El laboratorio de A Coruña que cuida la salud ambiental
El Laboratorio de Medio Ambiente de Galicia analiza miles de muestras cada año para garantizar que el aire que respiramos y el agua que nos rodea cumplan los estándares de calidad con un trabajo silencioso. «Todo está controlado, aunque no lo veamos», asegura su directora

Un científico del Laboratorio de Medio Ambiente de Galicia prepara los patrones para calibrar una máquina. | Carlos Pardellas
En un edificio discreto en A Coruña, lleno de instrumental, tubos de ensayo y máquinas, un grupo de 24 especialistas vela por la salud invisible del territorio gallego. Es el Laboratorio de Medio Ambiente de Galicia, una instalación dependiente de la Consellería de Medio Ambiente que trabaja de forma conjunta con su sede hermana de Pontevedra. Entre ambas, controlan el aire, el agua y el impacto de las actividades industriales sobre el entorno natural. Lo hacen con una precisión milimétrica, en un trabajo que pasa desapercibido, pero que resulta esencial para proteger el equilibrio ambiental de Galicia.

Mariluz Macho, la directora revisa los parámetros obtenidos. | Carlos Pardellas
«Somos dos sedes de un mismo laboratorio», explica Mariluz Macho, su directora. «En A Coruña nos centramos en el análisis químico de contaminantes, y en Pontevedra, en el análisis biológico y el estado ecológico de las aguas». Esa división permite abarcar todo el ciclo de control medioambiental de Galicia-Costa, es decir, «de todos los ríos y masas de agua que desembocan en el Atlántico sin pasar por otras comunidades». Desde el Sil hasta las rías, «desde los embalses hasta las aguas subterráneas, todo lo que fluye en Galicia» pasa, de una forma u otra, por sus laboratorios.
Miles de parámetros
Cada año, el laboratorio coruñés analiza alrededor de 4.000 muestras de agua. Detrás de esa cifra hay un volumen de trabajo de más de 200.000 parámetros revisados anualmente. Cada una de esas muestras puede revelar la presencia de metales pesados, hidrocarburos o compuestos orgánicos. Los resultados se integran directamente en el sistema informático de Augas de Galicia, la entidad responsable de la gestión del agua, sin necesidad de informes en papel. «Así evitamos errores de transcripción y ganamos agilidad», apunta Macho.
El proceso empieza fuera del laboratorio. «Un equipo especializado toma las muestras en ríos, embalses, lagunas, aguas costeras y subterráneas», explica. Luego, los técnicos de A Coruña las analizan con equipos de alta tecnología que permiten detectar contaminantes a niveles casi imperceptibles, incluso en partes por billón. «Eso significa que trabajamos con concentraciones elevadas a menos seis», explica la directora mientras recorre una de las salas donde los operarios preparan los patrones para calibrar los equipos que determinaran lo que contienen las muestras.

Viales de muestras en el laboratorio. | Carlos Pardellas
Las instalaciones, construidas en 1992, se renuevan constantemente. En los últimos años, se han adquirido nuevos sistemas de cromatografía y analizadores específicos para elementos químicos y contaminantes orgánicos, siendo punteras a nivel internacional. Todo se mide con un control riguroso de temperatura y humedad, porque cualquier variación podría alterar los resultados. «Cada vez la legislación europea exige analizar más compuestos y a niveles más bajos», señala Macho. «Por eso la Xunta está haciendo un esfuerzo muy grande en inversión tecnológica para que podamos seguir cumpliendo esas exigencias y, es de agradecer».
El aire también pasa por sus manos. En el laboratorio se analizan los filtros de la red de calidad del aire, que recogen el material particulado suspendido en la atmósfera: polvo, cenizas, micropartículas metálicas o hidrocarburos. «Determinamos tanto la cantidad como la composición de esas partículas», cuenta. «Luego esos datos se integran con los de las estaciones automáticas que funcionan en tiempo real en toda Galicia. Al final todo está controlado, aunque no lo veamos».
Las muestras de lluvia también forman parte de su rutina. En distintos puntos del territorio hay captadores que acumulan la precipitación de todo un mes. «Cuando llegan aquí analizamos el pH, la conductividad, los aniones, cationes y metales pesados», detalla la directora. Es una forma de saber qué arrastra el agua desde la atmósfera hasta el suelo y, en consecuencia, qué tipo de contaminación puede estar afectando a los ecosistemas gallegos.

Una científica del laboratorio de A Coruña . | Carlos Pardellas
El laboratorio colabora también con la inspección ambiental de la Xunta. Cuando se realiza una visita a una empresa para comprobar que cumple su autorización ambiental, los técnicos acompañan al personal inspector, toman muestras y verifican si los datos que la compañía presenta en sus autocontroles coinciden con los resultados oficiales. «Es un trabajo de verificación», explica. «Si hay diferencias, se investiga la causa. Puede ser algo puntual, pero si se detecta incumplimiento, se abre un expediente sancionador».
La labor del laboratorio no busca castigar, sino prevenir y mejorar. Cuando se detecta un valor superior al permitido en el agua o el aire, el objetivo es actuar para corregirlo. «En los casos de incumplimientos del estado químico, no se sanciona, se trabaja para mejorar la calidad ambiental», aclara la directora.
El registro histórico
Uno de los mayores tesoros del Laboratorio de Medio Ambiente de Galicia es su archivo de datos. Desde 2008 se conservan registros periódicos de miles de muestras, lo que permite comparar cómo han cambiado las condiciones ambientales a lo largo del tiempo. Esa información se convierte en oro cuando ocurre un evento extraordinario, como los incendios forestales o las tormentas de arena.
«Si tú sabes y tienes datos de cuáles son los parámetros habituales de una masa de agua y de repente ocurre algo, como la llegada de cenizas con los incendios, puedes comparar y ver el impacto real. Eso fue lo que nos pasó este verano con los incendios, pudimos saber cómo estaban afectando esos restos de cenizas en las aguas gallegas», explica Macho. «Si no tienes esos datos previos, no puedes valorar el daño ni saber cómo corregirlo».

Un científico manipula muestras obtenidas. | Carlos Pardellas
La vigilancia sistemática también permite detectar la presencia de especies invasoras o comprobar que las aguas mantienen su capacidad ecológica para sostener vida. En la sede de Pontevedra, los análisis biológicos determinan la calidad de las aguas en función de los macroinvertebrados, fitoplancton y otros organismos que habitan en ellas. «Saber que las especies que deberían vivir ahí siguen presentes es una forma de confirmar que la salud del ecosistema se mantiene», añade.
Pese a la trascendencia de su trabajo, el laboratorio rara vez es noticia. Sus resultados se integran en informes técnicos que la ciudadanía puede consultar en las páginas web de MeteoGalicia o Augas de Galicia, dentro del Plan Hidrológico. «Lo importante es que la gente sepa que esto se controla», subraya la directora. «Hay una vigilancia permanente sobre el medio ambiente, sobre el agua, sobre el aire. Que sepan que hay un equipo trabajando para garantizar que Galicia respira y bebe limpio», explica la química que considera que la labor que hacen en el laboratorio es «fundamental a todos los niveles».
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