Javier Cañás, fundador de Etiem: «Estos pantalones son actuales, ¿quién dice que son del año 1972?»
Entre mesas de patronaje, percheros de muestrarios, máquinas de coser y el olor cálido del vapor de plancha, la firma coruñesa Etiem mantiene vivo el pulso del oficio textil. En su fábrica, la moda aún se toca, se prueba y se corrige. Cada prenda nace de una mirada experta y de una calma que sólo da la experiencia

Javier Cañás muestra unos pantalones de la marca Tommy Harrods que fabricó en el bajo del número 31 de Juan Castro Mosquera en 1972 y que le regaló una clienta el año pasado. / Casteleiro

En el polígono de Sabón, Etiem despliega su universo textil con la precisión de un oficio que no ha perdido el pulso artesanal. Visitar su sede es un ejercicio de contraste: oficinas y almacenes diáfanos y modernos que, sin embargo, se sienten como un gran taller artesanal. La marca, fundada en 2004 y liderada por Javier Cañás desde hace dos décadas, se ha consolidado como una referencia nacional en sastrería masculina y femenina.

Una mujer corta la tela. / Casteleiro
El trabajo creativo de Etiem arranca alrededor de una mesa, donde los diseñadores perfilan la colección próxima (ya preparan la de invierno de 2026) hilvanando tejidos, bocetos y descartes durante semanas intensas. No hay prisa, pero tampoco pausa. Primero llega la inspiración, después los prototipos hechos con las telas que están almacenadas a escasos metros, entre pasillos organizados con una precisión casi artesanal y, finalmente, el muestrario que se presentará a clientes multimarca en España y Europa. Es un trabajo continuo. Cuando una campaña termina, la siguiente ya está en marcha. En esa zona se gestan las colecciones —dos al año— con casi un año de antelación. Medio centenar de prendas para mujer y más de un centenar para hombre.

Una trabajadora cose las prendas. / Casteleiro
Después de la fase de diseño, el proceso se vuelve tangible en el almacén donde el ambiente recuerda más a un taller artesanal que a una fábrica al uso. Los prototipos se confeccionan con tejidos similares a los definitivos, probando caídas y acabados. «Las partes invisibles, las que no se ven y tocan el interior del pantalón o la chaqueta, son las que marcan la diferencia», sostiene Aida López, responsable de comunicación de la firma.
En una zona central, el trabajo manual toma el protagonismo. Allí, entre máquinas de coser y tablas de planchar, se ensamblan los prototipos definitivos. Como destacan en la compañía, el planchado es tan importante como la propia confección, capaz de arruinar o exaltar una prenda.

Una mujer plancha una tela. / Casteleiro
Etiem, que cultiva la calma del oficio en pleno siglo XXI, mantiene una estructura vertical: diseño, corte, plancha y control de calidad se realizan internamente, tanto con las telas que les llegan como al final del proceso, cuando reciben las prendas y antes de que salgan al cliente final.
Al final del recorrido, se une Javier Cañás, fundador de Etiem, un hombre que se crio profesionalmente en el corazón del textil gallego y que subraya que el control es un elemento esencial en su propuesta de valor. «Nosotros, precisamente, presumimos de algo, que es hacerlo bien y dar calidad», afirma con convicción.

Un trabajador controla la ropa en el almacén. / Casteleiro
El empresario, que en su día fue el primer ejecutivo de Caramelo, habla pausado, con seguridad y con la familiaridad de quien lleva más de medio siglo en el oficio. Muestra unos pantalones que datan de 1972 enmarcados en un cuadro y que fueron fabricados en el bajo de Juan Castro Mosquera 31. «Estos fueron de los primeros pantalones que hicimos en la otra empresa, que después se llamó Caramelo», rememora. Se los regaló el año pasado una clienta que los había guardado durante décadas. «Para que se vea lo que es la moda. Estos pantalones son actuales ¿Quién dice que son del año 1972? Un pantalón de cinco bolsillos, el color, el corte… Podrían estar en una colección de hoy”, asegura.
Su relación con el textil viene de lejos: «Yo nací en la calle del Sol. Con cinco años me mandaban a buscar botones con una muestra de la tela». Esa idea de aprender observando, tocando y probando sigue presente en Etiem. La sastrería en esta empresa coruñesa sigue siendo un oficio. Y todavía se hace mirando la caída de la tela.
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