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El alga asiática invasora ya ha llegado a la costa de A Coruña, con una colonia en esta parte del paseo marítimo

La cofradía, la Xunta y la Universidade controlan su presencia en un banco de arena frente al cementerio de San Amaro | La especie crece rápidamente y puede asfixiar a animales como las almejas

Zona de la costa coruñesa en la que los pescadores han visto ejemplares del alga. |   // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA

Zona de la costa coruñesa en la que los pescadores han visto ejemplares del alga. | // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA

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A Coruña

Su nombre científico es Rugulopteryx okamurae, y es un alga marrón, de color pardo y apariencia inofensiva, nativa de las costas de Japón y que vive junto a la costa, a unos pocos metros de profundidad. A principios de siglo se la detectó en Europa, y desde entonces ha colonizado agresivamente la costa mediterránea española, cubriendo los lugares a los que lleva con un denso manto. El Estado la ha incluido en el catálogo de especies invasoras y elaborado una estrategia de control y erradicación, y el Parlamento gallego, a instancia del PSdeG, acaba de instar por unanimidad a la Xunta que luche contra ella, pues ya se la ha detectado en la costa gallega. Y ya está en A Coruña: la Confraría de Pescadores e Mariscadores ha localizado una colonia en las proximidades de San Amaro.

Según explica el patrón mayor, Javier Mariñas, está en “una zona muy localizada”, en un banco de arena relativamente cercano al paseo marítimo a la altura del cementerio de San Amaro. “Ya tenemos un plan de trabajo con la Xunta y la Universidade da Coruña (UDC)” añade, para “monitorizarla y hacer un seguimiento a ver cómo evoluciona”. En la zona hay peces, pero “no marisqueo”, y la franja que ocupa el alga “es más o menos pequeña”. El patrón mayor indica que la colonia ha servido como aviso de la presencia de esta especie, y que ahora “estamos en alerta” por si pudiera extenderse.

Aunque es difícil saber por qué ha llegado el alga, que también se ha encontrado en el entorno de las Cíes, Mariñas especula que puede deberse a que este año hubo mucho viento procedente del Sur. “No lo podemos decir abiertamente”, puntualiza con prudencia, pero indica que el viento del Nordeste es el que trae aguas más frías, y si vuelve a dominar podría dificultar la proliferación del alga.

El biólogo Pablo Pita es investigador del programa Ramón y Cajal en la Universidade da Coruña, y está especializado en especies marinas. Según explica, el alga asiática está llegando ya la costa gallega y no es “extraño” que llegue a A Coruña. “Hace poco estuve en las Azores y es impresionante” cómo ha ocupado el litoral, valora Pita. Aunque se parece a algas paradas ya presentes en Galicia, esta especie invasora asiática “crece muchísimo”, “tapiza” el fondo y “básicamente asfixia con la biomasa que tiene”. Cuando muere, los organismos que descomponen esta gran cantidad de tejido orgánico se multiplican y utilizan el oxígeno presente en el agua que los seres marinos necesitan para respirar. Junto con el aumento de la temperatura de las aguas por el cambio climático, puede crear “zonas de anoxia”, es decir, partes del agua en las que falta el oxígeno y los seres vivos se asfixian. Esto puede “matar a animales que no se pueden desplazar, como las almejas”.

“Mediterranización”

Pita ve posible que el cambio climático, que conlleva un incremento de la temperatura de los océanos, cambie las algas de las costas gallegas y que en estas se produzca una “mediterranización”, es decir, un cambio de las especies por otras propias de mares más cálidos. “Lo que yo anticipo, aunque es muy aventurado, es que la tendencia sea a sustituir algas grandes por otras de mucho menor porte”, lo que llevaría a la disminución de la biodiversidad, pues las primeras proporcionan refugio y alimento a otras especies.

En esto coincide con otros biólogos de la ciudad. Alfredo Veiga, que trabaja en el Aquarium, señaló a este diario que en el exterior del museo científico había hasta hace poco un bosque de “laminaria prácticamente pura”: un alga “perenne, parda, grande”, que ha desaparecido. Otra especie en recesión es la correa o Himanthalia elongata, que crea cintas estrechas de dos o tres metros que son comestibles y de la que señaló el año pasado que “no hay tanta abundancia como había”.

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