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Tres lanzas en el castillo de San Antón para conocer Alcaián

En los años setenta el encargado de la mina de Alcaián, en Coristanco, entregó al castillo de San Antón tres lanzas que habían encontrado trabajando. Estuvieron expuestas en una vitrina hasta que este lunes el investigador Rafael Carballeira las ha sacado para digitalizarlas y revelar sus secretos

Investigación de las tres lanzas de Alcaián

Gemma Malvido

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A Coruña

En el castillo de San Antón hay huellas del pasado de la ciudad y de Galicia que encierran todavía mucha historia en su interior y que esperan a que alguien se interese por ellos para sacarles todos los secretos que todavía encierran. El profesor del área de Botánica de la Universidade da Coruña Rafael Carballeira encabeza un grupo de investigación sobre el lago de Alcaián, en Coristanco, un gran humedal que fue desecado en 1956 para ser explotado como mina y que tiene una parte de su historia, precisamente, depositada en el Museo Arqueológico.

Detalle de una lanza. |  Casteleiro/Roller Agencia

Detalle de una lanza. | Casteleiro/Roller Agencia

Fue Manuel Suárez Lago, el responsable de la mina de Alcaián el que, en los años 70, llevó al castillo de San Antón tres lanzas de bronce que habían aparecido en la parte suroeste de la laguna «al extraer titanio». Allí, en un primer estudio concluyeron que se habían fabricado con moldes aproximadamente en el año 1000 antes de Cristo.

Pieza de Alcaián. | Casteleiro/Roller Agencia

Pieza de Alcaián. | Casteleiro/Roller Agencia

Ahora, estos tres testigos de la historia, con métodos más modernos, podrán arrojar más información sobre el pasado de Alcaián y guiar su futuro, ya que, a nivel ambiental, está todo por hacer.

«Este es un proyecto que financia la Cátedra Hijos de Rivera de la Universidade da Coruña, y que se centra en la laguna de Braña Rubia. Es una zona muy especial de Galicia, que está dominada por gabros, que es un tipo de roca que proviene del manto terrestre, tiene una concentración menor de la que tienen los granitos y está enriquecido con otros elementos, como magnesio o hierro o, en este caso, el titanio, que ahora está de actualidad por las tierras raras. En aquel momento de posguerra, se desecó la laguna para extraerlo, porque era una época en la que se necesitaban muchos recursos», explica Carballeira, que espera extraer toda la información posible de la laguna a través de las lanzas encontradas en ella.

Para hacerlo, el lunes acudió junto a los investigadores del área de Paleontología Alejandro Blanco y Blanca Moncunill —ambos contratados por la UDC con la beca Ramón y Cajal—, para digitalizar estas tres lanzas que no solo servirán para sus estudios porque este material se quedará a disposición del museo.

«Si la reproducción es buena, podrían trabajar con ella otros investigadores a distancia, sin necesidad de desplazarse y sin necesidad de manipularlas, porque son piezas únicas», incide Carballeira, que estuvo también acompañado por Antón Vázquez Corral, que está haciendo su tesis doctoral sobre la laguna de Alcaián.

Además del estudio de las lanzas, el proyecto incluye una cata del sedimento, que les permitirá conocer cómo fue la evolución de la laguna. De modo que podrán saber qué vegetación había en el entorno, por los granos de polen contenidos en ese sedimento, cómo era el entorno cuando los habitantes del lugar utilizaban estas lanzas o el clima de aquella época.

«El tope del sedimento de la laguna son unos 3.000 años y queremos darle el contexto que le falta a esas lanzas que pueden contener más información de la que somos capaces de extraer ahora mismo», comenta Carballeira, que agradece también el apoyo del alcalde del Concello de Coristanco, Juan García Pose, para la elaboración de este proyecto.

En el horizonte está la recuperación de esta laguna que actualmente no tiene uso y de la que, con este estudio, se podrá conocer su estado anterior a la desecación. «Podemos hacer un proyecto de renaturalización, pero con criterios objetivos. Lo que se suele hacer es jardinería ecológica de lo que alguien cree que debió ser o de lo que hace bonito a día de hoy. Lo que queremos hacer nosotros es crear estrategias de gestión lo más económicas y eficaces posibles», confiesa Carballeira, que defiende que, lo mejor «es dejar actuar a la naturaleza y que los propios procesos naturales vuelvan a regir en el sistema y que sea autónomo y no artificial».

El hecho de que estas lanzas hayan llegado hasta 2025 en buen estado no es solo mérito del vecino que las entregó al museo de San Antón para su conservación, sino también de la propia composición de la laguna, porque la turbera, que es un material vegetal que se caracteriza por estar siempre encharcada de agua, consiguió ralentizar su descomposición, al tener muy poca concentración de oxígeno. «La madera de las lanzas se ha conservado también porque los procesos de descomposición, al tener la turba una acidez muy alta, inhiben los procesos bacterianos», relata Carballeira, que se llevó «una sorpresa» cuando empezó a analizar los primeros sedimentos y es que, aunque el lago se desecó, «sigue habiendo mucha humedad en el suelo y eso hizo que la acumulación de turba prosiguiese, por lo que el ecosistema de turbera está muy degradado, pero sigue vivo».

Eso significa que es un sumidero de carbono atmosférico. Si se descompone, se convierte en emisor, algo que no interesa, en absoluto, a nivel medioambiental, ya que es uno de los principales gases del efecto invernadero. «La idea de la Cátedra de Hijos de Rivera es también la sostenibilidad y fomentar que esa turbera siga activa, hemos conseguido que llegue a nuestros días, así que, tenemos que garantizar que siga así y que mejore. Eso pretendemos hacerlo recuperando la información del sitio en su contexto ambiental», comenta Carballeira, sobre el futuro del proyecto.

A pesar de que Alejandro Blanco, que es paleontólogo, está acostumbrado a digitalizar trocitos de historia, muy pocos se le rebelaron tanto como una de las lanzas de Alcaián, que el lunes se resistía a que el escáner la inmortalizase. «Este dispositivo va haciendo una foto tras otra mientras el objeto gira para crear una imagen de toda la superficie», describe Blanco que, al final, tuvo que optar por hacer una fotogametría —un proceso más preciso pero también más lento y trabajoso— para poder digitalizar esa lanza que, al ser muy oscura, no quedaba bien registrada en el escáner.

Para ese segundo proceso contó con la colaboración de Moncunill, que se encargó de realizar fotos, «primero a la altura de la pieza y, después, desde arriba, como una cúpula, para después ensamblar todas las fotos con un programa informático y generar un modelo virtual». Es el mismo sistema que utiliza para estudiar fósiles, incluso a distancia.

El director del Museo Arqueológico, Jaime Oiza, explica que estas lanzas están expuestas en una vitrina desde hace muchos años, «vinculadas a la Edad de Bronce y que habla de las posibles ofrendas de armas en vados y ríos». Son teorías que, a día de hoy están muy extendidas, porque apareció «una acumulación de armas» en estos lugares, pero también «cuestionadas» por algunos científicos, sobre todo, en los últimos ocho años. Estas tres lanzas comparten vitrina con otras piezas halladas en el puente de A Pasaxe y en el de O Burgo y pueden verse en el museo de San Antón.

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