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Técnicos de la Xunta analizan los murales de Lugrís, en la calle Olmos

Elaborarán un informe sobre el estado actual de las pinturas con los datos recabados

Técnicos de la Xunta, este martes, en el número 25, de Olmos.

Técnicos de la Xunta, este martes, en el número 25, de Olmos. / LA OPINIÓN

A Coruña

Los técnicos de la Xunta trabajan desde este martes en el número 25 de la calle Olmos, hogar de los murales que Urbano Lugrís pintó en el restaurante Fornos en 1951, para recopilar datos y realizar un informe que les diga en qué estado se encuentran las pinturas tras años de deterioro. Es un trabajo previo a la decisión que tendrá que tomar la Xunta —propietaria de los frescos— de si los retira o los deja en las paredes en las que fueron pintados.

Durante la jornada de este martes, los trabajadores acudieron al edificio para tomar datos y hacer un mapa de cómo están actualmente los murales, castigados por el paso del tiempo, la falta de cuidado durante años —cuando se podía fumar en los locales de hostelería y durante la etapa del bajo como parrillada— y el mal estado del edificio, en el que fue víctima de humedades y de la entrada de palomas. Durante la jornada de este miércoles está previsto que los técnicos continúen con su labor y utilicen cámaras para conocer cómo se encuentran estas pinturas, por las que la Xunta pagó 36.000 euros.

La asociación O Mural solicitó a principios del año pasado a la Xunta que declarase Bien de Interés Cultural estos frescos, con el objetivo de que los protegiese, una demanda que se ha atendido ya con la incoación del expediente.

El edificio ha cambiado de manos, al haberse vendido en subasta, y los murales son ahora propiedad de la Xunta, que todavía tiene que decidir cuál es su futuro y así lo remarcaban este martes fuentes de la Consellería de Cultura, que no daban por sentado su traslado, aunque en mayo, planteaban posibilidad de que su nuevo hogar estuviese en el Museo de Belas Artes. La asociación O Mural y el colectivo In Nave Civitas, sin embargo, defienden que las pinturas se queden en el lugar en el que fueron creadas y que puedan ser visitadas por los vecinos. Esta opción no fue posible en la recuperación del mural que estaba en la antigua cafetería Vecchio y que compró Abanca, ya que fue retirado de su pared y trasladado a las oficinas de la entidad bancaria, en Rúa Nueva.

El Ayuntamiento realizó el año pasado su propio estudio sobre el estado de las pinturas que se conservan en el antiguo restaurante Fornos. En su informe indicaba que, a pesar de los daños sufridos y de que algunos están peor que otros, «son recuperables».

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