Purificación Ramos, medio siglo de servicio a la ciudadanía en A Coruña: «Si te gusta tu trabajo, ¿por qué te vas a ir?»
Purificación Ramos acaba de jubilarse después de cinco décadas en la Administración, plazo que quiso cumplir tras haber ingresado con solo 18 años. Durante ese largo periodo trabajó en diferentes organismos y tuvo que vivir experiencias como las catástrofes de los buques ‘Cason’, ‘Mar Egeo’ y ‘Prestige’

Purificación Ramos López, en la plaza de Lugo de A Coruña. / Carlos Pardellas
Empezó a trabajar en la Delegación Provincial del Ministerio de Agricultura en Lugo en 1975 con tan solo 18 años y acaba de jubilarse, cincuenta años después y por voluntad propia, en la Capitanía Marítima de A Coruña. Tan dilatada carrera profesional en la Administración de Purificación Ramos López ha sido premiada por el Gobierno con la concesión de la cruz de oficial de la Orden del Mérito Civil, cuyo diploma le fue entregado el pasado día 11 en una comida que le ofrecieron sus hasta ahora compañeros.
«Si te gusta tu trabajo y estás contenta con la gente con la que trabajas, ¿por qué te vas a ir?», contesta cuando se le pregunta por qué ha prolongado su vida laboral más allá del tiempo necesario, que ella decidió prolongar hasta cumplir medio siglo como funcionaria el pasado 2 de junio, aunque su jubilación efectiva se produjo en septiembre.
«Tengo mil cosas que hacer y me gustan muchas cosas, por lo que no era por decir ‘si lo dejo ¿qué hago?’. Yo creo que eso es más de cosa de hombres que de mujeres. Las mujeres nos organizamos más para hacer muchas cosas», afirma sobre lo que será su vida a partir de este momento.
Asegura que «siempre» tuvo claro que quería trabajar de funcionaria. «No me planteé otra cosa. Solo trabajé en la Administración y nunca me planteé marcharme», señala Puri, como la conocen todos sus amigos y compañeros. Aprobó a la primera la oposición de auxiliar administrativo a la que se presentó, para la que solo había diez plazas para toda Galicia, siendo aún una adolescente y quince días después ya estaba trabajando en Lugo.
Pese a los grandes cambios que se han producido en todos los órdenes, opina que «la Administración está para servir a los ciudadanos, con lo que antes y ahora se hace lo mismo. Yo nunca estuve en un sitio de esos de vuelva usted mañana, siempre atendíamos a la gente». Ramos arremete contra «la mala fama de los funcionarios», ya que considera que los funcionarios que no cumplen su cometido de forma adecuada son solo «uno de cada treinta o cuarenta, pero eso lo hay en todos lados».
En cuanto a la forma de trabajar, destaca que «antes hacía falta mucha más gente en teoría, porque era todo manual y, en cambio, es al revés, ya que antes había menos gente en la Administración», lo que explica con el argumento de que ahora se ofrecen muchos más servicios a la ciudadanía.
Puri Ramos pasó cuatro años en Lugo «intentando venir para aquí desde el primer día» y cuando finalmente lo consiguió ingresó en la Delegación de Sanidad, situada en la calle Gregorio Hernández, donde permaneció hasta 1985, momento en que con la transferencia de esta competencia a la Xunta, pasó a la oficina de Sanidad Exterior en la avenida de la Marina por se deseo de continuar en la Administración central. Posteriormente estuvo en las oficinas de la calle Durán Loriga y en 1986 decidió trasladarse a Madrid para intentar estar más cerca de su marido, cuya actividad laboral le hacía pasar largos periodos en la capital.
Pero la apuesta salió mal. «No lo vi en todo el año», comenta sobre la intensa agenda que tuvo su cónyuge en aquel momento, lo que la llevó a regresar a A Coruña, a pesar del buen ambiente que se encontró en Madrid, donde trabajó en Muface, que dependía de Presidencia. A su vuelta se incorporó al Gobierno Civil, etapa que recuerda como «de mucho trabajo porque un gobernador civil lo era todo, pasaba todo por allí porque las comunidades autónomas tenían unas competencias muy limitadas todavía».
Andrés Moreno Aguilar fue el primer gobernador con quien trabajó Puri, aunque solo durante unos meses, durante los que vivió el siniestro del Cason en Cee. «Toda la preocupación era ¿por qué se tiraron al mar todos los tripulantes del barco? Era una incógnita total. Se empieza a ver el libro de a bordo y había dos días o tres días en blanco», recuerda sobre aquel naufragio, en el que el sodio que se transportaba en la bodega explotó con el agua del mar.
Moreno decidió irse a Corcubión, «pero los teléfonos se colapsaron y no había forma de ponerse en contacto con nadie», por lo que se produjo una descoordinación que Ramos califica de «desastre total» y que llevó a la evacuación de la población más cercana al barco. «Fue la única noche que me he pasado en el despacho sin moverme esperando a ver qué pasa, sin saber qué hacer porque las decisiones se tomaban en un sitio donde no se podían comunicar», apunta.
Al poco tiempo fue nombrado gobernador civil Ramón Berra, con quien destaca que tuvo «una relación fantástica», aunque lamenta que falleciera de forma repentina durante su mandato. Para sustituirle fue designada Pilar Lledó, quien hubo de enfrentarse a la crisis por el naufragio del Mar Egeo. «Todo lo que se hizo mal con el Cason, se hizo bien con el Mar Egeo», afirma. «Desde el primer momento, toda la gente estaba reunida allí diciendo lo que se podía hacer y Pilar dirigiendo todo, sin importarle que la llamaran de Madrid», destaca.
«He visto a Paco Vázquez salir blanco de la sala de juntas del Gobierno civil porque le dijeron que si cambiaba el viento había que evacuar la ciudad y decía que era imposible». Asegura que en aquella crisis «había gente muy experta en administrar, como Manolo Nogueira, el jefe del Centro de Salvamento de Fisterra y era de los que tenían las cosas muy claras».
Pilar Lledó fue nombrada luego delegada del Gobierno en Madrid y al reincorporarse de una baja Puri opta por aprovechar su experiencia profesional para pedir el traslado a la Capitanía Marítima de A Coruña, donde fue una de las primeras personas en trabajar en la Torre de Control del dique de abrigo, lugar en el que permaneció hasta su jubilación pero donde tuvo que vivir otra catástrofe en el mar, la del petrolero Prestige.
«Estábamos en Madrid en un curso y Paco Alonso estaba con nosotros, por eso no subió al barco, porque es de los que hubieran ido, y al final el único que se atrevió a subir fue Serafín Díaz», rememora. Se muestra convencida de que situaciones de este tipo reflejan la valía de quienes están al frente de ellas y señala que tiene que ser «una persona que tenga carácter y que sepa, porque empiezas a tener presiones de todos los sitios, uno te dice, otro te cuenta… y no todo el mundo reacciona bien».
Al comparar la gestión del Mar Egeo y el Prestige, asegura que en el primer caso «nunca hubo ni una duda, todo el mundo tenía claro lo que había que hacer», mientras con que el segundo «unos decían una cosa, otros decían otra, ahora vamos para aquí, ahora vamos para allá. Ese es el error, porque en una decisión te puedes equivocar, pero es importante que el que esté al frente mande».
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