Ana María Patiño-Osorio: «Nunca me dijeron que no podía ser directora por ser mujer»
La colombiana se pone este viernes al frente de la Sinfónica de Galicia, la orquesta de su mentor y amigo Roberto González-Monjas

La directora Ana María Patiño-Osorio, en el Palacio de la Ópera. / Casteleiro
Ana María Patiño-Osorio (Colombia, 1995) se enteró en A Coruña de que sus apellidos son gallegos, sabía que sus raíces estaban en España, pero nada más. Este viernes, a partir de las 20.00 horas, se pondrá al frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia, en el Palacio de la Ópera, para interpretar un programa compuesto por obras de Robert Schumann, Antonín Dvorák y Johannes Brahms.
Es la primera vez que dirige a la Sinfónica, ¿suena tal y como se esperaba?
Es una joya. Es una orquesta extraordinaria, yo siempre lo supe, pero escucharla es increíble. Roberto González-Monjas [el director titular de la OSG] es uno de mis héroes musicales y, afortunadamente, también amigo. Me honra poder dirigir su orquesta. Los músicos son profesionales, inteligentes, curiosos, pero también son cálidos, tienen unas ganas impresionantes de trabajar, de que cada vez suene mejor. Y eso que el primer ensayo ya sonó de maravilla. Me ha sacudido completamente, pero de la manera más positiva.
El repertorio es de compositores de los siglos XVIII y XIX, ¿eligió usted este programa?
La pieza centralaes la de Brahms, que es muy importante para mí. Le costó unos quince años escribirla. Sentía la sombra de la Novena Sinfonía de Beethoven en sus hombros y sentía que él no estaba a la altura. Hay una relación directa entre Brahms y Schumann por eso tiene sentido ponerlos juntos [Brahms estaba enamorado de la mujer de Robert Schumann, Clara]. En estas composiciones la emoción está escondida, pero en Dvorák todo es expresividad.
¿Cómo se comportan los músicos ante una directora mujer, latina y muy joven?
Esta profesión está muy ligada a la experiencia, yo llevo unos dos años viviendo en lugares distintos y siento que cada semana me transforma muchísimo. Una va como pasando ciertos bloqueos, ciertos miedos, después aparecen otros y los vas superando... Siento que, mientras haya en mí una gran convicción técnica, intelectual, emocional y de comunicación con los músicos basada en la generosidad todo va a funcionar, porque ellos son los que más te enseñan.
¿Cómo fue su primer contacto con la música?
Siempre he querido ser directora. Yo nací en un pueblo cercano a Medellín en 1995 y esa era una época complicada en Colombia, con mucha violencia. Mis padres decidieron criarnos en una burbuja de libros, cine, música clásica, arte y cultura. No eran músicos pero nos dieron una infancia muy culta. Yo empecé a tocar el saxofón en la banda de mi pueblo, si hubiese habido orquesta, hubiese tocado el chelo o el violín. Con doce o trece años, tuve un profesor muy generoso que me dejaba dirigir a mis amigos de la banda y, entonces, empezó a surgir en mí una necesidad de acercarme más a la música clásica. Enseguida supe que quería dirigir.
En Colombia hay muchas formaciones infantiles y proyectos sociales, ¿los ve en otras partes del mundo?
Hay tres pilares en mi vida: seguir aprendiendo, seguir dirigiendo orquestas y llenarme de esa experiencia, porque es lo que siempre soñé, y no dejar nunca de trabajar por Colombia, y en Latinoamérica. No quiero esperar treinta años de carrera para empezar a hacer cosas por mi país y por sus jóvenes. Quiero trabajar con jóvenes, con niños y niñas, y darles un impulso, un consejo, un aliento...
Esas niñas pueden verse reflejadas en usted, pero supongo que sus referentes han sido siempre masculinos.
Me emociona muchísimo que haya niñas que se sientan inspiradas no solo para ser directoras de orquesta sino profesionales y mujeres dueñas de su vida, y de su talento. Es cierto que yo crecí con figuras masculinas pero que nunca me dijeron que no podía hacer este trabajo por ser mujer y eso es importante. Ni en mi casa ni mis mentores mencionaron eso nunca. He vivido momentos de cierta misoginia en mi trabajo, pero en mi mente queda lejos.
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