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Siete lugares para que los coruñeses hagan turismo en su ciudad

El Balcón de Balmis, los secretos de los portales modernistas, las peculiaridades de la doble muralla y otras opciones poco conocidas para coruñeses que quieran hacer ‘turismo’ en la propia urbe

El balcón de Balmis, junto a la Domus.   | // GERMÁN BARREIROS/ROLLER AGENCIA

El balcón de Balmis, junto a la Domus. | // GERMÁN BARREIROS/ROLLER AGENCIA

a coruña

La Torre de Hércules, el mirador del monte de San Pedro, la Casa de los Peces o las galerías de la Marina. A priori, son los primeros lugares que a cualquier coruñés se le pasan por la cabeza cuando los foráneos le preguntan sobre imprescindibles de la ciudad Pero A Coruña tiene mucho más. Muchos coruñeses redescubrieron su propia ciudad en pandemia, cuando los accesos a los museos doblaron sus cifras ante los cierres perimetrales que impedían a los empadronados salir de sus lindes. Ya entonces, la mayoría cayó en la cuenta de que la ciudad tiene mucho más de lo que sale en las guías. El arquitecto experto en Modernismo y guía Alberto Fuentes, y la historiadora del Arte y divulgadora Carmela Galego proponen algunos lugares por descubrir en A Coruña.

La ventana de Balmis

Uno de los enclaves menos conocidos por los coruñeses y que mejores vistas de la ciudad ofrece. El balcón de Balmis, erigido junto a la Domus en honor al cirujano Francisco Javier de Balmis y a los niños expósitos que llevaron a América, desde A Coruña, la vacuna contra la viruela, ofrece una postal de la ciudad que no todo el mundo ha visitado. “Es una opción para tomar una caña, más allá de la típica de la Marina. La gente pasa por allí y no sabe el significado de los monolitos de granito con los nombres de los niños escritos. Es un acontecimiento importante de la historia de la ciudad”, propone Alberto Fuentes, en referencia al homenaje a los infantes que llevaron inoculada la vacuna más allá del Atlántico, cuyos nombres figuran en el monumento.

Una ventana al modernismo

A Coruña cuenta con numerosas joyas modernistas entre sus edificios más emblemáticos, pero algunos de ellos guardan secretos más allá de los ornamentos y las molduras de sus fachadas. Alberto Fuentes invita a los coruñeses a curiosear en los rellanos que estén abiertos al paso, para encontrar una puerta a un mundo que todavía sobrevive. “En los portales todavía se puede entrar a echar un vistazo sin que moleste a nadie. Hay una serie de elementos decorativos en muchos edificios del Ensanche, como lámparas de hace 100 años, suelos de azulejo hidráulicos, alicatado de flores en las paredes o escaleras que merece la pena ver”, recomienda Vázquez.

La sala de los mapas de la casa museo María Pita.   | // GERMÁN BARREIROS/ROLLER AGENCIA

La sala de los mapas de la casa museo María Pita. | // GERMÁN BARREIROS/ROLLER AGENCIA

Resquicios de la A Coruña amurallada

Una cosa que llama la atención a coruñeses y foráneos es el hecho de que A Coruña fuese una ciudad doblemente amurallada. La muralla, hoy desaparecida, contaba con varias puertas que dan hacia el mar, y algunas de ellas todavía se conservan, como testigo de los límites de la ciudad antes de los rellenos que dieron pie a la urbe que hoy conocemos. “En la zona de la Solana hay varias piezas de la muralla. Un detalle excepcional es el de la puerta de la antigua Iglesia de San Roque o en San Andrés. En el baluarte de San Carlos la puerta románica sobrevivió al derrumbe de la antigua iglesia”, cuenta el arquitecto.

As Xubias, un pueblo en la ciudad

Últimamente, el barrio de As Xubias ha protagonizado páginas en los medios y acaparado espacio en las tertulias con motivo del proyecto de rehabilitación que el arquitecto David Chipperfield diseñará para la zona. Hasta el momento, la vida en As Xubias transcurría en cierta medida de espaldas a la ciudad, conservando su idiosincrasia de villa marinera, con sus casas bajas y su arquitectura popular frente al mar. Un enclave que da testimonio de la A Coruña que fue y que merece la pena recorrer. Especialmente singular es la terraza de la tasca A Toquera, el bar más antiguo de la ciudad, abierto desde hace 130 años.

Una morfología cambiante

“Es muy interesante ver cómo cambia morfológicamente la ciudad con los años. Fue una ciudad doblemente amurallada. Es algo curioso, porque las ciudades medievales de la época solían tener murallas concéntricas, pero no doble, como la nuestra”, cuenta la historiadora del Arte Carmela Galego. Para saber más de esa ciudad del pasado, recomienda visitar la Casa Picasso, que conserva una huella gráfica de la época. “En el portal de la casa Picasso hay una imagen que data de 1890, que fue cuando llega Picasso a vivir a la ciudad, que se ve el derrumbe de la muralla del frente de Tierra, desde la plaza de Ourense, plaza de Lugo a Plaza de Pontevedra. Es un recuerdo de cómo fue cambiando la morfología de la ciudad”, cuenta Galego. La familia Picasso, a su llegada, va a vivir la por entonces nueva promoción de edificios de A Coruña, que se levanta sobre las ruinas de la fortificación, que hoy conocemos como calle Payo Gómez. “La burguesía de la época quiere vivir ahí. Entre otras cosas, son las primeras viviendas en la ciudad que cuentan con cisterna propia”, ilustra la historiadora.

La costa de Galicia hace 400 años

Una de las curiosidades que más nos enseña sobre nuestro pasado se encuentra en la Casa Museo María Pita, en la calle Herrerías, y data del siglo XVI, un momento especialmente prolífico en cuanto a fuentes documentales y testimonios gráficos y visuales de la realidad de entonces. “A partir de los Reyes Católicos, y debido a la reordenación del aparto institucional, empieza a haber mucha burocracia y mucho documento escrito y gráfico”, explica Carmela Galego. Prueba de ello son las réplicas de los mapas que el cartógrafo portugués Pedro Teixeira realizó en 1634 y que permiten conocer cómo era el litoral gallego en aquel entonces. Destaca el Atlas del Rey Planeta, una descripción de los puertos durante el reinado de Felipe IV, en el que figura el puerto coruñés, y que se puede contemplar en una de las salas de la casa museo.

Maquetas que explican nuestra historia

Los mapas y las imágenes permiten hacerse una idea de la ciudad que los coruñeses de ayer habitaron, pero las maquetas provocan que estas estampas salten de las dos dimensiones. Especialmente curiosas son dos de ellas: una, en la casa Museo Casares Quiroga, que recrea la A Coruña de los años 30, y otra, en el Museo Histórico Militar, que muestra precisamente ese Frente de Tierra que se tiró para dar espacio a las viviendas en las que más tarde viviría Picasso... pero con una trampa. “La mayoría de las veces, estas maquetas son interpretaciones, hay que tenerlo en cuenta. La del museo Militar muestra un foso, una pátina de agua que atravesaba la muralla, que nunca existió. Es una leyenda urbana”, confiesa la historiadora.

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