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El Labañou de los 70, para el público francófono

En el confinamiento, al dibujante Alberto Taracido se le ocurrió lanzar en redes una ilustración de cómo recordaba su barrio, Labañou. De ahí nació lo que ahora es ‘L’echo des jours brisés’, su primer cómic para el mercado franco-belga

El dibujante Alberto Taracido, con su cómic, en el paseo marítimo.

El dibujante Alberto Taracido, con su cómic, en el paseo marítimo. / Iago López

A Coruña

Ningún dibujante se hace rico dando vida a los proyectos que crea con total libertad, y eso lo sabe muy bien Alberto Taracido que, un día, en el confinamiento decidió hacer una ilustración del barrio de su infancia, Labañou. «Fue un ataque de nostalgia de calle, de barrio», reconoce y recuerda que lo colgó en redes sociales pensando que le podría gustar «a algún amigo» y a algún vecino.

Esa viñeta fue una semilla que germinó con el paso de las semanas. «Vi que podía tener recorrido, que podía hacer la historia de mi barrio pero que, para desarrollarla, necesitaba financiación. Fue quedando, pero, a lo largo de un año, más o menos, cuando ya podíamos salir a la calle, le empecé a dar forma. No estaba haciendo el cómic pero sí que empecé a preparar un dosier y a darle un poquito de carácter al guion, creando personajes...», recuerda Taracido el proceso de gestación de L’echo des jours brisés, o, lo que es lo mismo, su primer cómic para el público franco-belga.

Durante el tiempo que el dibujante Alberto Taracido estuvo enfrascado en un proyecto para el mercado americano, su idea de recrear el Labañou de su infancia se quedó, de nuevo, aparcado, pero, en cuanto acabó, confiesa que le entraron ganas «de dar el salto al mercado europeo» y pensó: «¿Y si me la juego?». Y, aunque sabía que no sería fácil, se aventuró a hacer un buen dosier que poder presentar en las editoriales francesas y belgas. «La sorpresa fue que me respondieron en menos de quince días tres editoriales y empecé a negociar con ellas, porque yo lo que quería era libertad absoluta en el guion porque era una historia muy personal y porque aquí hay una idiosincrasia que no quería que me cambiase un editor francés, porque me la podría destrozar», confiesa Taracido que, desde su mesa de trabajo, en A Coruña, hace ilustraciones para todo el mundo.

Fue la editorial Paquet la que, finalmente, le dio «toda la libertad» que él les pedía. «Hice lo que quería, salió al mercado el 9 de abril hay muy buen feedback, espero que haya también muy buenas ventas», relata Taracido, que está ya en conversaciones para intentar publicar en gallego este cómic hecho casi de forma artesanal, porque fue él quien tuvo la idea, quien la escribió, la dibujó y la coloreó.

A través de las ochenta páginas que tiene el libro, Taracido hace «un homenaje» a su barrio, a «las madres, a los viejos amigos», pero también tiene crítica social gracias a Belarmino, «un vagabundo que aparece en Labañou y que trae una mochila cargada de dolor y de pena y que, con su presencia, lo va a revolucionar todo», avanza Taracido. Y es que, de la relación de este hombre, con los chicos del barrio y con los vecinos, salen otros temas, como la memoria histórica o la solidaridad entre iguales.

Para darle vida al Labañou de los 70 y a sus personajes, incluido a Belarmino, Taracido necesitó nueve meses a jornada completa, así que, para él era fundamental encontrar financiación para poder hacer realidad este proyecto. «Si yo fuese millonario, me hubiese ido a las Seychelles y lo hubiese hecho igual que está», comenta Taracido la que es su segunda obra realizada de principio a fin y con total libertad. La primera fue Mr.Crabb y el paraíso, una novela gráfica de 200 páginas que le publicó la editorial argentina Loco Rabia y que empezó a hacer «sin intención de publicarla», solo por la necesidad de narrar. «Ahora estoy con un segundo proyecto con Paquet, con una obra de Agatha Christie y ya me están ofertando nuevos proyectos, así que, parece que he entrado en el mercado que yo quería», resume el autor de El eco de los días quebrados.

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