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Cuando vivir en soledad es una elección: «Una vez sales del nido, ya cuesta volver»

Para muchas personas, es la opción deseada: independencia, comodidad, autonomía y necesidad de espacio propio son variables que pueden jugar en la elección de vivir por cuenta propia. Cuatro coruñeses explican en este reportaje las razones que les han llevado a prescindir de la compañía en sus hogares

Andrés Reus, Rita Nieto, Fran Rey y Mercedes Ozores.

Andrés Reus, Rita Nieto, Fran Rey y Mercedes Ozores. / Carlos Pardellas / Iago López

A Coruña

El número de coruñeses que viven solos ha aumentado considerablemente en los últimos años. Cuando cada vez es más difícil costear una vivienda en solitario debido al alza constante en los precios, detrás de la vida en solitario hay todo un abanico de casuísticas, y la soledad no deseada, un problema acusado sobre todo en población mayor, no siempre es el motivo preponderante. De acuerdo con datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), en 2007 el 19,5% de los hogares tenían un solo habitante, una cifra que en 2023 había subido a algo más del 29%. Cuatro coruñeses explican en este reportaje las razones detrás de no compartir techo.

Andrés Reus, 82 años

Andrés Reus, en su casa. | Carlos Pardellas

Andrés Reus, en su casa. | / Carlos Pardellas

Para Andrés Reus, la soledad se ha convertido en una compañera más. Tiene 82 años y lleva desde 2007 viviendo solo, desde que falleció su mujer. «No fue una decisión, fueron las circunstancias», admite con serenidad. Desde entonces, su vida transcurre tranquila en el barrio de Monte Alto, pero intenta pasar el menor tiempo posible en casa. «La clave está en salir a la calle, ver vida, aunque no conozcas a nadie. Te distraes, ves escaparates, gente, y ya no piensas en otras cosas», asegura.

Su rutina es sencilla: desayuna, sale a pasear si hace buen tiempo y participa en actividades del centro cívico. Por las tardes, juega a las cartas con los compañeros del centro de Monte Alto, acompañado muchas veces de su actual pareja, con la que comparte tiempo, pero no techo. «Cada uno tiene su casa. Coincidimos en eso. Para vivir juntos tendría que ser una amiga muy especial», confiesa riendo.

Andrés aún conserva ese espíritu inquieto. «Me encanta viajar», asegura, aunque reconoce que ahora lo hace menos. Mantiene una vida organizada con ayudas en casa: una mujer limpia su casa dos veces por semana y recibe comida tres días a la semana, lo que le permite mantener su independencia sin renunciar a la comodidad. Para él, vivir solo no es una carga. Es más bien una forma de estar en paz. «Uno se acostumbra. Ya han pasado muchos años, y ahora estoy bien así».

Rita Nieto, 84 años

Rita Nieto, en su domicilio. |  Carlos Pardellas

Rita Nieto, en su domicilio. | / Carlos Pardellas

Rita Nieto vive sola. Y con orgullo. Lo hace desde hace cinco años, cuando falleció su marido. Desde entonces, asegura que no ha pensado en mudarse con su hija ni con su nieto. «Yo soy independiente. Mientras me valga por mí misma, quiero vivir sola», afirma.

Rita vive sola porque sus «circunstancias se dieron así», pero tampoco lo ve como mala opción. Reconoce que hay cosas que ya no puede hacer, como alcanzar los estantes altos. Una caída le enseñó la lección, pero se organiza con calma. «Voy más despacito, pero lo hago todo», explica. Para los trámites o gestiones complicadas, recurre a una agencia, algo que antes resolvía su marido. «Eso me ha hecho más fuerte. Antes dependía de él para esas cosas, ahora me las arreglo sola», reflexiona.

Su casa, en la que vive rodeada de recuerdos, es también su refugio. Cada mañana se levanta temprano, prepara el desayuno y enciende la radio o pone algo de música. «Es como una compañía, un otro yo que me habla», explica. Después organiza el día. A veces sale a la compra, otras tiene consulta o actividades en la Cruz Roja, donde participa casi a diario. «Allí tengo amigas, hacemos talleres y charlamos. Eso me da vida», cuenta.

Mercedes Ozores, 46 años

Mercedes Ozores, en su vivienda. |  Iago López

Mercedes Ozores, en su vivienda. | / Iago López

«Una vez sales del nido, ya cuesta volver», explica Mercedes Ozores sobre su situación. Vivir sola fue para ella una consecuencia natural de su propio camino. Se marchó a Madrid para estudiar Turismo y allí empezó una vida independiente que ya no quiso abandonar. A finales de 2021 regresó a A Coruña, su ciudad, y se instaló en su propia casa. «Ni se me pasó por la cabeza volver a casa de mis padres», cuenta con naturalidad.

Desde entonces, Mercedes asegura estar «muy contenta», aunque reconoce que no siempre es fácil. «Soy muy familiar, y, al principio, sobre todo los fines de semana, cuando tienes muchas horas libres, sí que cuesta. A día de hoy todavía hay momentos en los que se nota», confiesa. Mercedes, de 46 años, vive en una casa de propiedad, algo que le da seguridad, pero también cierta presión. «He tenido momentos complicados con el trabajo, y cuando eso pasa, no hay nadie que te pague la hipoteca por ti. En las parejas, si uno tiene un problema, el otro sostiene un poco más. En mi caso, el único sueldo que entra es el mío», explica.

Su día a día transcurre entre su trabajo y las tareas cotidianas. «Como fuera, así que en casa solo desayuno y ceno. No me gusta mucho cocinar», dice entre risas. Su mejor aliada es la Thermomix, y aunque no le entusiasme ponerse el delantal, se organiza bien. «La independencia también pasa por eso, por aprender a apañarte», reflexiona. Sin embargo, admite que hay momentos en los que echa de menos la compañía. «Las comidas en familia se echan mucho de menos. O llegar a casa y tener a alguien con quien comentar cómo te fue el día. Esas pequeñas cosas», explica.

Fran Rey. 25 años

Fran Rey. |  Iago López

Fran Rey. | / Iago López

Vivir solo puede ser una pesadilla o un sueño cumplido, para Fran Rey es lo segundo. Va a cumplir 25 años y, aunque compartir el día a día con sus padres le gusta, confiesa que, desde hace un tiempo ya, todos necesitaban «tener su espacio». En su caso, la transición a una vida independiente se hizo sin prisas y sin los agobios propios de quien tiene que encontrar un alquiler en tiempo récord o quien tiene que echar muchas cuentas para ver cuánto le quedará del salario para vivir tras pagar el piso. Su nuevo hogar es «una casa familiar» en una parroquia de Bergondo, que está muy cerca de la de sus padres por si en algún momento necesita su ayuda. «Me gusta vivir solo, mis hermanos ya no viven en casa y yo, igual que mis hermanos, tampoco», explica Fran, que aunque vive solo, está muy bien acompañado porque tiene «un perro grande, otro pequeño y nueve gatos» a los que tiene que atender y cuidar.

Fran Rey es DJ profesional y descubrió su pasión por la música tras hacer un curso de DJ inclusivo de la asociación cultural Negus y en el que llamó la atención de sus profesores desde el principio. A Rey que, por cierto, tiene síndrome de Down, le gusta «mucho» esta nueva vida de chico independizado, aunque no esconde que tiene que hacer tareas de las que antes no tenía que estar tan pendiente, como recoger la casa, ir al supermercado o cocinar.

«Yo quería vivir solo y mis padres también necesitaban su tiempo y su espacio y ellos también querían que yo tuviese mi casa», resume Rey, que está estrenando esta nueva etapa de su vida tras un viaje que realizó a Alemania a finales del mes pasado con sus compañeros del grupo Freestyle People.

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