Celia Pérez Sousa, neuróloga del Chuac de A Coruña: «Esperamos los nuevos fármacos que lentifican el alzhéimer para 2026»
“Es el momento de poner en marcha unidades multidisciplinares donde, en cada fase de la enfermedad, se protocolice qué corresponde hacer y qué profesionales deben atender a los pacientes”, resalta la especialista, al frente del Comité Científico del Congreso Nacional '30º aniversario de Afaco', que se celebra este jueves y viernes en la ciudad

La neuróloga Celia Pérez Sousa, en el Chuac. / Carlos Pardellas
“Con ilusión y emoción” afronta Celia Pérez Sousa, neuróloga del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y presidenta del Comité Científico del Congreso Nacional '30º aniversario de Afaco' (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer y otras demencias afines de A Coruña) este encuentro, que tendrá lugar, este jueves y viernes, en el Paraninfo de la Universidade da Coruña.
Una cita que cuenta con “un programa muy completo”, reivindica la doctora Pérez Sousa, con expertos en el estudio de las demencias y su abordaje, “referentes tanto en Galicia, como en el conjunto de España”, como Ángel Carracedo, genetista, catedrático de Medicina Legal y director de la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica; Javier Yanguas, gerontólogo y psicólogo, director científico del Programa de Mayores de la Fundación ‘‘la Caixa’’ y referente nacional en soledad no deseada y envejecimiento activo; o Raquel Sánchez-Valle, neuróloga del Hospital Clínico de Barcelona y especialista en investigación clínica y nuevos tratamientos farmacológicos para el alzhéimer, entre otros.
El Congreso Nacional '30º aniversario de Afaco' llega en “un momento muy esperanzador”, tras haber sido aprobados por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) dos nuevos tratamientos -Lecanemab (comercializado como Leqembi) y Donanemab (Kisunla)- que han demostrado eficacia en lentificar el avance del alzhéimer en fases tempranas.
“Lo que ha aprobado la EMA son dos anticuerpos monoclonales. Dos fármacos especiales, porque lo que hacen es eliminar la proteína beta amiloide, que se encuentra en el cerebro y daña las neuronas, desencadenando todo el proceso que conduce a su muerte, que es lo que ocurre en la enfermedad de Alzheimer. Esos dos anticuerpos, autorizados ya por Europa, están en negociaciones en el Ministerio de Sanidad en cuanto a precio, y los esperamos para 2026”, apunta la doctora Pérez Sousa, quien estima que, “más hacia finales del próximo año, podrían estar prescribiéndose como otros medicamentos en los hospitales”.
“El reto al que nos enfrentamos es que el alzhéimer es una patología muy prevalente. Hay muchos casos y, por tanto, van a surgir muchos pacientes candidatos a estos tratamientos, cuya administración no es fácil, puesto que no se trata de pastillas, sino de fármacos intravenosos. Por eso es obligada su administración en hospitales de día”, indica la neuróloga del Chuac
“El reto al que nos enfrentamos es que el alzhéimer es una patología muy prevalente. Hay muchos casos y, por tanto, van a surgir muchos pacientes candidatos a estos tratamientos, cuya administración no es fácil, puesto que no se trata de pastillas, sino de fármacos intravenosos. Por eso es obligada su administración en hospitales de día”, indica la neuróloga del Chuac.
Resonancias cerebrales periódicas
“Además, estos tratamientos plantean una serie de eventuales efectos secundarios. La manida seguridad”, añade la doctora Pérez Sousa, quien detalla “en un principio, la EMA consideró que el beneficio frente a los riesgos estaba desequilibrado”, de ahí que “tardase
en aprobar el primero de estos dos medicamentos, el Lecanemab”. “Esa seguridad se refiere a los efectos adversos que pueden causar, que son inflamaciones cerebrales o hemorragias. Esto significa que hay que estar muy pendientes de los pacientes a los que se les administren. No es ponerles el tratamiento, y ya está. Va a haber que planificar una serie de resonancias cerebrales periódicas para intentar adelantarnos a esos efectos que podrían aparecer”, anticipa.
“En la mayoría de los pacientes -prosigue la especialista del Chuac-, esos posibles efectos adversos no van a aparecer y, cuando es así, en ocasiones, no tienen consecuencias. Pero es verdad que un pequeño porcentaje de personas sí pueden tener un efecto secundario grave. Con esas resonancias cerebrales periódicas, nos iremos anticipando, y se irán tomando las medidas adecuadas para proteger a los pacientes”, subraya la neuróloga del complejo hospitalario coruñés.
“Todo esto hace que una enfermedad que, hasta ahora, manejábamos en consulta, con unas citas periódicas anuales, va a necesitar una mayor dedicación: más profesionales, mayor número de pruebas…”, avanza la doctora Pérez Sousa, quien hace hincapié en que, “de alguna manera, los hospitales” tendrán que “afrontar un cambio en los protocolos” y “en el manejo de estos pacientes seleccionados” que, estima, “en el fondo no van a ser muchos, pero tampoco pocos”. “El Chuac es el hospital de referencia de un área sanitaria de casi 600.000 habitantes, con lo cual se prevé una cantidad de pacientes candidatos a recibir estos nuevos medicamentos que, inevitablemente, nos obligará a cambiar nuestra manera de trabajar”, reitera.
Diagnóstico bioquímico y valoración clínica
Un nuevo escenario que, apunta la doctora Pérez Sousa, requiere, también, un muy buen cribado de los pacientes. “En este momento, el diagnóstico del alzhéimer ya no es solo clínico, sino que debemos tener un correlato biológico, es decir, una certeza de que realmente el deterioro cognitivo que sufren los pacientes se debe al depósito de proteína beta amiloide en el cerebro. Existen una serie de biomarcadores, desde hace años, que se obtienen estudiando el líquido cefalorraquídeo con una punción lumbar además de otras pruebas, como el PET de amiloide, que es de difícil de acceso, y en la mayoría de los hospitales no la tenemos disponible. Ahora, una de las grandes novedades es la posibilidad de hacer ese diagnóstico bioquímico de alzhéimer a través de un análisis de sangre. Estudiamos una proteína muy concreta, pTau217, y si está elevada, significa que en el cerebro están formándose esos depósitos, esas placas de amiloide y que, por tanto, ese deterioro sí parece estar ocasionado por la enfermedad de Alzhéimer”, expone la neuróloga del Chuac, quien incide, no obstante, en que “siempre se requiere una valoración clínica”.
“No vale el análisis por separado. El diagnóstico de alzhéimer siempre necesita de un profesional con experiencia, a poder ser en el campo de la neurología cognitiva y las demencias, que haga una valoración adecuada de los síntomas de los pacientes. Pero, a día de hoy, ya nos basamos en estos biomarcadores. Sobre todo, en los pacientes con síntomas iniciales, en cuyo caso, a veces, puede haber más dudas”, hace hincapié.
"Certeza biológica" y biomarcadores
“Además, los nuevos tratamientos, con todos esos requisitos de complejidad de administración y su coste, no se van a poder dar empíricamente. Tenemos que tener una certeza biológica. Los pacientes se han de seleccionar a través de los biomarcadores, y han de estar en fases precoces de la enfermedad para poder recibirlos”, destaca la doctora Pérez Sousa, quien, aunque admite que el momento actual es “muy esperanzador” para la enfermedad de Alzhéimer, insiste en llamar la atención sobre el hecho de que “estos nuevos fármacos van dirigidos únicamente a las fases iniciales” de esa dolencia.
“Hay pacientes y familias afectadas por el alzhéimer que llevan años esperando que haya algo para ellos. Y, todas estas personas, que ahora escuchan hablar de estos avances, se van a sentir frustradas, decepcionadas, porque esto no es para ellos. Por eso me gustaría que, este momento de esperanza en el que cambiamos el enfoque de la enfermedad de Alzheimer, termine redundando en un beneficio para todas las personas que padecen la enfermedad”, reivindica
“Hay pacientes y familias afectadas por el alzhéimer que llevan años esperando que haya algo para ellos. Y, todas estas personas, que ahora escuchan hablar de estos avances, se van a sentir (porque ya nos lo han comentado en consulta) frustradas, decepcionadas, porque esto no es para ellos. Por eso me gustaría que, este momento de esperanza en el que cambiamos el enfoque de la enfermedad de Alzheimer -en que nos vamos a ir anticipando, haciendo un diagnóstico precoz y administrando esos nuevos medicamentos que van a lentificar la evolución y a conseguir (o al menos eso es lo que esperamos) que los pacientes permanezcan más tiempos en fases leves-, termine redundando en un beneficio para todas las personas que padecen la enfermedad”, reivindica, antes de considerar que “es el momento de poner en marcha unidades multidisciplinares donde, en cada fase de la enfermedad”, se protocolice “qué corresponde hacer y qué profesionales deben atender a los pacientes”.
Enfermedad avanzada y otras demencias
“Es verdad que, en la enfermedad avanzada, las medidas que tenemos que poner son paliativas. No en el sentido de final de la vida, pero sí medidas sintomáticas, destinadas al confort de los pacientes y de sus cuidadores. Son acciones que competen a Atención Primaria, no solo los médicos, también enfermería comunitaria, nutricionistas, trabajadores sociales o a los centros de día, y no a un especialista en Neurología. Nosotros eso lo tenemos claro, pero también se lo debemos transmitir a la población. Hacerles ver que, en muchas ocasiones, el neurólogo ya no puede hacer nada por un paciente, pero sí hay todavía cosas que se pueden ofrecer, desde otros niveles asistenciales o desde el ámbito sociosanitario”, agrega la doctora Pérez Sousa, quien llama la atención, asimismo, sobre la necesidad de tener muy en cuenta, igualmente, a las “personas que no tienen enfermedad de Alzheimer, sino otras demencias”, también “muy graves y difíciles”.
“El alzhéimer está ahí, es lo más visible y lo más prevalente, pero hay otros tipos de demencias, como las frontotemporales, o la demencia con cuerpos de Lewy, cuyos afectados (pacientes y cuidadores), requieren que el sistema no les dé de lado y recibir la atención que merecen”, finaliza.
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