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Antía Domínguez, socióloga de la Universidade da Coruña: «Que la gente viva sola se puede relacionar con un mayor individualismo de la población»

La experta señala que esta decisión no solo tiene que ver con el envejecimiento, sino que influyen los cambios en la sociedad

La socióloga Antía Domínguez

La socióloga Antía Domínguez / LOC

A Coruña

Los motivos de que haya más gente viviendo sola no se deben solo al envejecimiento o pérdida, sino también a cambios más profundos en la forma de vivir y relacionarse. «Creo que aquí hay varias cuestiones», explica la socióloga de la Universidade da Coruña (UDC), Antía Domínguez, coautora del libro Soledades. Diversidad y desigualdad (Editorial Catarata). «Una de ellas es el envejecimiento de la población, que cada vez hay más gente mayor que vive sola, principalmente mujeres que se quedan viudas, pero no solo eso. Se está viendo que cada vez hay otras realidades de personas viviendo solas, y esto se puede relacionar con cambios en los modelos familiares y con un cada vez mayor individualismo de la población».

Esa transformación en la estructura social se cruza, paradójicamente, con un contexto económico que no siempre lo facilita. «Esto choca con otra realidad que vemos: las dificultades en la vivienda y la gente que no puede acceder a ella. Entonces, ¿cómo puede ser que haya más gente viviendo sola y al mismo tiempo existan estas dificultades? Precisamente por otra característica de la sociedad actual, que son las brechas económicas y las desigualdades sociales, cada vez más amplias. Esta cuestión, por un lado, permite que haya parte de la población que pueda vivir sola, pero por otro lado hace que haya población que no pueda acceder a una vivienda», resume Domínguez.

El aumento de personas que viven solas se entiende también como consecuencia de un cambio de valores. Ya no pesa la obligación de casarse joven, formar familia o convivir por norma. «Está muy vinculado con el individualismo y los cambios en los modelos familiares», apunta la socióloga. «Ya no existe esta obligación imperante de que nos tengamos que casar o de que la mujer se tenga que quedar en el hogar. La independencia económica permite vivir por cuenta propia, no dependiendo de un hombre. Y los divorcios o las parejas que no conviven también están socialmente aceptados. Antes había un único modelo familiar, ahora ya no».

Otro de los puntos clave del análisis de Domínguez es la diferencia entre vivir solo y sentirse solo. «Muchas veces se relaciona el vivir sola con sentirse sola, con esta soledad no deseada, y esto no tiene por qué ser así. No necesariamente aquella población que vive sola se siente sola, y no necesariamente aquella que se siente sola vive sola», explica. «Puedes estar rodeada de gente y sentirte sola. Por ejemplo, una persona joven que tiene que compartir piso porque no puede permitirse otra cosa puede sentirse sola, aunque viva acompañada. Y al revés: una persona mayor que vive sola puede no sentirse sola porque tiene vida social o participa en actividades comunitarias».

En su investigación, Domínguez y el resto de autores del libro quisieron romper con la idea de que la soledad afecta solo a los mayores. «La soledad no deseada generalmente está más relacionada con la gente mayor, que suelen ser mujeres viudas y que viven solas porque ya tienen una vivienda en propiedad. Pero cada vez se está observando también en otros grupos: población joven, adolescentes, migrantes, personas sin hogar, víctimas de explotación sexual… Muchas veces no los tenemos en el radar», señala.

Por eso, la obra Soledades. Diversidad y desigualdad parte de una mirada colectiva, no individual. «Queríamos abordar la soledad desde distintos puntos de vista y distintos colectivos», explica Domínguez. «Por eso el libro lo escribimos personas de distintas disciplinas —desde la sociología, la psicología, la demografía o la salud pública hasta la arquitectura o la geografía—. La soledad no es una, tiene muchas definiciones y además es desigual: no afecta por igual a toda la población. Siempre hay características que empujan hacia esa soledad no deseada».

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