MEMORIA HISTÓRICA
Catorce metros de memoria de A Coruña en un almacén: las primeras imágenes de la estatua a los Hermanos de la Lejía
LA OPINIÓN publica en exclusiva las primeras imágenes del monumento a los Hermanos de la Lejía, fusilados en la Guerra Civil. Donado al Concello por la hija del hermano que logró sobrevivir, permanece en una fundición de Madrid la espera de ser colocado desde hace cinco años

La esculura en honor a los Hermanos de la Lejía, realizada por el escultor Ramón Conde por encargo de Selva García Pomes, sobrina de los fusilados, en la Fundición Capa, en Madrid, donde está guardada. / José Luis Roca
«Bebel era zurdo para pensar y para chutar. En el estadio, se pone la camiseta del Dépor. A la salida del estadio, se pone la camiseta de la Juventud Socialista...». El arranque del cuento es familiar a cualquier deportivista. Lo escribió un gigante de las letras hispanas, Eduardo Galeano. El relato fundó al mito sin que quedase claro nunca cómo había llegado a los oídos del uruguayo la historia del joven socialista coruñés que orinó ante sus verdugos antes de su fusilamiento. Lo cierto es que, en una de esas vicisitudes que desde hace años unen las dos orillas del Atlántico, se la contó Selva García Pomes, su sobrina, e hija del único de los conocidos como Hermanos de la Lejía que logró evitar el destino del paseado. En su memoria, costeó ella misma una escultura que donó al Ayuntamiento de A Coruña, y que espera escondida, desde hace cinco años, para ser colocada. LA OPINIÓN publica en exclusiva las primeras y únicas imágenes de la pieza, que custodia actualmente la Fundición Capa, en Madrid.
De A Coruña a Argentina
Selva García Pomes nació en Paraguay entre palmeras, a donde debe su exótico nombre. Fue el país que sirvió de primera estación de su padre, José alias Pepín, en su huida al exilio, antes de echar raíces en Argentina. Lo hizo con su mujer y su hija mayor, de pocos años. Por el camino enterró a otra hija en tierra de nadie y perdió también una pierna. Detrás dejaba ya los cadáveres de sus hermanos y un pedazo de sí mismo que nunca logró recuperar. Tanto es así que hoy descansa en San Amaro, cerca de Bebel, fusilado, junto a France y Jaurés, en el Campo da Rata. Uno en un panteón dedicado a los héroes que dieron su vida por la libertad. Otros, en una fosa común.

La escultura en honor a los Hermanos de la Lejía, realizada por el escultor Ramón Conde por encargo de Selva García Pomes, sobrina de los fusilados, en la Fundición Capa, en Madrid, donde está guardada. | / José Luis Roca
Nada menos que 78 años le costó a Selva atreverse a conocer la ciudad de la que huyó y en la que finalmente murió su padre. Cuando al fin lo hizo, en el año 2018, supo al instante que quería que la huella del sacrificio de los cuatro hermanos quedase impresa en el perfil de la urbe, en alegoría al paso por el mundo de tantos otros que hicieron lo propio. Quiso ponerlo fácil. Contactó con el escultor gallego Ramón Conde, avalado por obras de prestigio como el Guardián, de la Torre o los Redeiros, de Vigo; encargó un monumento, lo pagó íntegramente de su bolsillo y lo donó al Ayuntamiento de A Coruña, que aceptó de buen grado el regalo y le adjudicó un lugar acorde a su simbolismo.

Detalle de la bola del mundo en el tope de la estatua / José Luis Roca
Parecía todo encaminado. La estatua debía colocarse en 2020 en la rotonda que une el paseo marítimo con San Amaro, cerca de donde cayeron muertos los cuatro hermanos. Cinco años después, los cuatro Lejía en bronce, doce metros más dos de peana, uno sobre los hombros del siguiente, cargados con un globo terráqueo, aguardan en las instalaciones de la Fundición Capa, en Madrid, a la espera de ser al fin colocados en un lugar relevante para honrar su cometido: ser testimonio vivo, del que nadie pueda apartar la vista, de aquello que un día sucedió en A Coruña.
Selva García Pomes, a sus 85 años, pide que «no escondan» la escultura y vivir para verla instalada
Selva García Pomes ya tiene 85 años, y cada vez más dudas sobre si vivirá para ver, al fin, la estatua en su lugar. Un monumento en el que invirtió parte sustancial de su patrimonio, que ahora LA OPINIÓN muestra en exclusiva y que, hasta ahora, solo le ha traído sinsabores. «Solo quiero que me lo coloquen en un buen lugar, que sea visible, que no me lo escondan. En el lugar que me ofrecieron al principio, al final pusieron otra estatua, una de las mujeres maltratadas por Hércules», lamenta, ansiosa por cerrar también, al fin, su propia herida, esa que heredan los descendientes de represaliados y que solo ellos conocen. Asegura que el Concello le ofreció otras ubicaciones a lo largo de los últimos meses, pero para ella, como también para el criterio del escultor, estas propuestas responden a la voluntad de ocultar el monumento a la vista. Ella, en el caso de que se siga dilatando el proceso, tiene plan B, al que, no obstante, espera no tener que recurrir. «Tengo una bóveda en el cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Si no me lo ponen, me lo llevo allí, pero el monumento era para A Coruña y me gustaría que estuviese allí», comenta.
El Concello busca un nuevo emplazamiento
El Ayuntamiento alegó en su día que la ubicación que en un primer momento se le ofreció a la donante de la escultura no cumplía las exigencias técnicas, y que la demora en la colocación del monumento respondía, precisamente, a la necesidad de dar con un lugar «más adecuado» para instalar la pieza. Fue en 2021 cuando el Concello confirmó a Selva García que el homenaje a los hermanos se levantaría cerca de donde murieron. «Es la ubicación que siempre soñé», decía entonces la descendiente.

Trabajos en la Fundición Capa, en Madrid / José Luis Roca
La elección del lugar no es cuestión menor. Para Selva García Pomes era importante que se colocase en un enclave cercano al sitio en el que fueron fusilados sus tíos, a falta de un lugar específico donde velar sus huesos. Según detallaron entonces fuentes municipales, el área de Urbanismo presentó la propuesta de la localización a la familia, que la encontró adecuada por su cercanía no solo al Campo da Rata, sino al cementerio donde está enterrado Pepín y donde se alza el Memorial por los muertos por la libertad, así como a la antigua prisión provincial.
Ahora, fuentes municipales afirman estar a la espera de «informes técnicos» que avalen una nueva ubicación, y alegan que tienen «varias opciones» para colocar la estatua. A Selva García, no obstante, se le acaba el tiempo. La previsión era que estuviese ya en su sitio en el año 2021, tal y como pactó con el escultor. Pero llegó la pandemia y lo trastocó todo. Ella misma viajó entonces a Galicia desde Buenos Aires con la previsión de estar presente en la inauguración del homenaje, pero la crisis sanitaria la obligó a quedarse sola y aislada en un piso en Santiago por la imposibilidad de emprender el regreso. La donante esperaba poder presentar la estatua en verano de 2022, pero tampoco pudo ser. Con el año 2025 a punto de terminar, no parece haber un horizonte claro para los Hermanos de la Lejía.

Moldes en la Fundición Capa / José Luis Roca
Conde: «Es muy irritante»
Quien también empieza a inquietarse por el porvenir de una de sus obras de mayor dimensión es el escultor, Ramón Conde, que ve pasar los días sin avances mientras la estatua permanece a la espera en Madrid. «Esto genera una serie de complicaciones, porque la obra está depositada en la fundición hasta que quieran traerla. Son problemas innecesarios. El Ayuntamiento solo tiene que tomar la decisión, preparar el lugar, y traerla. No falta nada más», explica Ramón Conde, que señala que la última propuesta que el Concello remitió a Selva García, en el parque Carlos Casares, tras la antigua prisión provincial, dejaba la estatua «totalmente escondida a la circulación».
«La obra está en una fundición en Madrid hasta que quieran traerla», lamenta el artista Ramón Conde
«No creo que sea tan difícil traerla un poco más abajo. Esperamos que decidan pronto y acepten ese pequeño cambio», añade Conde, que traslada la angustia de la donante ante el pasar de los días sin noticias. «Le dieron a elegir sitios muy retirados. Ella quiere que se coloque cerca de la calle Hermanos de la Lejía, quedaron en contestarle en agosto, y hasta hoy. Se lo toman con calma y es muy irritante, y también una pena porque cualquier día esta mujer se va sin la posibilidad de ver colocada la obra», concluye el artista.
Los hermanos
La pieza, de doce metros de alto, más dos de base, honrará no solo a los conocidos como Hermanos de la Lejía, militantes republicanos coruñeses asesinados y represaliados al inicio de la Guerra Civil, sino a todos los combatientes de su bando que perdieron la vida por las ideas en las que creían. Jaurés, France y Bebel fueron fusilados en el Campo da Rata. El cuarto, Pepín, logró escapar y continuar con su vida exiliado en Buenos Aires, donde crecieron sus hijas, pero siempre arrastró aquellas heridas de todo lo que tuvo que dejar atrás. Sin poder cerrarlas nunca regresó a la ciudad, donde descansa, y donde su hija espera poder, algún día, honrar su memoria.

Vista vertical de la estatua / José Luis Roca
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