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Francisco Cobas: "El acueducto de Visma hizo crecer a A Coruña"

La construcción del acueducto de Vioño y Nelle y más tarde la del de Visma fueron vitales para A Coruña, según el investigador Francisco Cobas, quien señala que el segundo de ellos hizo posible el crecimiento de su población en el siglo XVIII, a pesar de lo cual gran parte de él ha desaparecido

Francisco Cobas, junto a los restos del acueducto de Visma en el paseo de los Puentes.

Francisco Cobas, junto a los restos del acueducto de Visma en el paseo de los Puentes. / Carlos Pardellas

A Coruña

El «déficit de información» sobre la historia del abastecimiento de agua en A Coruña entre los siglos XVI y XVIII llevó al arquitecto técnico Francisco Cobas a investigar sobre esta cuestión, ya que tan solo se conservan un tramo del acueducto conocido como paseo de los Puentes y la construcción que protege el manantial de San Pedro de Visma de donde partía. Sus siete años de trabajo se condensan en la obra Al toque de campana de oración. Acueducto de Vioño y Nelle-Acueducto de San Pedro de Visma, cuyo contenido se expondrá este martes a las 20.00 horas en la Real Academia Galega de Belas Artes. En su opinión, esta construcción «es la obra más importante del siglo XVIII en Galicia porque hizo crecer a la ciudad».

«Me costó muchísimo trabajo averiguar cómo fue todo aquello porque había mucha dispersión de documentos en archivos nacionales y poco a poco fui tirando del hilo», explica Cobas, quien señala que el primer sistema de abastecimiento de A Coruña fue el acueducto de Vioño y Nelle, del que no quedan vestigios y que se iniciaba en los manantiales situados en esos lugares, separados por 200 metros en la intersección de la avenida de Arteixo con la ronda de Outeiro.

Esquema realizado por Francisco Cobas del manantial de Visma y el acueducto hasta la ciudad.

Esquema realizado por Francisco Cobas del manantial de Visma y el acueducto hasta la ciudad. / Francisco Cobas

Desde allí bajaba por lo que hoy es la ronda de Outeiro hacia la parte baja del antiguo núcleo de Vioño, giraba hacia la avenida de Os Mallos, desde allí hacia Pla y Cancela y luego hacia Médico Rodríguez, por donde llegaba a la avenida de Fisterra. Cobas destaca que «fue un acueducto hecho sin regla alguna, iba soterrado y tenía que recorrer mucho tramo», a lo que une que la fuente proporcionaba un caudal escaso y que los agricultores robaban el agua para regar.

Casas situadas en la que fue Quinta de la Compañía de Jesús en Visma, donde se hallaba el manantial que abastecía a la ciudad.

Casas situadas en la que fue Quinta de la Compañía de Jesús en Visma, donde se hallaba el manantial que abastecía a la ciudad. / Francisco Cobas

El crecimiento de la ciudad dio origen a un problema social por la falta de agua que derivó en protestas contra las autoridades, ya que solo había una fuente, situada en San Andrés junto a un cuartel de Infantería, cuyos responsables también reclamaban el agua para la guarnición. Esto llevó en el siglo XVIII al rey Felipe V a enviar a A Coruña al intendente general del Consejo de Castilla, Rodrigo Caballero, para acabar con los desórdenes motivados por el rechazo del capitán general de Galicia a construir un acueducto desde el manantial de San Pedro de Visma.

«Se adjudica en el año 1722 al toque de oración de la campana de la Colegiata de Santa María del Campo, donde se abren las plicas del concurso y se otorga a Fernando de Casas, que es el arquitecto que hace la fachada del Obradoiro», explica Cobas, quien pone de relieve que en su construcción participaron un arquitecto de primer nivel y maestros canteros, por lo que incluso se planteó construirlo con una doble arcada para salvar las diferencias de nivel en su recorrido y para abastecer a 180.000 personas.

Vista parcial de las viviendas que formaron parte de la Quinta de la Compañía de Jesús en Visma, hoy desaparecidas.

Vista parcial de las viviendas que formaron parte de la Quinta de la Compañía de Jesús en Visma, hoy desaparecidas. / Francisco Cobas

Barrera visual

La obra debía durar un año, pero se paralizó y se terminó mucho más tarde por problemas con los arquitectos y canteros, así como por la falta de financiación, ya que la Iglesia no quiso colaborar. Cinco años después entró en funcionamiento, pero el propio ejecutor del proyecto, el ingeniero militar Francisco Montaigú, vio que este acueducto y el de Vioño y Nelle formaban una barrera visual que impedía ver el exterior desde la muralla de la ciudad. «Esto lo escribe en una carta a su capitán general y le dice que es un problema para la seguridad de la ciudad», indica Cobas, quien apunta que se autorizó su derribo y su cambio por una conducción soterrada.

«Pero el acueducto venía por un muro alto de seis metros de altura por la avenida de Fisterra y al llegar al foso de la muralla bajaba al suelo, lo que generaba un sifón que hacía que bajara la presión y creaba un problema de salubridad», comenta Cobas. Hasta 1750, casi 25 años después, no hubo un proyecto para resolver este problema mediante unas arcadas que debían volver a levantar la conducción, aunque nunca se llegó a materializar.

Lugar de Visma donde se encontraba la Quinta de la Compañía de Jesús y el manantial donde se iniciaba el acueducto.

Lugar de Visma donde se encontraba la Quinta de la Compañía de Jesús y el manantial donde se iniciaba el acueducto. / Francisco Cobas

El autor del libro resalta que la historia del acueducto no se hizo patente hasta que en 1872 se inició la construcción del Ensanche tras el derribo de las murallas. Cuando cuatro coruñeses presentan proyectos para construir en solares que habían comprado a la Hacienda pública en la plaza de Pontevedra, el arquitecto municipal Juan de Ciórraga plasma sobre documentos hallados ahora por Cobas, junto con otros localizados en archivos madrileños y en el de Simancas, cómo se puso en marcha esa conducción.

La creación de la traída de aguas a las viviendas en 1904 acabó con el uso del acueducto, que cayó en el olvido, por lo que ahora solo queda la muralla con dos arcos del Paseo de los Puentes, que en documentos aparece con «por lo menos quince o veinte», así como las arquetas y restos «abandonados y llenos de maleza» de la calle Almirante Mourelle y el manantial de San Pedro de Visma.

«Donde estaba el manantial y su obra hidráulica se lo acaban de cargar ahora con la nueva urbanización de Visma, solo preservan el Arca de los Cristales, mal llamada Fuente del Obispo o de los frailes», añade Cobas, para quien esta última denominación es de origen popular, porque en el proyecto original solo figura la primera.

En cuanto al nombre de los frailes, los documentos de Montaigú, De Casas y su socio Francisco Novoa hacen referencia a la Quinta de los Padres de la Compañía, una finca para cultivos y ganadería con una fuente que se refleja en un plano. Pero los archivos no mencionan esta propiedad, por lo que Cobas trató de localizarla sobre el terreno y en una sus visitas a Visma descubrió un grupo de casas en la que uno de sus habitantes le explicó que se trataba de la antigua finca de los jesuitas, vendida a sus tatarabuelos después de la desamortización de Mendizábal. El autor comparó las imágenes de satélite con el plano de Montaigú y comprobó que se trataba del mismo lugar, en el que se hallaba un depósito de agua de 3.000 metros cúbicos de capacidad para abastecer a la ciudad, desaparecido al construirse el Ágora.

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