadísimo concierto de Ricky Martin podía amortiguar las ganas de moverse y disfrutar de los congregados.

El Coliseum no tardó en venirse abajo cuando sonaron los primeros acordes de Pégate, una de las indispensables del repertorio de la leyenda puertorriqueña, que ayer fue la encargada de abrir un espectáculo que, si bien no llenó el recinto hasta los topes, no le faltó afluencia. El tema es de 2006, pero sus primeros “Le lo lai, ay le lo le lo” siguen provocando lo mismo que el primer día.

Algunas asistentes al ‘show’.   | // GERMÁN BARREIROS/R.A.

Algunas asistentes al ‘show’. | // GERMÁN BARREIROS/R.A. / Alba Porral / Marta Otero

A partir de ahí, la cosa fue si cabe más hacia arriba. El escenario se llenó de bailarines que, no obstante, no distraían del magnetismo de Ricky Martin, un auténtico animal escénico sobre las tablas. El artista sacó la traca nada más iniciar el concierto siguiendo con María, otro de sus clásicos.

En la segunda canción, ya no cabía más emoción en el público, rendido a sus encantos. Ricky Martin dio el relevo con Adrenalina, momento en el que aprovechó para escenificar su declaración de amor a una ciudad que siempre le responde, ante un público que mezclaba coruñeses con una nutrida representación de paisanos suyos, para quienes siempre es una buena oportunidad para paliar la morriña, que escenificaron con banderas de Brasil, Venezuela, Puerto Rico o Argentina. “Nunca me olvido de A Coruña. Gracias por su energía y sus sonrisas”, reconoció el artista, que no escatimó en demostraciones: “Coruña, te amo”, bramó, para deleite de los presentes.

El Coliseum, rendido al artista.   | // GERMÁN BARREIROS/R.A.

El Coliseum, rendido al artista. / | // GERMÁN BARREIROS/R.A.

Un concierto que el propio artista presentó como “una mirada hacia atrás”, en el que los asistentes tuvieron la oportunidad, tal y como prometió, de “reír, bailar y también de llorar”. Con unas cuantas décadas sobre el escenario, Ricky Martin sabe lo que tiene que hacer para contentar a su público. El cantante tiró de clásicos cuando hizo falta, con La Bomba, uno de los imprescindibles de su setlist, que precedió a una tanda de baladas, como Tal vez, o Fuego de noche, nieve de día, en las que el público pudo tomar cierto respiro y cambiar la salsa por el agarrado. “Sois mi alimento, mi combustible”, concedió a su público.

A pesar de ser el centro de todas las miradas, no estuvo solo ni un minuto en el escenario el artista. Un excepcional cuerpo de bailarines y una banda muy completa se turnaban para acompañar a Ricky Martin, que no dejó un detalle al azar. Tampoco la traca final, que ofreció con la camiseta de la Selección Española puesta, recién clasificada para la final de la Eurocopa. Vestido de rojo entonó las que nunca fallan: Vente pa’ca, Livin’ la vida loca y La Copa de la vida, probablemente sus temas más conocidos, de los que no quedó una nota sin corear. “A Coruña, hasta la próxima. Os quiero”, concluyó.