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María José Neira, vecina de A Coruña con diabetes tipo 1: «Con la nanobomba de insulina siento que tengo un mejor control sobre mi enfermedad»

El Chuac es pionero en España en el uso de ese dispositivo, de solo 20 gramos, sin cables y manejable con una aplicación móvil, y esta paciente coruñesa, una de las primeras en probarlo: «Desde que utilizo la nanobomba de insulina, a veces, me siento no diabética»

María José Neira, coruñesa con diabetes tipo 1, muestra su nanobomba de insulina y la aplicación móvil para su manejo.

María José Neira, coruñesa con diabetes tipo 1, muestra su nanobomba de insulina y la aplicación móvil para su manejo. / Casteleiro

A Coruña

«Ahora tengo un mejor control sobre mi enfermedad», proclama María José Neira Souto, vecina de A Coruña, de 53 años, y diagnosticada de diabetes tipo 1 «a los 26». En el mes de junio, María José se convirtió en una de las primeras pacientes de España en probar la nanobomba de insulina que ha «revolucionado» el control de esa dolencia. Y es que el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), a través de su Servicio de Endocrinología y Nutrición, que lidera Teresa Martínez Ramonde, su «doctora de toda la vida», fue el segundo hospital del país en hacer uso de este dispositivo de última generación —«muy pequeñito» [de solo 20 gramos de peso], que se adhiere al cuerpo «como un parche», sin cables y manejable con una aplicación móvil— que, en la actualidad, utilizan ya una docena de enfermos coruñeses.

Antes de que le confirmasen que sufría esta enfermedad, María José pasó «una temporada larga» con una serie de «síntomas elementales en su diagnóstico» aunque, entonces, «lo desconocía»: «Bebía muchísimo; miccionaba un montón; estaba muy cansada; tenía mucha hambre; comía bastante, pero adelgazaba mucho... Llegó un momento en el que fui al médico de cabecera para consultarle lo que me estaba pasando, me hizo una analítica y salió que tenía el azúcar por encima de 400, que es una barbaridad»

«En mi familia no hay antecedentes de diabetes», apunta María José, quien antes de que le confirmasen que sufría esta enfermedad, pasó «una temporada larga» con una serie de «síntomas elementales en su diagnóstico» aunque, entonces, «lo desconocía». «Bebía muchísimo; miccionaba un montón; estaba muy cansada; tenía mucha hambre; comía bastante, pero adelgazaba mucho... Llegó un momento en el que fui al médico de cabecera para consultarle lo que me estaba pasando, me hizo una analítica y salió que tenía el azúcar por encima de 400, que es una barbaridad. Así que me mandó directa al Chuac, donde me comunicaron que sufro diabetes tipo 1, y estuve tres o cuatro días ingresada», recuerda, antes de compartir cómo recibió el diagnóstico: «Me quedé súper impactada. Había oído hablar de esta enfermedad, pero no tenía ni idea de en qué consistía casi ni conocía los síntomas ni nada».

De la inyección en pluma a las bombas de insulina

A partir de ahí, María José comenzó a inyectarse «dos tipos de insulina, mediante pluma, cuatro veces al día». «Te cambia mucho la vida porque, aparte de tener que pincharte la insulina, a mayores, has de ser muy rigurosa con los alimentos que ingieres; tener hábitos muy precisos con las comidas, en el sentido de hacerlas siempre a la misma hora...», resalta. «Con ese tratamiento estuve hasta los 41 años, cuando me quedé embarazada. Entonces, lo primero que hice fue llamar a la doctora Martínez Ramonde, quien, debido a mis características [paciente con diabetes y «con una gestación de riesgo por edad»], decidió ponerme una bomba de insulina. No la que llevo ahora, sino una anterior. Era completamente distinta a la nanobomba, en el sentido de que ya es un cacharro que no resulta nada discreto. Lleva un tubito, te lo pinchas con una cánula y la bomba te va suministrando la insulina», detalla, antes de considerar que, pese a todo, aquel cambio «supuso ya una mejora tremenda» en su «calidad de vida».

María José asegura que, gracias a la nanobomba de insulina, «a veces», se olvida de su enfermedad: «Me siento no diabética, porque no tengo que irme con las plumas a ningún sitio, ni con la anterior bomba, que era más armatoste. Puedo ir a la playa, sin que nadie note nada; ponerme un escote... Estoy encantada»

«Con todo, la mejora definitiva —prosigue María José— llegó con el uso de la nanobomba que, en mi caso, llevo desde el pasado mes de junio. Para empezar, este dispositivo es mucho más discreto que el anterior. Es como un parche, un poquito más abultado que los sensores de glucosa que muchos pacientes suelen ponerse en el brazo, porque contiene la insulina», indica. «En mi caso, la nanobomba la llevo en el abdomen, porque me resulta más cómodo. La diferencia, ya de entrada, con la bomba anterior es que esta no lleva tubo, sino que la manejas a través de una aplicación móvil. El parche está programado para unos tres días y, pasado ese tiempo, tienes que cambiarlo. Consta de dos elementos: uno es la bomba de insulina en sí, que es lo más pequeñito, y el otro es el propio parche, que nos reponen desde el hospital. De hecho, la propia doctora Martínez Ramonde hace la gestión, y nos los envían a casa», agrega esta vecina de A Coruña, antes de reivindicar otras bondades de una tecnología que, hace hincapié, ha «mejorado muchísimo» su calidad de vida.

Mayor comodidad

«Me siento mucho más cómoda, siento que tengo un mejor control sobre mi diabetes. La nanobomba se maneja a través de una aplicación móvil, donde puedo consultar mis niveles de glucosa en todo momento, lo cual me permite elevar o disminuir el aporte de insulina, en función del caso. Y no solo eso. Desde que uso este dispositivo, mis controles son mejores», subraya María José, quien asegura que, gracias a la nanobomba de insulina, «a veces», se olvida de su enfermedad. «Me siento no diabética, porque no tengo que irme con las plumas a ningún sitio, ni con la anterior bomba, que era más armatoste. Puedo ir a la playa, sin que nadie note nada; ponerme un escote... Estoy encantada», concluye.

En el centro, responsables de Anedia Galicia. Junto a ellas, de izquierda a derecha, Luis Verde, Amparo San José, Teresa Martínez y Alfredo Vidal, este viernes, en el Hospital Universitario (Chuac).

En el centro, responsables de Anedia Galicia. Junto a ellas, de izquierda a derecha, Luis Verde, Amparo San José, Teresa Martínez y Alfredo Vidal, este viernes, en el Hospital Universitario (Chuac). / LOC

La enfermedad en niños y adolescentes, en imágenes, en el Chuac

Con motivo del Día mundial de la diabetes, que se conmemoró este viernes, 14 de noviembre, la Asociación de Nenas, Nenos e Xente Nova con Diabetes de Galicia (Anedia) instaló en el vestíbulo del edificio principal del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) una serie de fotografías que buscan dar visibilidad a la afectación que la diabetes tipo 1 causa en la infancia y la adolescencia. La muestra de Anedia Galicia incide, no obstante, en resaltar que, con los cuidados y precauciones oportunas, los afectados pueden desarrollar una vida normal y practicar los deportes y actividades propias de esas edades.

«La diabetes tipo 1 es más frecuente en los niños y en los jóvenes, por eso también se le llama diabetes infantil o juvenil, y se produce porque hay como una autoagresión del organismo al páncreas; a la parte de este órgano que produce la insulina», explicó la doctora Teresa Martínez Ramonde, jefa del Servicio de Endocrinología y Nutrición del área sanitaria de A Coruña y Cee.

«Se destruye la producción de insulina, que es una hormona fundamental y clave para que la glucosa, que es nuestra fuente de energía más importante, entre en el organismo», de ahí que todos esos pacientes «sean dependientes totalmente» de ella, «desde el primer momento, porque deja de fabricarla su páncreas y se la tienen que poner desde el exterior», añadió la especialista, para resaltar la «importancia de informar y sensibilizar» acerca de los aspectos más relevantes en el control de la enfermedad.

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