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Policías y ONG detectan uso de fentanilo en la ciudad de A Coruña: «Ya no es tan testimonial»

Fuentes de Aclad explican que no «destaca» en comparación con otras drogas, pero desde Casco señalan que «se está consumiendo más» | Hay personas que desarrollan adicción a partir de tratamientos legales con la sustancia

Agentes de la Policía Nacional junto a Porta de Aires.

Agentes de la Policía Nacional junto a Porta de Aires. / Iago López

A Coruña

El fentanilo, el opiáceo que sirve de pretexto al Gobierno de los Estados Unidos para aplicar las sanciones de su guerra comercial, se encuentra en A Coruña de manera minoritaria pero, según personas que conocen la situación, creciente. Los efectos de su consumo se ven en las intervenciones policiales y en los establecimientos de las ONG que trabajan con personas que toman drogas, tanto pacientes que empezaron a tomar el opiáceo de forma legal y van incrementando la dosis como consumidores dependientes de otras sustancias que la mezclan con estas. La presencia sigue siendo anecdótica si se compara con la de la heroína o la cocaína, aunque según resume la directora del Comité Antisida de La Coruña (Casco), Sonia Valbuena, «ya no es tan testimonial como lo era hace un año».

Es la misma percepción que está empezando a tener los agentes de la Policía Nacional que trabajan en las calles. «Los radiopatrullas están empezando a detectar casos de consumidores de fentanilo por primera vez en A Coruña», indica una fuente conocedora de la actividad del 091. Se trata de un fenómeno «muy incipiente» y por el momento «no hay tampoco aprehensiones». Lo lógico es pensar que los consumidores consiguen el estupefaciente por el menudeo, como en el caso de otras drogas, pero las fuentes consultadas señalan que «no se puede afirmar rotundamente» que se esté vendiendo en las calles porque no hay intervenciones ni detenidos.

La responsable de esta ONG coruñesa, que trabaja con personas en riesgo de exclusión social, puntualiza que la droga no es «un problema mayoritario», pero sí les llega «que se vende más, creo que se está consumiendo más». «Por lo que la gente nos cuenta, empieza a ser una sustancia no tan residual, aunque siga siendo minoritaria», argumenta. En cuanto al perfil de consumidor, Valbuena indica que parece que se trata de politoxicómanos que toman la droga como parte de otras pautas de consumo.

Es un perfil al que también apuntan en la Asociación Ciudadana de Lucha Contra la Droga (Aclad). Esta entidad presta servicios de ayuda a la drogodependencia, con actividades como programas de rehabilitación, y la presidenta de Aclad, Rosa Barreiro, señaló a este diario a inicios de año que «el fentanilo no se puede considerar como la coca o la heroína, pero sí que hay», y se ve en personas «que ya tienen otros consumos» de estupefacientes.

Lo confirma la jefa de psicología de Aclad, Mayte Lage, que puntualiza que hasta ahora casos de consumidores de fentanilo ilegal «apenas nos llegan», y no recuerda ninguno que haya venido solo por esta droga. Sí señala que lo pueden consumir adictos a sustancias como la heroína, «si acceden a él». En comparación con otras drogas es «muy puntual», y «no es nada que destaque».

Pero la entidad también trata a adictos a esta sustancia que la adquieren por cauces legales. El fentanilo se usa en tratamientos médicos para calmar el dolor, y hay personas que «empiezan a abusar, a incrementar ellos la dosis, y no les va llegando la que les dan: llega un momento en el que lo que te prescriben no te llega». Se trata de un producto que crea «mucha tolerancia», con lo que hay que ir subiendo la cantidad para obtener el mismo efecto.

Para ayudar a las personas con un problema de adicción, que normalmente toman la sustancia a través de parches o, de forma minoritaria, oralmente, Aclad realiza programas de desintoxicación que incluyen terapia psicológica. También se puede emplear apoyo psiquiátrico, con psicofármacos para reducir la ansiedad.

Sin incautaciones

Por el momento no ha habido ninguna intervención de fentanilo de mercado negro en la ciudad. En marzo del año pasado, agentes de la Guardia Civil detuvieron a un vecino de Culleredo que tenía seis dosis de fentanilo; según él, era para consumo propio. Pero el Instituto Armado lo acusó de traficar, pues tenía cantidades importantes de cocaína, marihuana, hachís y una substancia empleada para cortar la droga, además de algo de heroína. Fuentes del cuerpo indican que desde entonces no ha habido más intervenciones en la comarca, al menos «en demarcación de Guardia Civil».

La falta de intervenciones apunta a que el tráfico ilegal es escaso en la ciudad, como lo es en el conjunto del país. El año pasado, la Policía Nacional incautó en el aeropuerto de Barajas 130.000 pastillas de ketamina «con rastros de fentanilo», con un peso de más de 35 kilos, pero se trata de un caso excepcional. Tampoco hay, como en Estados Unidos, una epidemia de emergencias médicas, si bien, según el Imelga, hubo un caso de suicidio con «fentanilo asociado a la cocaína» en 2023 en la comarca.

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