Entrevista | Francisco Suniaga Escritor venezolano, presenta la novela 'El Pacificador'
Francisco Suniaga: "Pedir perdón por la conquista de América es una estupidez"
"Escribí la historia de Pablo Morillo con la idea de intentar comprender hoy a españoles y americanos"

Francisco Suniaga, en los jardines de Méndez Núñez de A Coruña / Carlos Pardellas
La sala de actos de Afundación, en la calle de la Estrella, acoge este miércoles a las 19.30 horas la presentación de la novela El Pacificador, del escritor venezolano Francisco Suniaga, quien aborda la misión en América del general español Pablo Morillo para intentar sofocar la rebelión independentista en el siglo XIX.
¿Por qué decidió abordar la historia de Morillo en una novela?
Es un personaje histórico importante en Venezuela y también en España. Fue un general a quien España envía a lo que ahora es Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, lo que para la corona española era Tierra Firme, un territorio en el que España cabe cinco veces. Con una naturaleza fascinante y exuberante, pero brutal. Y esa naturaleza es habitada por hombres muy duros y primitivos como guerreros, ya que la caballería venezolana era de hombres a caballo con unas lanzas que ellos mismos hacían. Ahí envían a Pablo Morillo con 10.500 soldados en ese territorio es como un barco de papel en el océano.
Muchos de esos hombres no habrían estado en América nunca.
No, comenzando por Morillo. No tenían ni idea de lo difícil que es meterse geográficamente a la América Española en la cabeza, ya que comenzaba en el norte, mucho más arriba que ahora, y seguía ininterrumpidamente hasta el sur. Por eso una misión con 10.500 hombres parecía grande, pero realmente era pequeña.
¿Qué opinión tenía cuando le destinan a América?
Era un soldado profesional que vivía en Ferrol y estaba muy vinculado a Galicia, ya que se casó con una gallega y ganó dos batallas en la Guerra de Independencia. En seis años pasó de sargento a general por su capacidad en el campo de batalla. Era el militar con mayor prestigio que tenía España en 1814 y emprende su misión en América el 15 de abril de 1815. Se caracterizó por su lealtad a la Corona aunque a conciencia supiera que no tenía razón. Cuando partió de España los liberales trataron de persuadirle de que no lo hiciera y, a pesar de que estaba en una posición más fácil que Rafael del Riego, rechazó esta idea porque decía que debía cumplir su juramento con la Corona. Sus órdenes eran usar la violencia sólo en situaciones extremas y pacificar el territorio de Tierra Firme.
¿Qué situación había a la llegada de Morillo?
Comenzó por la isla de Margarita, en Venezuela, que era profundamente antimonárquica y partidaria de la independencia desde el comienzo del proceso independentista en 1808 con la invasión de España por Napoleón y la formación de Juntas de Defensa de los Derechos de Fernando VII que evolucionaron hacia juntas patrióticas. En Venezuela la mayoría de la gente era partidaria de mantenerse en el Imperio Español. Para ellos el enemigo no era el rey, era el hacendado blanco que tenía esclavos, capataces, dinero y poder. Ese era el adversario del negro, del indígena, del mestizo, que era el 60% de la población. Venezuela se parte en dos con la licha por la independencia y se va a generar una guerra civil muy sangrienta y destructiva que supuso la muerte de un tercio de la población porque había un factor social, económico y racial en la confrontación. Un decreto de Simón Bolívar declaró la guerra a muerte, en la que se destruía la propiedad y Venezuela quedó destruida. No se recuperó sino cuando llegó el petróleo un siglo después.
¿Qué opina Morillo cuando se encuentra esa destrucción?
Logra que la rebelión independentista se acoja a una amnistía y le perdona la vida a todo el mundo y es un triunfo, porque de Margarita se va a Caracas y es recibido con júbilo. Se da cuenta de que allí la mayoría de la gente es partidaria del rey y cree que la misión es posible. Entonces se va a Cartagena de Indias y ahí es donde empieza a ver al diablo, porque en el sitio de esa ciudad va a perder a 3.000 soldados por la malaria y la picadura de serpientes, porque está rodeando una ciudad que rodeada de ciénagas y una naturaleza muy hostil. Pero producto del hambre por el sitio, Cartagena pierde la mitad de su población. Cuando está en su peor momento, le llega la noticia de que a la guarnición que había dejado en Margarita la habían pasado a cuchillo. Se siente traicionado y se convierte en un monstruo, como los monstruos que vino a combatir. Se hace violento, vengativo e implacable, que es el Morillo que recuerdan en Colombia.
¿Pasó a la historia como un monstruo para los independentistas americanos?
No, salvo en Colombia, porque después cuando vuelve a Venezuela libra la guerra en términos muy convencionales y termina firmando el armisticio y un tratado de regularización en 1820 que es la base de la reconciliación de España con Venezuela y con sus colonias en América después de finalizada la guerra. En ese contexto él, que se había convertido en un monstruo, y Simón Bolívar, que también era un monstruo, se encuentran y comen juntos en un banquete en el que celebran la firma del armisticio, duermen en la misma casa y se dan cuenta que son hombres corrientes. Hay unas cartas que se intercambian cuando ya Morillo ha regresado a España que son muy humanas y cálidas, demostrando que era posible comprenderse y que la guerra había sido un sinsentido que había atrapado a todos.
¿Llegó a comprender las razones de los independentistas?
Plenamente, y a considerar lo erróneo que pudo haber sido la política de España hacia ellos.
¿La historia de Morillo puede ayudar a comprender mejor hoy a españoles y americanos?
Esa fue la idea con la que escribí la novela. En España hay un proceso de polarización política que me parece muy peligroso. Yo creo que hay que hacer lo que dijo Felipe González en el discurso cuando le concedieron el Toisón de Oro, lo de acordar y construir, porque qué sentido tiene la destrucción por la destrucción, eso no le resuelve el problema a nadie.
¿Qué le parece la exigencia del Gobierno mexicano de que España pida perdón por la conquista?
Concuerdo con el historiador mexicano Luis Miguel Zunzunegui. Esa es una estupidez. Cuando los españoles llegan a Venezuela se encuentran unos indígenas que viven en el Paleolítico, no eran los patriotas venezolanos que decía Hugo Chávez, ya que no tenían la noción de territorio. Cualquier venezolano o mexicano, si se toma una foto con su familia se dará cuenta de que es un mestizaje producto de lo que España hizo, y de que fue bueno, ya que en Venezuela el 90% de los pueblos que existen actualmente fueron fundados por los españoles 300 años antes de la independencia.
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